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5 de marzo de 2017

MÁS-BURRO, por Josué D. Fernández (*)

Las comparaciones y metáforas, valiéndose de algunas bondades o de ofensas a los animales, son tan antiguas como la Biblia, y tal vez de más atrás si se hicieran lecturas pertinentes de los jeroglíficos. Sin embargo, esa licencia para el uso indiscriminado del idioma entre gente casi siempre honesta estaría por agotarse,  de continuar regándose por el planeta el reclamo de defensores y defensoras de la dignidad de aves, mamíferos, peces,  insectos, y de cualquier otra especie de ese importante reino natural.


Un ejemplo, medio en serio,  medio en broma, lo ha aportado el mexicano Raúl Mendoza, quien hizo constar  que “con esta medida se generará conciencia sobre la conservación de animales mediante la erradicación de la violencia lingüística, logrando éxitos como lo sucedido tras la popularización, en gobiernos anteriores, del ambigenérico para referirse a las y los ciudadanos, disminuyendo con gran éxito la violencia de género que tanto daño había hecho al país.”

No obstante, aunque la nueva causa también resultaría encomiable, paralelamente se mutilaría una herencia de la que se tienen recopilaciones en diferentes idiomas y lugares.  En lo que se refiere a la Lengua Española, desde la edad “Contemporánea” ha circulado un importante registro de la revista “Atenea” N° 89 de la universidad chilena de Concepción (UdC), aparecido en 1932, con la firma del filólogo Rodolfo Oroz (1895-1997).


Sobre insinuaciones parecidas a la del título,  en el trabajo de Oroz quedaron preservadas ampliaciones del uso del término como burro, burra: hombre o mujer necia; ¡Cabeza de burro!; borrico: hombre necio; comp. también en port, burrico; asno: en igual sentido (NOTA: solamente se emplea en lenguaje literario); Comp. tb. port, asno: persona ignorante, estúpida, pedaçc de asno (Cl. Basto, en V K R., IV; fr. âne: persona ignorante o testaruda; ital. essere, un asino, un pezzo o un gran pezzo d'asino.

Por otro lado, al principio del escrito se mencionó la Biblia que es una rica fuente de analogías sacadas de la simplicidad de la vida entre pastores y ovejas y que, en igual peligro de extinción dadas las circunstancias,  despertaría además poco interés después de XXI siglos de progresos de  estrés. Sin embargo, sacado del libro de Juan, capítulo 10,  sobre todo en la Venezuela confundida de hoy, aún tendríamos tiempo de rescatar algunas pistas que allí se ofrecen para distinguir verdaderos y falsos conductores de los rebaños que se hallen extraviados.

Para estos efectos, en una interpretación libre de la “Iglesia Universal” se advierte que: El falso pastor: Entra por la ventana, como el ladrón, por su cuenta y sin ser invitado. Quien  es incauto o le gusta la mentira prefiere su voz. Quien es de Dios huye de  él. Solo quiere los bienes, el dinero de las personas, no duda en sacrificarlas por sí mismo. Viene al caso el añadido de que quien sepa leer y escribir no tiene justificación para ser otro más-burro.


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