Capítulos

16 de septiembre de 2017

CONSERJES DE POSTÍN

Al menos en Venezuela, es casi total la extinción de plazas para nuevos empleados  que se ocupen del cuidado, la custodia, limpieza y llaves de un edificio o establecimiento. En oposición a lo que dice el diccionario de la palabra conserje, el castro-comunismo cubano reinante abolió ese oficio en este país, al cambiar tal denominación a la de un genérico “empleado residencial”. Así, también les asignó a aquellos llamados conserjes de antes un horario de oficina, y quedaron eximidos de cumplir con sus obligaciones tradicionales fuera de esas horas, incluso con pago de sobretiempo, el cual solo procedería por aceptación voluntaria.  De esa forma, los conserjes del pasado delegaron, sin menoscabo de sus antiguas reivindicaciones,  el grueso de responsabilidades a sus empleadores, propietarios de oficinas o apartamentos, pero manteniendo las exigencias de alojamiento, muebles básicos de cocina, pago de servicios de agua, luz, teléfono y otras costosas dotaciones.


Con características parecidas de atraco a la luz del día, también la presidencia de la república bolivariana se agregó el beneficio de la golilla de los conserjes de postín, y ambos ya se han vuelto prácticamente inútiles, innecesarios, y una estafa a la que habría que poner fin. 

Vale prestar atención a otros serios maltratos de la revolución bolivariana, a través de la destrucción de  fuentes de trabajo para los pobres sin estudios, pero dotados ahora de leyes y aumentos salariales continuados que hacen prohibitivo el darles empleo;  limitados además por la falta  de oportunidades en empresas expropiadas;  o por la sustitución de mano de obra por extranjeros a los cuales se le entregan las riquezas nacionales por afiliaciones comunistas.  Un conjunto que se suma a  otras lamentables razones para añadir a la cadena de  “las cosas que me alejan de ti”, de Gian Franco Pagliaro, popularizado por Héctor Cabrera, en los famosos años de protesta de los ‘60 y ‘70.


La eliminación de las conserjerías en la mayoría de condominios privados ha resultado un hecho natural, y hasta fácil, pero al quedar desocupadas únicamente. Entonces se sustituyen por terceros que hacen esas tareas por contrato, a mucho menor costo total, y sin riesgos de denuncias y demandas laborales por maltrato en caso de supuestas violaciones de las prerrogativas otorgadas. Muy difícil eso sí, ha resultado la aplicación de la sustitución de rigor de quien se encuentra al frente de la “conserjería de postín mayor” en el palacio presidencial bolivariano, sin ocuparse de asuntos importantes para el pueblo, a pesar de   sacarle sueldos y viáticos sin control al presupuesto nacional, y solo goza de  prebendas y ningún deber u obligación que cumplir, y mucho menos por la que deba rendir cuenta.


 Al romperse el equilibrio entre los derechos de los patronos y  los de los trabajadores,  con un enmarañado judicial parcializado que se suponía  que protegería a los débiles, el efecto real es que cada vez son más  los que quedan en la calle, a penas con una pequeña ayuda del régimen, que les obliga a  registrarse con cédulas especiales, pagar con adhesiones a manifestaciones pro gobierno,  y demostrar su voto  incondicional en cualquier consulta electoral que pueda darle lustre de apertura a la tiranía.

Paralelamente con el desempleo en los distintos niveles de la clase trabajadora, provocado por la salida de dueños de empresas grandes y pequeñas asfixiadas por medidas ajenas a la elemental rentabilidad de los negocios; ese vacío también se siente en las escuelas universitarias en la especialización de derecho laboral, donde desaparecen las solicitudes de ingreso de estudiantes, porque ellos saben de antemano que ese saber tampoco es indispensable, ante la gran posibilidad de perder todos los juicios que le encomienden, dentro de la interminable guerra contra los emprendimientos privados, que harían grande la economía del país.









