No es lo que crees, por Josué D. Fernández (*)
Casi
nunca es fácil convencer a otros de las equivocaciones que registran sus ojos,
en especial si ellas remiten a situaciones que se percibirían como
comprometidas de alguna manera para las partes en la escena. Las obras del “Op-art”
de mediados del siglo pasado, en particular las firmadas por el considerado
padre de la modalidad, Víctor Vasarely, serían unas de las evidencias
preferidas para demostrar que el sentido de la vista es imperfecto, y podría hacer
malas jugadas aun con evaluación óptica certificada de 20/20.
La
dirección hacia el foso, o totalmente opuesta hacia la cima, casi al mismo
instante, es uno de los temas populares del Op, con los que la gente se ha
acostumbramos a vivir. Ha llegado incluso,
a usarlos como prisma para calibrar situaciones cotidianas, en el sentido de
que todo cambiará con poco esfuerzo. Por ejemplo, es el día a día de los
desengaños sumados en la Venezuela que apenas subsiste bajo secuestro de un
régimen, del que existen registros públicos de haber prolongado su permanencia
con base en fraudes electorales, dominio militar, represión de manifestaciones cívicas,
persecución de disidentes, de la prensa libre, chantajes para el acceso a
alimentos, subsidios, y acceso controlado a derechos humanos de dosificación
oficial por fuerza y decretos judiciales.
Favorecido
por la debilidad provocada y asumida por los adversarios directos, en el
cogollo se respira la tranquilidad de creerse eternos después de 18 años de
ultrajes consumados a los poderes constitucionales. Desde allí se ejerce el dominio sin frenos sobre el país y sus
habitantes. Del juego de ajedrez se saca la estrategia de esa especie bautizada
del “cercado progresivo”, aquí apoyados de forma aberrante en
enroques más allá de los límites permitidos, y con tolerancia interna y externa derivada de convicciones pagadas con la renta petrolera distribuida entre
incondicionales.
Pero
sobre mesas de juegos aunque se les emparente con la ciencia, al igual que en
las obras Op de Vasarely, siempre queda espacio para considerar enfoques que desvirtúan la primera impresión. Muchas de las
jugadas desde el lado opuesto, en sucesivos turnos han prometido triunfos que
hasta fueron celebrados ruidosamente desde la víspera, y después rodaron al foso en un abrir y cerrar de ojos. Sin
embargo el cronómetro indica que todavía hay partido por delante para ensayos
que den resultados distintos a los de las intervenciones “espontáneas” de ex
presidentes de dudosa independencia, uniones comerciales, y hasta del estado
Vaticano al que se le solicitó un enviado papal como mediador en un diálogo
bufo.
Por
la libertad de los presos políticos Leopoldo López y Antonio Ledezma como
insignia, un nuevo intento sostenido sin pausa alcanza hoy a naciones
democráticas del extranjero, las cuales han abierto sus puertas para que se
escuche el eco del conjunto de víctimas
en voces de sus allegadas Lilian Tintori, Antonieta Mendoza y Mitzi Capriles. Quizás
con ese impulso incesante, no visto con anterioridad, la solidaridad pesetera
regional haya sido superada en la Organización de Estados Americanos, que ahora
plantea el debate por encima de los habituales bloqueos gestionados por
activistas cubano-venezolanos, y la clientela remanente con etiqueta de Socialismo
Siglo XXI.
Entre
los fenómenos que cuesta creer −para concluir con hechos reales adicionales sacados
del ajedrez−, recientemente se le ha dado pantalla de cine al relato inspirado
en Phiona Mutesi, una joven que con 11 años ya destacaba en el estratégico
juego de mesa tras ganar el campeonato juvenil nacional de Uganda. De ese
testimonio se deduce que la fuerza para vencer adversidades, surge de la
convicción de triunfar a pesar de las derrotas. Rescatar las libertades en
Venezuela bien merece todos los esfuerzos posibles de sus dolientes.


(*)
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