Capítulos

25 de marzo de 2017

No es lo que crees, por Josué D. Fernández (*)

Casi nunca es fácil convencer a otros de las equivocaciones que registran sus ojos, en especial si ellas remiten a situaciones que se percibirían como comprometidas de alguna manera para las partes en la escena. Las obras del “Op-art” de mediados del siglo pasado, en particular las firmadas por el considerado padre de la modalidad, Víctor Vasarely, serían unas de las evidencias preferidas para demostrar que el sentido de la vista es imperfecto, y podría hacer malas jugadas aun con evaluación óptica certificada de 20/20.


La dirección hacia el foso, o totalmente opuesta hacia la cima, casi al mismo instante, es uno de los temas populares del Op, con los que la gente se ha acostumbramos a vivir.  Ha llegado incluso, a usarlos como prisma para calibrar situaciones cotidianas, en el sentido de que todo cambiará con poco esfuerzo. Por ejemplo, es el día a día de los desengaños sumados en la Venezuela que apenas subsiste bajo secuestro de un régimen, del que existen registros públicos de haber prolongado su permanencia con base en fraudes electorales, dominio militar, represión de manifestaciones cívicas, persecución de disidentes, de la prensa libre, chantajes para el acceso a alimentos, subsidios, y acceso controlado a derechos humanos de dosificación oficial por fuerza y decretos judiciales.

Favorecido por la debilidad provocada y asumida por los adversarios directos, en el cogollo se respira la tranquilidad de creerse eternos después de 18 años de ultrajes consumados a los poderes constitucionales. Desde allí se ejerce el  dominio sin frenos sobre el país y sus habitantes. Del juego de ajedrez se saca la estrategia de esa especie bautizada del  “cercado progresivo”, aquí apoyados de forma aberrante en enroques más allá de los límites permitidos, y con tolerancia interna y externa derivada de convicciones pagadas con la renta petrolera distribuida entre incondicionales. 


Pero sobre mesas de juegos aunque se les emparente con la ciencia, al igual que en las obras Op de Vasarely, siempre queda espacio para considerar enfoques que desvirtúan la primera impresión. Muchas de las jugadas desde el lado opuesto, en sucesivos turnos han prometido triunfos que hasta fueron celebrados ruidosamente desde la víspera,  y después rodaron  al foso en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo el cronómetro indica que todavía hay partido por delante para ensayos que den resultados distintos a los de las intervenciones “espontáneas” de ex presidentes de dudosa independencia,  uniones comerciales, y hasta del estado Vaticano al que se le solicitó un enviado papal como mediador en un diálogo bufo.

Por la libertad de los presos políticos Leopoldo López y Antonio Ledezma como insignia, un nuevo intento sostenido sin pausa alcanza hoy a naciones democráticas del extranjero, las cuales han abierto sus puertas para que se escuche el eco del conjunto de víctimas en voces de sus allegadas Lilian Tintori, Antonieta Mendoza y Mitzi Capriles. Quizás con ese impulso incesante, no visto con anterioridad, la solidaridad pesetera regional haya sido superada en la Organización de Estados Americanos, que ahora plantea el debate por encima de los habituales bloqueos gestionados por activistas cubano-venezolanos, y la clientela remanente con etiqueta de Socialismo Siglo XXI.

Entre los fenómenos que cuesta creer −para concluir con hechos reales adicionales sacados del ajedrez−, recientemente se le ha dado pantalla de cine al relato inspirado en Phiona Mutesi, una joven que con 11 años ya destacaba en el estratégico juego de mesa tras ganar el campeonato juvenil nacional de Uganda. De ese testimonio se deduce que la fuerza para vencer adversidades, surge de la convicción de triunfar a pesar de las derrotas. Rescatar las libertades en Venezuela bien merece todos los esfuerzos posibles de sus dolientes.



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18 de marzo de 2017

Pirámide Hueca, por Josué D. Fernández (*)

En el milenio que corre y antes, a ese sólido geométrico cuando se lo descubre hueco, probablemente es señal a destiempo de algún fraude del que hemos sido víctimas.  Por lo general, da nombre a nuestra tontería de creer en una  gran riqueza que resulta tangible únicamente para los que se hallan encaramados arriba, y a la que aspiramos imitar con solo invitar y engañar a dos inocentes que paguen la  misma contribución que ya transferimos a las cuentas de los primeros en la lista, y que se encargarán de empujarnos más cerca de la fortuna súbita.


“Castillos”, “El Telar”, “La Flor de la Abundancia” son alias de presentación social, con los cuales aparecen en  salones calculádamente escogidos para aproximarse a sus públicos, entusiasmados estos previamente para oír testimonios y promesas de triunfadores casi sin esfuerzo, venidos de la nada. De otro lado, la estrategia idéntica pero llevada a la escala de país, utiliza plazas y avenidas, estadios y demás auditorios gigantes, para vender brebajes de “socialismo” o  de “comunismo”, que coinciden en sinónimos acuñados por Fidel Castro en 2010. Ambos responden a “lo que el propio Marx definió como comunismo” (sic).