Desde luego que, al encontrarse en desuso el derecho laboral, igualmente se puede sospechar que el sentido de justicia desapareció de otros tribunales y de las cortes supremas que atenderían apelaciones a instancias superiores. La carta fundamental del país, o Constitución Nacional se usaría  para barrer  el piso, y simultáneamente se acabaría con el justo imperio del derecho constitucional.

Venezuela ya no tiene recursos válidos para terminar con los abusos en general, y muchos menos con los del “Conserje de Postín Mayor”,  recientemente envalentonado por despropósito de una ilegítima “asamblea nacional constituyente”, surgida de elecciones fraudulentas.  En la onda de la protesta musical al principio del suplemento de hoy, el broche de cierre le toca a “Aleluya”, en la versión del venezolano Alexis “Cherry”  Navarro, fallecido en plena juventud.


El artículo adosado forma parte de “Experiencias Mayores”, suplemento en el programa “Estamos en el Aire”, a las 4:30 de la tarde, cada sábado. Breve espacio editorial ligero, con música a propósito del asunto que trata, y  a veces con gotas de humor.  Por http://www.radiorumbos670am.com.ve/, en cuya discusión los interesados pueden tomar parte por los teléfonos +58 212 284.04.94 y 285.27.35, o mediante mensajes directos por Twitter, a Josué Fernández, @jodofeal, o en www.comunicadorcorporativo.blogspot.com











9 de septiembre de 2017

Rebusques a la Vista

Estarían por aumentar las ofertas de productos ya conocidas de los llamados “bachaqueros”, y el número de esos comerciantes de calles, millonarios gracias a la escasez generalizada en Venezuela. Los nuevos “vivianes” vendrían con la clausura  de 46 emisoras y 3 canales de televisión, que faltaron a la norma de adulancia exigida y de estricto cumplimiento en República Bolivariana. Ese recorte en las ondas libres, aumentaría los negocios turbios, y el probable comercio  de parabólicas de contrabando  para sintonizar informaciones centradas a futuro.












Los aduladores ya se oyen y ven en vivo,  a gañote suelto; así como las señales enmudecidas de repente, por los baches que resultan de esas apropiaciones  indebidas,  implícitas en procedimientos dictatoriales. Es la forma de acallar canales de comunicación que no encuentran instancias judiciales para reclamar el atropello, porque las que hay solamente actúan al servicio de la tiranía.

La audiencia venezolana se ha quedado sin 2 emisoras de alta sintonía en su banda de frecuencia modulada, 92.9 y Mágica 99.1.  Además, de los canales colombianos RCN Televisión, y Caracol Televisión,  excluidos de la parrilla venezolana por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), que en los últimos meses también había suprimido a CNN en Español, NTN24, Todo Noticias e Infobae de Argentina.

Por lo común, los métodos despóticos persiguen amordazar por cualquier medio a sus oponentes, las protestas de estudiantes, esconder abusos y corrupción, en la creencia de que el silencio se puede forzar. Pero, nadie permanecería con la boca cerrada en contra de la voluntad, ni por súplicas como la  de “Callate Corazón Callate”,   a continuación con la orquesta “Voces de Billo”.


Serían dos,  los rebusques que crecerían con la desaparición de emisoras de radio y televisoras. Como es habitual en señales plagadas de adulancia y sumisión, al rato pierden seguidores y caen al foso en las mediciones de audiencia. De tal modo, el objetivo de esos procedimientos no sería mayor atención de los incrédulos a las promesas populistas, aunque quizás sí servirán para nuevos rebusques de espacios propagandísticos pagados, de comisiones a la farándula alineada, y del consiguiente saqueo de recursos públicos.

Pero puede haber consecuencias de mayor gravedad, al mirar esos hechos desde el espejo del comunismo cubano, del que la República Bolivariana toma prohibiciones y censuras, leyes, formatos, y hasta asambleas constituyentes, para caer después en racionamientos y miserias como los que sufre el pueblo de la Isla, ahora por casi seis décadas de dictadura.

