GORJEO DE GUACHARACA
Entre las secuencias
invariables de la naturaleza se hallan los gorjeos de aves al amanecer, después de la muy temprana
largada por cuenta de los gallos. La secuencia avisa que la mañana no llegará
de repente, menos si esa noche acumula 20 años de oscura dictadura. Aun así hay
muchos venezolanos que ahora esperan impacientes la claridad de la aurora, sin
querer percatarse de que, casi siempre, la mañana no llega sin antes escuchar a
las escandalosas guacharacas.
La noche espesa
seguiría invencible por una rato más, mientras agotan su fuerza los batallones
demoníacos, ya descalificados para la redención con eventuales amnistías.
Mientras les dure, ellos mantendrán
extendido el negro telón de la represión. Esas mañas, sin embargo, no serán
suficiente para tapar los rayos de sol que pujan por mostrar la luz del día,
desde hace semanas.
Difícilmente alguien se quedará despierto cuando las
guacharacas estén convencidas de certificar la llegada plena de la madrugada
esperada, en rol de excepción de trompetas accidentales para anunciar la dilución
de la penumbra de la tiranía. No obstante, por las cornetas de los carros, los
pitos, la algarabía popular y los fuegos artificiales quizás sea necesario para
la Venezuela de sueño prolongado, el subirle el volumen a la voz de
"Levántate campesina", según el legado de Mario Suárez, Juan Vicente
Torrealba y "Los torrealberos".
Cualquiera que sea el momento oportuno de los gorjeos de las guacharacas, lo ciertamente definitivo será, como dice el refrán que "No por mucho madrugar, amanecerá más temprano". Típico de las cosas que derivan de un proceso, y resultan incompatibles con aceleraciones a capricho.

"El
despertar" se desborda. Pocos quedan que no estén sintiendo la proximidad
del amanecer. Los detalles los esbozó de cierta manera Felipe Pírela, en el tema musical de seguida,
el cual cierra el segmento de "Saldos" de hoy. ¡Hasta el sábado que viene! ...





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