COSIDOS A PUÑALADAS
La
expresión aplica al sumatorio de agresiones a los venezolanos, con bloqueos dictatoriales
continuados a los derechos a la salud y a la nutrición, a la ayuda humanitaria de organizaciones y
países que se apiadan de la agonía colectiva;
por torturas y secuestros a periodistas que denuncian atropellos, a lesiones en
cárceles, persecuciones policiales y militares; en acosos a personas que manifiesten inconformidad con el régimen por la supresión de libertades, y por los arrebatones de la legalidad para usurpar el
poder.
Identificado como están ya los verdugos de la población,
mediante vetos desde distintas partes del mundo, por derramar tal odio y saña
sobre el país entero, por más de dieciocho años; ahora mismo ellos evaden
delitos, apoyados en su fraude de asamblea nacional constituyente “AN”, para desviar los castigos hacia cualesquier
ciudadano, excepto a los que causan las verdaderas desgracias desde las filas
oficialistas. El régimen insulta a la inteligencia representada en la opinión
pública internacional, con un esperpento
de “Ley Constitucional Contra El Odio, por la Convivencia Pacífica y la
Tolerancia”, que prevé pena de 10 a 20
años a quien fomente, promueva o incite al odio, la discriminación o la
violencia, aunque se fundamenten en pruebas forjadas o en complacencias
judiciales.
La trama montada por el régimen constituye un arriesgado
desprecio a la historia del “Preso N° 9”, quien fue llevado al paredón por haber
respondido con desespero a la traición de que fue víctima. La canción del
mexicano Roberto Cantoral, sigue en versión de 1960 de la estadounidense Joan Báez.
De tanta miseria
no hay quien logre escaparse, ni en grupo ni individualmente. Así, también resultaría desesperado el caso de los trabajadores, los
cuales están abrumados con tareas extras de todo tipo para poder
sobrevivir, y aumentar ingresos para la manutención de hijos y demás
familiares, debido a salarios que apenas entran, rápidamente se esfuman de sus
bolsillos, que parecieran descosidos por el peso de muchas monedas, pero de muy
escaso valor a las pocos minutos.
En los archivos periodísticos se guardan registros sobre el
aumento del salario mínimo desde 1999. A
partir del 07 de julio del 2000, el Ejecutivo nacional decretó de forma
unilateral 34 aumentos del salario mínimo (21 por Hugo Chávez y 13 por Nicolás
Maduro)”. Solo en 2017, se acumulan cinco aumentos, y el de principios de
noviembre significa un 30% adicional en el salario mínimo, y el sueldo llega
a 177.507 bolívares, más una serie de bonos sin incidencia en prestaciones
sociales.
Pero, en 2017 la inflación sobrepasará la astronómica cifra
del 1000 %, de acuerdo con actualizados estudios. En la práctica, para fines de
año, treinta unidades de huevos de gallina podrían llevarse la mitad del
ingreso mensual de un trabajador, si antes no desaparecen totalmente por
traslados a mercados fronterizos de mayor rentabilidad. Hace 8 meses, el mismo
cartón se vendía en Bs.F 9 mil, una séptima parte del monto de ahora.
“La vida no vale nada” …Si al final por el abuso se decide la
jornada…es una apropiada estrofa escrita por Pablo Milanés para recordar denuncias
de vergüenzas frecuentes, las cuales
serían desapercibidas cuando se vive una comodidad indolente. Aquí lo repite la
voz de la gran Soledad Bravo.
La crisis se infla como globo a punto de estallar entre
jóvenes y adultos mayores que componen el segmento de mano de obra sin
calificación específica, el cual en otra época se auxiliaba con la oferta de plazas para oficios de limpieza,
mantenimiento, de aprendices y demás labores leves exigencias de escuela o
experiencia. Sin embargo, el desempleo se hace corriente entre la gente más
necesitada, debido a fuerte disminución de tales posiciones que aumentarían las
partidas de remuneraciones a niveles extraordinarios, cada vez que se ordena un
aumento sin consentimiento de los empleadores, y
el rechazo de dirigentes sindicales
Por otra parte, la reducción de empleos afecta de igual forma
a los trabajadores no esenciales, incluso con estudios técnicos y
universitarios, por el fenómeno de la desaparición de empresas que son
privatizadas y luego se extinguen bajo control gubernamental, o la mayoría que
perece por regulaciones de bienes y servicios, sucesivas fiscalizaciones, y
trabas para la competencia comercial con márgenes de rentabilidad razonables. En
consecuencia, los empleados que logran mantener un pie dentro de las compañías
privadas se ven obligados a asumir responsabilidades de los despedidos, con igual sueldo al que tenían con menos
atribuciones; y a agradecer que se les
mantengan en nómina por tiempo mayor.
Venezuela se ha convertido en territorio del éxodo de
calificados profesionales, técnicos y obreros de distintas ramas del saber, que
abarrotan consulados para intentar subsistir en otros destinos en los que puedan aterrizar, o terminen cansados tras
muchos días de viajes terrestres en buses.
La estampa de “cosidos a puñaladas” que sobreviven a las
medidas oficiales de exterminio progresivo, se confunden dolorosamente con las
de víctimas de la delincuencia, la cual engorda en forma directa por falta de
ocupación y de medios lícitos de subsistencia. ¡Todo se acaba tarde o temprano!
¡Todo tiene un fin!

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