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26 de octubre de 2014

DOMINGO 7: Cacao por favor...



Antes de la colonización (II) actual de República Bolivariana (“RB”) por el imperio decadente de Fidel y Raúl Castro, ese territorio padeció una primera confiscación bajo el yugo de la gran España imperial (I), cuya historia arrancaría en 1492 y se extendería globalmente hasta 1898, por unos cuatrocientos años. En la primera se lucieron los llamados “grandes cacaos” por  calles y galas de las provincias de la Capitanía General de Venezuela, y ahora reaparecerían con similar monopolio de privilegios entre los  jefes del régimen, encapsulados en una estridente “Revolución Bolivariana” de inspiración y sumisión castro-comunista.

El destacado periodista y escritor Óscar Yánes -de quien ahora se recuerda el aniversario de su muerte- contó una vez que “igualmente se pide cacao desde la colonia”. Pedir cacao es pedir auxilio y se utiliza para los más variados contextos. Esta expresión data de la época de la colonia (I), cuando el cacao era símbolo de poder y de prestigio, que además daba capacidad de intercambio: los negocios se zanjaban con cacao, las cosas se pagaban con este fruto”, escribió Yánes en 2013.


En 2014, los mayores “grandes cacaos” de la revolución bolivariana estarían en poder de la silla y del palacio presidencial de Miraflores,  y de un segundo quien ejerce la posición que seguiría en importancia, el presidente de la Asamblea Nacional. Vale mencionar que en la colonia I, sin haber descubierto el petróleo,  también según Yanes  se hablaba de los "grandes cacaos" para referirse a los más poderosos mantuanos, como si el hecho de poseer haciendas en donde se cultivaba este fruto adjudicara a sus dueños mayor nobleza. Se empezó de la misma manera a usar la expresión "pedir cacao" cuando alguien anhelaba ese poder, esa capacidad, ese prestigio que adjudicaba el fruto. Equivalía además a invocar una ayuda”.

Lo más parecido hoy a aquel “pedir cacao”, quizás lo habría manifestado el Presidente de la Asamblea Nacional, en declaraciones del domingo pasado, en “El Universal”, periódico complaciente del régimen. Después de quince años sin requerir ayuda de nadie para bloquear al país con corrupción, subestimación de cualquier ciudadano que pudiera pensar distinto a ellos, incluyendo represión y cárcel, control absoluto de los poderes públicos, de repente este gran cacao bolivariano expresa que “Quisiéramos una oposición de verdad que ayude al país”. Se supondría que “ayudar al país” en estos momentos de merma del respaldo popular, sería avalar a última hora el desastre del que el régimen ha sido el único autor, completamente excluyente además en casi la totalidad de instancias.

En la acepción inicial del “pedir cacao”, referido al anhelo de mayor poder de los “grandes cacaos”, el entrevistado obviaría el expediente de mentiras oficiales  de “Aunque usted no lo crea” de la original “Globovisión”. Así, en la proyección propia de faltas a la verdad en la historia bolivariana, brotó la risible afirmación  “la oposición no tiene palabra y no la podemos tomar en serio”. En igual sentido, su sostenido rechazo a superiores ambiciones de mando. La Quinta Anauco tendría entre sus primeros propietarios al gran cacao de la Colonia I, Bartolomé Alonso de Cazales, Primer Conde de San Xavier (foto de arriba). En la colonia II, otro que aspiraria a subir de categoría,  habría adscrito el inmueble a  la Alcaldía de Libertador, como Centro de Participación Popular, afectando el patrimonio del Museo de Arte Colonial de Caracas, fundado en 1942.

 




 

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