El acceso a la información libre y confiable continuará bloqueado progresivamente como el país se aleje todavía más de los principios democráticos. Los periodistas en Venezuela son perseguidos por la Guardia Nacional en sus coberturas de las protestas populares, los corresponsales extranjeros son expulsados o se les niega la entrada, y cada vez son menos las personas que prefieren esta profesión, o que encuentran fuentes de trabajos, las cuales se hallan disminuidas por los cierres de medios que incluyen a periódicos sin papel para su impresión.



Como en la Cuba comunista el propósito en materia de comunicación es llegar al diario “Granma”, nombrado así por el yate que uso Fidel Castro para el desembarco allá, y el cual aquí quizás cambie de nombre por “Machurucuto”, en homenaje inescrupuloso a la primera invasión de cubanos a la tierra venezolana, el 8 de mayo de 1967.

Hace 40 años Venezuela se habría salvado, pero 50 años después la invasión se afianza con complicidad interna, y hay que prepararse para copiar las luchas continuadas que sigue allá el pueblo cansado de la esclavitud comunista.

Los cubanos demócratas insisten en batallar por sus derechos, mientras les llegue el día de su suerte; y los venezolanos recorren  el mundo buscando ayuda  para que en 2 décadas en vez de 6, se cumpla el deseo que expresaba el compositor y cantante puertorriqueño Héctor Lavoe:


Por supuesto, para acercar las garantías del cambio habrá que ensayar métodos distintos a los utilizados por los cubanos sin éxito visible, pero hay que prepararse mientras tanto con el conocimiento de  redes callejeras, de accesos clandestinos a internet, de la exportación de blogs de denuncias, a la manera de la resistencia en Cuba. Lo importante es subirle el volumen a las voces de protestas y que se escuchen en todas partes, a pesar de las prohibiciones.



El artículo adosado forma parte de “Experiencias Mayores”, suplemento en el programa “Estamos en el Aire”, a las 4:30 de la tarde, cada sábado. Breve espacio editorial, ligero, con música a propósito del asunto que trata, entrevista, y  a veces con gotas de humor.  Por http://www.radiorumbos670am.com.ve/, en cuya discusión los interesados pueden tomar parte por los teléfonos +58 212 284.04.94 y 285.27.35, o mediante mensajes directos por Twitter, a Josué Fernández, @jodofeal, o en www.comunicadorcorporativo.blogspot.com








2 de septiembre de 2017

"PROGRESIVIDAD INVERTIDA..."

Algunos quizás perciban,  de primera, que “Progresividad Invertida” sería una manera pretenciosa o rebuscada, de lo que comúnmente se llama retroceso, para referirse a la palanca “R” del cambio de velocidades de máquinas rodantes, o a la marcha temporal hacia atrás de movimientos que se suponían debían continuar hacia adelante.  Así se entendería en la física elemental, pero la “Progresividad Invertida” representa una gran calamidad cuando la expresión surge en medio de la degradación, del ultraje, de la incautación, de la burla  a los derechos esenciales del ser humano a la vida, la alimentación, la salud, la educación, la información, el trabajo;  a la libre escogencia de credos, de ideologías, de afiliaciones en general,  como efecto de medidas represivas contra individuos y pueblos oprimidos por dictaduras, en cualquier parte.


La situación del presente en Venezuela es de las peores para hacer valer reclamos de derechos ciudadanos, porque los tribunales y demás instituciones favorecen exclusivamente  el enfoque de civiles y militares al frente del  régimen. Como nunca se ha visto en constituciones contemporáneas, de estados originalmente democráticos como fue el venezolano, ciertamente el aparato oficial se ha puesto aquí en reversa, tal cual iba la “guagua” de Juan Luis Guerra.



La progresividad invertida más que un retroceso temporal es un delito agravado gradualmente, perseguido en la mayor parte del mundo por organismos internacionales cuando la resistencia interna resulta insuficiente, y causa rebelión y protestas en donde concurren las fuerzas del mal para esclavizar a la población. La vigilancia permanente de los que quieren aprovecharse de las libertades comunes  para meter contrabandos que terminan por asfixiar a quien se oponga, y el continuo sacrificio para arrancarlos de raíz como mala hierba, es el arma  de uso frecuente contra ese tipo de tiranía insaciables de poder y corrupción.


