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14 de julio de 2016

RASTREAR LA IMAGEN


“Parte importante de este manual de alto nivel está dedicada a valorar la investigación social como instrumento de partida objetiva para la acción del estratega. Sin un buen diagnóstico no hay un buen tratamiento. Y el diagnóstico de la imagen corporativa, como radar y sonar de navío en movimiento, requiere de atenciones esmeradas tanto en su indicación como en su interpretación.  Evanescencia…” es realmente magistral en estos aspectos”. Antonio Olivieri.


Antonio Olivieri



Reside en Many (Luisiana) 
Primer Premio del Concurso de Cuentos de El Nacional, 1980
Caracas, Venezuela, agosto de 1980
Premio Nacional de Periodismo (Mención Docencia)
Presidencia de la República de Venezuela, junio de 1987
Premio Municipal de Periodismo
Petare, Miranda, Venezuela. junio de 1987

                  Podría escribir un largo y emocionante libro sobre este libro. Uno sobre los autores del “Evanescencia de la Imagen Corporativa”.  Josué Fernández y Carlos Alarico Gómez son viejos amigos, compañeros de lucha en el proceso de profesionalización de las Relaciones Públicas y la Comunicación Corporativa en Venezuela, y mi admiración profesional por ellos como extraordinarios colegas sólo es superada por la alegre vivencia de tantos recuerdos anecdóticos. Hemos estado en muchos lugares, realizado operaciones conjuntas, manejado situaciones y charlado amenamente sobre tantos temas, que temo que la energía se agote antes de poder contarlo todo.

                
                 La publicación de “Evanescencia…” bajo las alas académicas de la Universidad Católica Andrés Bello, la casa que me formó y que me acogió como docente por tantos años, me llena de emociones de todo tipo.
                
                 Carlos Alarico y Josué logran condensar en un manual muy bien sistematizado, una materia especializada que hasta hace poco, precisamente por falta de buenos textos de formación y consulta, dependía en sumo grado de fortuitas intuiciones y carismas personales de los pioneros. Pero el desarrollo de la economía y el mundo empresarial ha impuesto necesidades muy claras de institucionalización y protocolización de esta actividad, tan clave en la vida corporativa como cualquier otro aspecto administrativo o de desarrollo estratégico.

                 “Evanescencia…” habrá de convertirse en texto obligatorio de la especialidad de Relaciones Públicas de las escuelas de comunicación social y también de las carreras cortas y medias, además de los postgrados relacionadas con Relaciones Públicas, Comunicación Corporativa, Publicidad Institucional, Periodismo Corporativo y disciplinas conexas.

Aunque su contenido se basa en los ahora profusos resultados de la sistematización del conocimiento de la comunicación social aplicada a las estructuras productivas, comerciales e institucionales, “Evanescencia…” puede también ser una buena guía técnica para todos los interesados en profundizar su formación y actualización en Administración Empresarial, Economía, Gerencia, Políticas Públicas, Recursos Humanos, Psicología Social y los cada vez más complejos campos interconectados.

                 Me agrada la palabra clave del título: evanescencia. Como un artista de las creaciones efímeras, desde el chef de cocina hasta el músico o el actor del teatro, la imagen corporativa no es una pieza arquitectónica perenne construida en el espíritu colectivo. Las percepciones públicas “están siendo”, y hay una dinámica que necesita ser comprendida para saber qué “es” algo en cada momento transitorio.

                 Lo que antes se dejaba a la mayor o menor capacidad de improvisación de un supuesto creador gerencial (gente muy escasa en cualquier mercado porque su calificación dependía de unos evaluadores sedientos pero exigentes), hoy (y así lo muestra esta obra de Fernández y Gómez) está siendo organizado de tal manera que se posibilita la formación de los expertos que cada vez más son requeridos en estos campos.

                 Parte importante de este manual de alto nivel está dedicada a valorar la investigación social como instrumento de partida objetiva para la acción del estratega. Sin un buen diagnóstico no hay un buen tratamiento. Y el diagnóstico de la imagen corporativa, como radar y sonar de navío en movimiento, requiere de atenciones esmeradas tanto en su indicación como en su interpretación. “Evanescencia…” es realmente magistral en estos aspectos.

                 Para evitar los riesgos de sobre-investigar, causar costos innecesarios o perder el valioso tiempo necesario para las acciones prácticas, “Evanescencia…” guía a los interesados por el intrincado mundo de los factores para planear y decidir, y los instrumentos para evaluar.

                 “Evanescencia…” es el esperado texto que desde siempre requirieron los estudiantes que integrarán las futuras generaciones de profesionales del ramo. Lo recomiendo sinceramente desde la perspectiva del profesor de la materia que estuvo muchos años creando lecciones en una incómoda oscuridad que fue siendo llenada por numerosos trabajos y tesis de grado y otros papeles profesionales que tanto las universidades como algunas corporaciones grandes entregaron generosamente al mundo.

                 “Evanescencia…” es también un excelente ejercicio de actualización para los veteranos practicantes de esas lides. Muchos sentirán la satisfacción de haber hecho lo correcto en las historias del ejercicio profesional, y tal vez otros reconocerán en las páginas de “Evanescencia…” la luz que faltaba cuando se trabajaba antes a punta de lógica y experiencia individual.

                 “Evanescencia…”, finalmente, nace con la honestidad de una declaración sobre la transitoriedad y vulnerabilidad de la tan buscada imagen corporativa. Como la significación personal o el prestigio de cualquier asunto valorado por la opinión pública, lo que “está siendo” puede “dejar de ser”, hacerse otra cosa, cambiar completamente, por lo que dejar el asunto en manos de lo incontrolado, al descuido, despreocupadamente, es simplemente un error garrafal de gerencia, de política y de percepción de la realidad.

                 Saludo a los autores de “Evanescencia…” pero fundamentalmente felicito a quienes ahora pueden utilizar, y hasta disfrutar, de un esfuerzo de pensamiento y acción bien organizado. Un libro definitivamente constructivo.

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