"TRUMPETADAS", por Josué D. Fernández
Sin entrar a considerar sus
fundamentos, válidos o no, las huellas predominantes del nuevo presidente de
los Estados Unidos están delineadas por polémicas, rencillas, pendencias,
quimeras, y cualquier otro nombre que sugiera confrontación hacia adentro o
afuera, en el territorio ahora bajo su mandato ejecutivo. Quizás por falta de suficiente
potencia inercial, el arranque ya visto se vendría sosteniendo a fuerza de
simples golpes de trompeta de advertencia, o “trumpetadas” para hacerle honor
al personaje de actualidad con un apropiado neologismo hispano.
En el mejor de los casos, estas trumpetadas carecerían de gran novedad y
peligro, al repasar lo escrito hasta el aburrimiento acerca del perro que ladra
y no muerde; aunque a su vez podría ser causa de alarma al pensar al contrario
en lamentos frescos y antiguos de quienes se recrearon con optimismo en aquel
proverbio, y desestimaron precauciones
por creerse vacunados de rabias irracionales. Pero, en cada continente, en paralelo
existe la anécdota inversa del rio que suena y piedras trae.
Sin embargo, un antídoto sólido
se hallaría en efecto en naciones libres y democráticas como Estados Unidos por
sus contrapesos para frenar arbitrariedades, a diferencia de regímenes
personalistas y dictatoriales que anulan a otros poderes públicos como en la
Venezuela de hoy. Una referencia histórica encadenada a nuestra tragedia
inmediata relata el antiguo precedente del término “pendenciero”, el cual
aplica para camorreros y usurpadores. Se
trata de la vida de Enrique II, duque de Baviera, quien pretendió a la fuerza
el reino de Alemania en varias ocasiones, secuestró niños, fue despojado de su
propio ducado en rebelión que perdió junto con el mando sobre Austria, todo en
gordo expediente de sucesivas conspiraciones a finales del siglo X.
Por allá y por acá en esta
“tierra de gracia” así bautizada por Cristóbal Colón al reportar su
descubrimiento, sobran ejemplos de cómo suelen agravarse los síntomas de
pendencieros declarados, a través de sus sostenidos insultos, y provocaciones
de conflictos. “Siempre está buscando pelea en lugar de acuerdos”, acotan en la
página web definición.de. Para forzar aterrizajes de los más confiados,
a la vez añade que “los pendencieros pueden atacar a otras personas por tener
la camiseta de un equipo de fútbol que no es el propio, por escuchar algún tipo
de música que no es de su agrado o por evidenciar una ideología que no comparte”.
Apegado a lo sabido o a
eventualidades peores, parecería razonable tener en cuenta que alguien con
impulso por los actos violentos es muy probable que padezca algún tipo de
trastorno antisocial de la conducta y, concretamente, una psicopatía. Las
personas con ese perfil padecen un problema psicológico y suponen un peligro
para sí mismos y para la sociedad. No significa que todos los pendencieros
tengan trastorno de conducta, a pesar de
lo frecuente de actitudes violentas características de alguna patología, según
anotan en el espacio digital http://www.definicionabc.com. Relacionados directamente con la
pendencia se agregarían rasgos
adicionales de personalidad tales como irritabilidad, inestabilidad emocional, ausencia de
sentimientos de remordimiento o de culpa.
Para cerrar entre definiciones,
finalmente vale mención destacada el origen etimológico del término pendenciero
que deriva del latín, concretamente del verbo “pendens, pendentis”, que viene a
indicar que algo o alguien “está colgado” o “se encuentra suspendido”. Cuánto
tiempo duraría el suspenso es lo que causa mayor angustia, en particular por lo
que toca al vecindario venezolano donde pasa de dieciocho años.

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