DOMINGO 7: Cacao por favor...
Antes de la
colonización (II) actual de República Bolivariana (“RB”) por el imperio
decadente de Fidel y Raúl Castro, ese territorio padeció una primera
confiscación bajo el yugo de la gran España imperial (I), cuya historia
arrancaría en 1492 y se extendería globalmente hasta 1898, por unos
cuatrocientos años. En la primera se lucieron los llamados “grandes cacaos”
por calles y galas de las provincias de
la Capitanía General de Venezuela, y ahora reaparecerían con similar monopolio
de privilegios entre los jefes del
régimen, encapsulados en una estridente “Revolución Bolivariana” de inspiración
y sumisión castro-comunista.
El destacado
periodista y escritor Óscar Yánes -de
quien ahora se recuerda el aniversario de su muerte-
contó una vez que “igualmente se pide cacao desde la colonia”. “Pedir cacao es pedir auxilio y se utiliza para los más
variados contextos. Esta expresión data de la época de la colonia (I), cuando
el cacao era símbolo de poder y de prestigio, que además daba capacidad de
intercambio: los negocios se zanjaban con cacao, las cosas se pagaban con este
fruto”, escribió Yánes en 2013.
En
2014, los mayores “grandes cacaos” de la revolución bolivariana estarían en
poder de la silla y del palacio presidencial de Miraflores, y de un segundo quien ejerce la posición que
seguiría en importancia, el presidente de la Asamblea Nacional. Vale mencionar
que en la colonia I, sin haber descubierto el petróleo, también según Yanes se hablaba de
los "grandes cacaos" para referirse a los más poderosos mantuanos,
como si el hecho de poseer haciendas en donde se cultivaba este fruto
adjudicara a sus dueños mayor nobleza. Se empezó de la misma manera a usar la
expresión "pedir cacao" cuando alguien anhelaba ese poder, esa
capacidad, ese prestigio que adjudicaba el fruto. Equivalía además a invocar
una ayuda”.
Lo
más parecido hoy a aquel “pedir cacao”, quizás lo habría manifestado el
Presidente de la Asamblea Nacional, en declaraciones del domingo pasado, en “El
Universal”, periódico complaciente del régimen. Después de quince años sin
requerir ayuda de nadie para bloquear al país con corrupción, subestimación de
cualquier ciudadano que pudiera pensar distinto a ellos, incluyendo represión y
cárcel, control absoluto de los poderes públicos, de repente este gran cacao
bolivariano expresa que “Quisiéramos una
oposición de verdad que ayude al país”. Se supondría que “ayudar al país” en estos momentos de
merma del respaldo popular, sería avalar a última hora el desastre del que el
régimen ha sido el único autor, completamente excluyente además en casi la
totalidad de instancias.
En la acepción inicial del
“pedir cacao”, referido al anhelo de mayor poder de los “grandes cacaos”, el
entrevistado obviaría el expediente de mentiras oficiales de “Aunque usted no lo crea” de la original
“Globovisión”. Así, en la
proyección propia de faltas a la verdad en la historia bolivariana, brotó la
risible afirmación “la oposición no
tiene palabra y no la podemos tomar en serio”. En igual sentido, su sostenido
rechazo a superiores ambiciones de mando. La Quinta Anauco tendría entre sus
primeros propietarios al gran cacao de la Colonia I, Bartolomé Alonso de Cazales, Primer
Conde de San Xavier (foto de arriba). En la colonia II, otro que aspiraria a
subir de categoría, habría adscrito el
inmueble a la Alcaldía de Libertador,
como Centro de Participación Popular, afectando el patrimonio del Museo de Arte
Colonial de Caracas, fundado en 1942.



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