Desde luego que es preferible prevenir que lamentar, y la materia de los derechos humanos tiene que salir de los libros y de las bibliotecas hasta formar una coraza que mantenga en alerta a los ciudadanos ante el más mínimo asomo de progresividad invertida mediante trucos, promesas o la fuera bruta, que buscan en realidad empujar al foso las conquistas de libertad ya alcanzadas.

El asunto de adelantarse a las amenazas de asalto a los derechos humanos, para beneficio de bandas malhechoras, es  realidad palpable  y digna de aplausos en distintas naciones, entre las cuales, sin ir lejos de los vecinos latinoamericanos, existe un sólido ejemplo en la ciudad de México.

Una lección a este respecto, comienza por explicar que, de acuerdo con lo señalado por el diccionario de la Real Academia Española, progresivo, significa “que avanza o aumenta gradualmente”. Cuando hablamos de progresividad de los derechos humanos, nos referimos a que una vez que el ciudadano los ha adquirido, no se pueden disminuir y no puede haber un retroceso en el contenido de los mismos. La sentencia anterior es de Armando Hernández Cruz,  Magistrado presidente del Tribunal Electoral del Distrito Federal. Licenciado, Maestro y Doctorado en Derecho, con una especialidad en Derecho Constitucional por la Universidad de Salamanca, España.

A pesar de los nubarrones que activan tormentas en Venezuela, desde hace dos décadas, cada vez se observa un empeño transversal de las distintas clases sociales para la reconquista de las libertades, bastante maltratadas por ahora.   Muchos cuentan con el impulso de la razón, y el vigor imperecedero del alegre combustible caribeño y la esperanza, según dejan constancia tres jóvenes venezolanos, Sixto Rein, Chino y Nacho, en “Vive la Vida”.





El ejemplo de México, casi una bandera para echar nuevas bases para la reconstrucción de Venezuela, se extendería a la definición que dan las comisiones dictaminadoras del Senado de la República, al establecer que el principio de progresividad significa: “El principio que establece la obligación del Estado de procurar todos los medios posibles para su satisfacción en cada momento histórico y la prohibición de cualquier retroceso o involución de esta tarea.

Para la Suprema Corte de Justicia de la Nación Mexicana, cuyo equivalente en Venezuela es sirviente de la tiranía, existiría una preciosa norma que establece que   “el principio de progresividad constituye el compromiso de los Estados para adoptar providencias, tanto a nivel interno como mediante la cooperación internacional para lograr progresivamente la plena efectividad de los derechos que se derivan de las normas económicas, sociales y sobre educación, ciencia y cultura…” Cuando hay respeto, el gran ausente en países en trances hacia dictaduras de corte comunista, el papel de la constitución nacional podría ser freno suficiente de injusticias. 

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26 de agosto de 2017

“Desilusión”…




La fantasía se está acabando en el país que regaló altas sintonías por radio y televisión, y hasta exportó su modelo,  para celebrar figura de galanes empeñados en enamorar cieguitas; o a la más pobre del barrio; o a las hijas o hijos desamparados que terminaban dueños de grandes fortunas al recibir la herencia de un padre millonario que nunca les reconoció como legítimos; o a valientes vengadores que exterminaban malhechores, y devolvían la paz y el amor,  a las comunidades plagadas de abusos y engaños de poderosos criminales y estafadores. Casi un cuarto de siglo después de historias de culebrones y telenovelas, la realidad venezolana repleta de fracasos  hace visible la incredulidad de un pueblo que decidió encumbrar en el poder a militares golpistas, porque prometieron sacar de abajo a la gente hundida en el foso, y ahora están más empobrecidos que nunca.