Si al nivel individual las pirámides huecas se llenan con suicidios, divorcios y diversas formas de ruinas; al tratarse de colectivos las consecuencias arrastran a poblaciones enteras a la desaparición por hambre, por falta de medicinas, o por violencia callejera, todas incontenibles oficialmente como medio de propiciar protecciones selectivas a cambio de afiliaciones y chantajes. Al agotar el botín, se vuelve a la pirámide hueca para someter  o someterse a quienes tengan fondos todavía, con lo que se prolonga la racha sugestionadora. La Cuba comunista embaucó primero a la URSS con su beneplácito, y después subsiste mientras termina de hundir a Venezuela.

“La Mesa Vacía del Niño Hambriento”, cuadro de 1933 del muralista colombiano Pedro Nel Gómez Agudelo, trascendental junto a las obras de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, pareciera a la larga una imagen futurista. Retrata la fatalidad que luego impondrían los propagandistas de la  distribución indiscriminada de riquezas, sin reparar en la matanza provocada a las gallinas de huevos de oro. Esta defunción quedaría registrada por asfixia de sus criadores y la paralización de la producción de pienso especial y vacunas. Por suerte fallida de la “pirámide hueca”,  el saldo real que se repetiría hasta hoy contaría con unos pocos repletos de dinero,  y el visible remanente humano arreglándose con limosnas y basureros, de ahora y por continuar.


Los encumbrados en pirámides no se detienen mucho en las penurias de los de abajo, porque la prioridad es mantener privilegios de los afortunados de los cogollos, mediante una especie de cleptomanía militante excluyente.  Al respecto, por testimonios de prensa se sabe de tres aeronaves  de Venezuela que trasladan desde hace 11 años al presidente y al canciller de Cuba, Raúl Castro y Bruno Rodríguez,  y que permanecen estacionadas en el aeropuerto en La Habana. Mencionan a unidades con las siglas YV2053, YV1128 y YV1129.


La cuestión no se acabaría con tenerle aversión a las pirámides por suponer desgracias detrás de cada tramo de cualquier  ascenso hacia la cúspide. La figura geométrica carece de medios para protestar lo que puedan hacer en su nombre. Una mejor perspectiva se podría intentar con los diversos amuletos piramidales para alejar infortunios. Con mayor concentración en el objetivo de hacerse rico, hay quienes ensayan el método del billete de un dólar debidamente doblado hasta lograr la figura que traerá la abundancia a nuestros días. Todavía superior sería intentar la unidad de propósitos para salir de abajo, dejando la suerte de lado.




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11 de marzo de 2017

RETORNO DE LA LICANTROPÍA, por Josué D. Fernández (*)

De vez en cuando hace falta repetir la narración de experiencias pasadas, que de mantenerse en las mentes de siguientes generaciones les prevendrían de chascos, o simplemente de pérdidas de credibilidad  y seriedad en apariciones públicas. Tal auxilio podría ser vital para mantener el respeto de los demás, evitando la sorna que ocultan frente a reposiciones de una licantropía aparente y a destiempo, la cual despertaría sospechas de “trastornos mentales en que el enfermo se cree transformado en lobo e imita su comportamiento”, según prescribe la Real Academia Española.

En sentido general, la ignorancia de la clave de la supervivencia en épocas distantes sería una causa suicida para la proclamación voluntaria de parentescos con seres salvajes que, de ellos poder imitar voces comprensibles para los humanos, posiblemente también rugirían “No nos van a domesticar, vamos a seguir portándonos mal”. Significaría hacer valer su naturaleza depredadora mediante búsqueda indiscriminada de presas, ocasionar múltiples daños a su paso, y gruñir de manera intimidatoria, provocando miedo como mecanismo de defensa. En la vida real existe la seguridad absoluta de que las bestias se han extinguido porque sus violentos ataques por sorpresa, y la prominencia de sus fauces y garras, en algún momento han sucumbido a la superioridad de los pueblos necesitados de remediar esos estragos. 


Adicionalmente, de manera ordinaria se considera que la licantropía hasta donde puede tomarse en serio seguiría ciertos lineamientos, compartiendo rasgos tanto con embrujos como  con sus males asociados a la pérdida de control, y la eventual transformación física impulsada por la luna llena. En gran número de historias reportadas, el trastorno de la bestia sería igualmente temporal si es que llegara a salvarse de las arremetidas para limpiar las comunidades de especímenes desnaturalizados.

