MÁS-BURRO, por Josué D. Fernández (*)
Las
comparaciones y metáforas, valiéndose de
algunas bondades o de ofensas a los animales, son tan
antiguas como la Biblia, y tal vez de más atrás si se hicieran lecturas
pertinentes de los jeroglíficos. Sin embargo, esa licencia para el uso indiscriminado del idioma entre gente casi siempre honesta estaría por
agotarse, de continuar regándose por el
planeta el reclamo de defensores y defensoras de la dignidad de aves,
mamíferos, peces, insectos, y de
cualquier otra especie de ese importante reino natural.
Un
ejemplo, medio en serio, medio en broma,
lo ha aportado el mexicano Raúl Mendoza, quien hizo constar que “con esta medida se generará conciencia
sobre la conservación de animales mediante la erradicación de la violencia
lingüística, logrando éxitos como lo sucedido tras la popularización, en
gobiernos anteriores, del ambigenérico para referirse a las y los ciudadanos,
disminuyendo con gran éxito la violencia de género que tanto daño había hecho
al país.”
No
obstante, aunque la nueva causa también resultaría encomiable, paralelamente se
mutilaría una herencia de la que se tienen recopilaciones en
diferentes idiomas y lugares. En lo que
se refiere a la Lengua Española, desde la
edad “Contemporánea” ha circulado un importante registro de la revista “Atenea” N° 89 de la
universidad chilena de Concepción (UdC), aparecido en 1932, con la firma del
filólogo Rodolfo Oroz (1895-1997).
Sobre
insinuaciones parecidas a la del título,
en el trabajo de Oroz quedaron preservadas ampliaciones del uso del término como burro,
burra: hombre o mujer necia; ¡Cabeza de burro!; borrico: hombre necio; comp.
también en port, burrico; asno: en igual sentido (NOTA: solamente se emplea en
lenguaje literario); Comp. tb. port, asno: persona ignorante, estúpida, pedaçc
de asno (Cl. Basto, en V K R., IV; fr. âne: persona ignorante o testaruda;
ital. essere, un asino, un pezzo o un gran pezzo d'asino.
Por
otro lado, al principio del escrito se mencionó la Biblia que es una rica
fuente de analogías sacadas de la simplicidad de la vida entre pastores y
ovejas y que, en igual peligro de extinción dadas las circunstancias, despertaría además poco interés después de
XXI siglos de progresos de estrés. Sin
embargo, sacado del libro de Juan, capítulo 10,
sobre todo en la Venezuela confundida de hoy, aún tendríamos tiempo de
rescatar algunas pistas que allí se ofrecen para distinguir verdaderos y falsos
conductores de los rebaños que se hallen extraviados.
Para
estos efectos, en una interpretación libre de la “Iglesia Universal” se
advierte que: El falso pastor: Entra
por la ventana, como el ladrón, por su cuenta y sin ser invitado. Quien es incauto o le gusta la mentira prefiere su
voz. Quien es de Dios huye de él. Solo
quiere los bienes, el dinero de las personas, no duda en sacrificarlas por sí
mismo. Viene al caso el añadido de que quien
sepa leer y escribir no tiene justificación para ser otro más-burro.
(*)


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