Sin préstamos de los rusos, el crédito agotado de los chinos, la caída de la producción petrolera, y el reclamo de pagos atrasados de deuda extranjera acumulada en dólares, no hay donde conseguir consuelo para alegrar a alguien. Cuando “ya es mucho padecer”, al compositor venezolano Juan Vicente Torrealba se le ocurrió su vals “Desilusión”, que se podría escuchar ahora como alivio pasajero del temporal,  según lo recrea el grupo “Un Dos Tres  y Fuera”, en  la voz de Edgar Lara, fallecido en 2008:

Melodramas interminables, las encuestas de opinión  ya miden una categoría definida como “Voto Sentimental del Chavismo”, el cual pasó de la euforia de sus mejores tiempos por encima del 70 por ciento y mucho más, a un verdaderamente escuálido 10 por ciento en la actualidad, según estudios independientes que divulgan empresas de investigación sin patrocinios comprometidos del régimen.


La semana que está por concluir debe haber empujado esa cifra  del 10 por ciento hacia niveles inferiores, al reventar desde Brasil el escándalo de las acusaciones de corrupción contra jerarcas de la dictadura; pero todavía peor fue la comprobación del abandono a la buena de Dios de los servicios indispensables para atender calamidades en las clases socio económicas de menos recursos.





Mientras los bolsillos de los funcionarios se rompen repletos de dinero robado, en Venezuela reaparecen calamidades como  la  de la fiebre del paludismo porque se dejaron de lado las campañas para atacar al insecto transmisor.

En lo que respecta a cuidados regulares e intensivos de menores gravemente enfermos, se registran casos de niños, hasta cinco en días recientes, que son hospitalizados en sillas en vez de camas según se reporta en el “J. M. de los Rios” en Caracas.  De mayor tragedia, se tuvo noticia del fallecimiento de un niño de 2 años de edad, con graves síntomas de desnutrición, en el Hospital Domingo Luciani de El Llanito. El diputado Jorge Millán ha declarado que al menos cuatro niños mueren en una semana por desnutrición y que el gobierno no se ocupa de resolver la crisis de salud. “La escasez parcial y absoluta de fórmulas lácteas iniciales, de seguimiento y especiales, afecta directamente el déficit nutricional de esta vulnerable población infantil, lo cual genera que muchos padres acudan a alternativas alimenticias no adecuadas e incluso riesgosas para la salud de los niños”.

Muy lamentable es igualmente la epidemia de difteria, por falta de vacunas e información para el seguimiento de sus tres dosis. “Aunque el Gobierno mantiene un hermetismo en torno a la difteria, esta epidemia llegó para quedarse. De acuerdo con los reportes compartidos por el doctor José Félix Oletta, de la Red Defendamos la Epidemiología Nacional, no hay cifras confirmadas que demuestren el alcance de la enfermedad. Pero de lo que sí tienen certeza es de que la epidemia se propagó a 20 estados del país; en siete —Bolívar, Monagas, Anzoátegui, Apure, Distrito Capital, Miranda y Mérida— hubo casos mortales.”

En estos momentos, pareciera una apuesta segura la  cercanía de un desenlace con música de bolero y de despecho por quienes ahora resienten el engaño por incumplidas promesas de amor del “corazón de mi patria”. El recurso que va quedando pareciera hallarse en el tema “Migajas”, que popularizó en su mejor época el cantante ecuatoriano Julio Jaramillo:

Para rematar y para el conocimiento de la comunidad europea, el periódico El País de España reseñó seis días atrás, bajo el título  “Hospitales sin medicinas en Venezuela”, que el gobierno impide la entrada de ayuda humanitaria para no reconocer la existencia de una crisis. Así, la escasez de fármacos obliga a organizaciones privadas no gubernamentales, "ONG", a movilizarse para salvar a miles de ciudadanos sin tratamiento. La ONU reveló que entre 2013 y 2015 Venezuela disminuyó la importación de medicinas a un 39,1%.






















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19 de agosto de 2017

“Majaderías”

Como si el gran peligro que pisa los talones del país entero fuera invisible, parte de la población venezolana duerme a piernas sueltas, sin importarle que apenas está sujeta a una brocha. Sin apoyo de escalera, y hasta sin piso para aguantar la caída. A pesar de la gravedad, entre “Majaderías” se gastan horas  que serían muy útiles para agarrarse de salvavidas, y lo que abunda son conchas, o cáscaras, de mango, o de cambur, regadas de manera indolente por el suelo, a punto de provocar resbalones colectivos. Las majaderías se repiten tanto, a diario, que ya reproducen el fastidio del zumbido de las moscas, los zancudos, los mosquitos y las avispas. 



















