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6 de septiembre de 2013

DOMINGO 7: Quiebra Final



Lo que se adquiriría con 32 bolívares en 2013, es equivalente a lo que se compraría con un “real”, 50 céntimos, de 1998, cuando se dejó entronizar el proyecto de destrucción masiva llevado a cabo en República Bolivariana (“RB”), con la regencia de domésticos subalternos de la dictadura castro-comunista. El pobre bolívar de hoy valdría 64 veces menos que un “real” de entonces.  Después de la eliminación de tres ceros a la moneda, en 2008, al estrenarse el billete de 100, este representaba el 16 por ciento del salario mínimo vigente (614 bolívares), mientras que ahora no sería más del 4,0 por ciento del sueldo, y para finales de año, la proporción será todavía menor. De allí que, a juicio del economista Ronald Balza de la UCAB, todas “las monedas fraccionadas con poder de compra nulo,  deberían salir de circulación.

Hace apenas un mes, el ex presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Venezuela (ANCEV), Pedro Palma, por su parte advirtió de “la antesala de un "tsunami cambiario" que podría traer como consecuencia altos niveles de inflación, incluso de hasta tres dígitos, para lo que resta de 2013, principios de 2014. Sin embargo, toda esa gravedad económica no se compara con la maxi-devaluación del capital social, y la degeneración inducida de los activos humanos a través de patadas continuas a los valores más apreciados universalmente, con lo cual se configuraría una indetenible quiebra final de país y de sus habitantes.


Ya está completamente devaluada la gran riqueza que supuestamente alcanzaría para muchas generaciones por venir en “RB”, y que a duras penas sirve en estos días para cubrir algunas necesidades de los más necesitados. Agotada la ilusión de salir de abajo  con una cartera llena de bolívares -que valen casi nada-, la crueldad de la pobreza se hace mayor con la falta de servicios de electricidad, agua y cloacas, accesos confiables a la salud y a la educación,  escasez de empleos, medios de transporte, deportes y sano esparcimiento, así como frecuentes arrestos domiciliarios, impuestos por delincuentes a través de la violencia.

En  el plano de la quiebra de los activos humanos de arriba hacia abajo se observan temerarias adhesiones a regímenes acusados de emplear armas químicas contra inocentes, y celebrar a otros gobiernos de fuerza enemigos de las libertades ciudadanas. Suficiente desvergüenza para ilegitimar aún más un precario origen, se adorna con vulgaridades en público, deliberadas o no, las cuales se reivindican luego como gracia, aunque infelices, por las carencias del sentido de las rectificaciones de forma y fondo que solo distinguen a la gente noble. Para colmo, la comunidad de viciosos se propaga con tuits en inglés, francés, portugués y árabe,

Más abajo se halla el complemento de poderes del estado y una Asamblea Nacional en la que su mayoría simple aprueba atropellos que comienzan con el desconocimiento reiterado de una bancada parlamentaria que personifica a la mayoría del país. Abundan en decisiones arbitrarias en cayapa, con agresiones físicas, y ofensas, pero callan el exterminio de indigentes por cuerpos armados, la colocación de recién nacidos en cajas de cartón,  las muertes por negligencia en centro asistenciales, y el ocultamiento de epidemias que arremeten contra la población. Por último, en esa desbordada situación de caos, resulta imposible encontrar ojo, oídos y bocas que pongan coto a la corrupción de los nuevos ricos que han saqueado la bonanza petrolera de los últimos 15 años.


2 comentarios:

  1. Crudo comentario, Josue, pero realista. Cierto pánico me invade cuando pienso en las terribles consecuencias que se pueden derivar de toda esta situación.
    Saludos.
    Heberto Gamero

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    1. Gracias por añadir ese comentario que pone acento grave al momento que nos toca vivir. Tal vez logremos sumar compromisos que permitan detener a tiempo la total destrucción de lo que era un país con gente deseosa de vivir en armonía y juntando esfuerzos más allá de diferencias ideológicas. Abrazos

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