Un rugido anterior al citado en el segundo párrafo,  articulado recientemente con la excusa de responder por el régimen venezolano a declaraciones nada complacientes del presidente de Perú, probablemente surgiría de precedentes en el contubernio español que le serviría de inspiración. Allá, el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, defendió en 2016 la decisión de su partido de romper las negociaciones con PSOE y Ciudadanos para intentar formar gobierno. “Han querido domesticarnos… para convertirnos en una fuerza domesticada”, afirmó en un mitin celebrado en Barcelona.

Obviamente que los asumidos a sí mismos  y en consecuencia como fieras indomesticables;  o no saben, o les tienen sin cuidado, el final a palos de cuanto  esperpento animal ha aparecido amenazador sobre la tierra, como el de un ejemplo así ilustrado en Wikipedia. Tiene fama suficiente “la Bestia de Gévaudan (en francés, La Bête du Gévaudan; pronunciación en francés: /la bɛt dy ʒevodɑ̃/, en occitano, La Bèstia de Gavaudan) es el nombre histórico atribuido a un críptido devorador de hombres, semejante a un lobo, perro o perro lobo, que asoló la región de Gévaudan, ubicada actualmente en el departamento francés de Lozère, en el sur de Francia, entre 1764 y 1767”.

Sin embargo, en la onda de la infaltable excepción a la regla, pronto viene de estreno en 2017 una nueva versión de “La Bella y la Bestia”, con personajes de carne y hueso, en la que se descubre detrás de un horrible exterior animalesco, el corazón amable y el alma del verdadero príncipe humano en el interior. No obstante, la contrafigura de Gastón  asimismo intentará cazar a Bestia para despojarlo de su enamorada. Es que las bestias, y peor si rehuyen a la domesticación, no son dignas de confianza.




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5 de marzo de 2017

MÁS-BURRO, por Josué D. Fernández (*)

Las comparaciones y metáforas, valiéndose de algunas bondades o de ofensas a los animales, son tan antiguas como la Biblia, y tal vez de más atrás si se hicieran lecturas pertinentes de los jeroglíficos. Sin embargo, esa licencia para el uso indiscriminado del idioma entre gente casi siempre honesta estaría por agotarse,  de continuar regándose por el planeta el reclamo de defensores y defensoras de la dignidad de aves, mamíferos, peces,  insectos, y de cualquier otra especie de ese importante reino natural.


Un ejemplo, medio en serio,  medio en broma, lo ha aportado el mexicano Raúl Mendoza, quien hizo constar  que “con esta medida se generará conciencia sobre la conservación de animales mediante la erradicación de la violencia lingüística, logrando éxitos como lo sucedido tras la popularización, en gobiernos anteriores, del ambigenérico para referirse a las y los ciudadanos, disminuyendo con gran éxito la violencia de género que tanto daño había hecho al país.”

No obstante, aunque la nueva causa también resultaría encomiable, paralelamente se mutilaría una herencia de la que se tienen recopilaciones en diferentes idiomas y lugares.  En lo que se refiere a la Lengua Española, desde la edad “Contemporánea” ha circulado un importante registro de la revista “Atenea” N° 89 de la universidad chilena de Concepción (UdC), aparecido en 1932, con la firma del filólogo Rodolfo Oroz (1895-1997).


Sobre insinuaciones parecidas a la del título,  en el trabajo de Oroz quedaron preservadas ampliaciones del uso del término como burro, burra: hombre o mujer necia; ¡Cabeza de burro!; borrico: hombre necio; comp. también en port, burrico; asno: en igual sentido (NOTA: solamente se emplea en lenguaje literario); Comp. tb. port, asno: persona ignorante, estúpida, pedaçc de asno (Cl. Basto, en V K R., IV; fr. âne: persona ignorante o testaruda; ital. essere, un asino, un pezzo o un gran pezzo d'asino.

Por otro lado, al principio del escrito se mencionó la Biblia que es una rica fuente de analogías sacadas de la simplicidad de la vida entre pastores y ovejas y que, en igual peligro de extinción dadas las circunstancias,  despertaría además poco interés después de XXI siglos de progresos de  estrés. Sin embargo, sacado del libro de Juan, capítulo 10,  sobre todo en la Venezuela confundida de hoy, aún tendríamos tiempo de rescatar algunas pistas que allí se ofrecen para distinguir verdaderos y falsos conductores de los rebaños que se hallen extraviados.

Para estos efectos, en una interpretación libre de la “Iglesia Universal” se advierte que: El falso pastor: Entra por la ventana, como el ladrón, por su cuenta y sin ser invitado. Quien  es incauto o le gusta la mentira prefiere su voz. Quien es de Dios huye de  él. Solo quiere los bienes, el dinero de las personas, no duda en sacrificarlas por sí mismo. Viene al caso el añadido de que quien sepa leer y escribir no tiene justificación para ser otro más-burro.


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