Antes de caer al hoyo a la vuelta de la esquina,  hay pocas opciones  para sobrevivir, y quizás haya que intentar alejar malos augurios con lo que sea, aun con métodos no tradicionales como famosas invocaciones, sin experimentar todavía, tales son “My Sweet Lord” de George Harrison; o la que sigue,  de Juan Luis Guerra, y sus avispas milagrosas…



Mejor receta para evitar majaderías a nivel particular, entre el bando oprimido, tal vez exija el pasar  por colador cada juicio, previamente,  antes de abrir la boca y empeorar la situación propia. De un tiempo para acá, por ejemplo, abundan conversaciones  callejeras, llenas de denuncias inútiles de múltiples desacatos a la Constitución Nacional de 1999, o “Moribunda II” para efectos prácticos, de parte de la máxima instancia judicial;  del régimen central  y sus tentáculos en otros poderes públicos; y de la fraudulenta asamblea nacional constituyente.

La sordera gubernamental es desalmada, y para el resto las quejas se pierden entre la desinformación, la manipulación de castigos y recompensas, y la mentira continua. En el presente ya cansa  escuchar lo que parece que no tuviera remedio. Una simple idea del tedio que causa, se halla en la reproducción de “El vuelo del Abejorro”, o  “The Flight of the Bumble Bee”, del compositor  ruso Rimsky Korsakov , del siglo XIX ,que interpretan James Galway en la flauta y el pianista Phillip Moll.


Rabia, frustración, impotencia y enojo se acumulan en cada quien en el bando opositor, principalmente, tras verificar el secuestro de las instancias formales para hacer valer derechos y libertades en el territorio nacional.

En una votación en octubre próximo,  si llegara a realizarse, aun con los cálculos ventajistas de  la dictadura así reconocida adentro y afuera, el nuevo intento de salirse con la suya huele mal con el “madrugonazo” de la fecha, tiempo mínimo para postulaciones, descalificaciones de partidos que le son adversos,  muchos etcéteras,  y casi nada que esperar como beneficio para opositores, tanto como candidatos o como electores.

El plazo para inscribir o no las candidaturas ha vencido, y el sector oposicionista se inscribió por toletes en varias regiones, cediendo más ventajas al oficialismo de una sola pieza. A la par, otro grupo importante se negó a convalidar ese proceso, y prefirió declararse en abstención.  En lo adelante, luce pura majadería continuar la discusión sobre votar o no votar. Ni siquiera los nominados de la oposición que triunfarían a pesar del ventajismo, tendrían seguro asumir sus cargos. Se les inhabilitaría judicialmente, reprobaría por mala conducta, o por zancadilla distinta con igual final del guión cubano-comunista súper conocido. 

Con tanto arrinconamiento,   la alternativa posiblemente diferente estaría en la resurrección del espíritu del 16 de julio de 2017, de hace solo un mes, cuando siete millones y medio de venezolanos acudieron a un plebiscito cuya mayor ganancia concreta fue dejar constancia del tamaño del pueblo que repudió a los tiranos. Lo importante es la unidad de propósitos y de acción para lograr avances en aquella dirección, al mantener el foco en llamar la atención a los pueblos amigos, y eventualmente a los militares que confundieron su misión, poniéndose ellos del lado de las fuerzas opresoras del pueblo. 


Los sectores de mayor sensatez exigen cordura a los demócratas para acordar acciones unánimes de las bases, por encima de divisiones partidistas, de bravuconadas de gente sin armas, de hiperactividad en redes sociales. De un sinfín de majaderías  típicas más bien de los déspotas al mando, en plena sobadera de las manos por la derrota que ya celebran con los parásitos cubanos y demás compinches de aprovechadores, en contra de la democracia en Venezuela.  




















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