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18 de julio de 2014

DOMINGO 7: “Sacudón”


En términos de violencia son bastante parecidos un sacudón, un jamaqueo, un derechazo o el más vulgar coñazo, en cuanto a brutalidad descargada sobre otros, casi siempre de manera ventajista. Con esas prioridades salvajes permanentes en las cabezas de quienes rigen en la República Bolivariana (“RB”), semejante tara tenía que prevalecer para denominar al conjunto de revisiones que anunciaría el régimen el martes 15 pasado, al mediodía, aunque al final terminaría siendo objeto de evasiones y aplazamientos.

Como mujer habitualmente maltratada, con ojo morado y huesos rotos tras casi 16 años de azotes parejos, la nación estaría callada soportando castigos sin entender a veces dónde y cuándo falló, o quién y por qué tomó provecho de ella hasta esclavizarla. Indudable caso –colectivo– de violencia de género tendría carácter eterno, al no preverse su condena en la “Ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia”, la cual recibió ejecútese en marzo 16 de 2007.



El “sacudón” que asomaba amenazante quedó para mejor momento, y la mujer maltratada hace cálculos infelices porque tal vez se olvide la pela avisada, se cambie por torturas graduales menores, o aun reciba perdones como en tantas ocasiones en que el marido volvió arrepentido a decirle que los abusos no se repetirían. De esas cosas no se sabe claramente por el temor de las victimas a confesarlas, pero hay relatos sobre la culpa que se echan sobre ellas mismas por provocar la paliza, al hacer perder los estribos a sus atacantes, cuando ellos en realidad por amarlas demasiado, solo deseaban escarmentarlas por bien suyo.

El expediente de atentados contra la mujer, tras el andamiaje de “RB”, alcanza por extensión a medio país que aguanta callado, aunque se cuenta a algunos responsables individuales apresados in fraganti, por lo general en medio de escándalos pasionales. El promedio de denuncias e investigaciones sería apenas de un 2%. Sin embargo,  resulta descomunal la impunidad para  causantes de los peores daños los de carácter masivo, derivados de órdenes de represión y exterminio de manifestantes. El suicidio del boxeador Edwin Valero, el día después de asesinar a su esposa, tipifica la primera lista. En la segunda, únicamente aparecen nombres de  mujeres agredidas públicamente,  debido a complicidades para encubrir a agresores.


Cuando la violencia del “sacudón” se haga realidad finalmente ahora aplazado para agosto,  los más conformistas comprobarán una desgracia mayor porque el régimen genocida sentirá que sus privilegios siguen esfumándose. Desde 2002, quizás antes, crecieron los  moretones sobre cuerpos y dignidades de mujeres pisoteadas, constatados por Elinor Montes, María de Lourdes Afuni, Marvinia Jiménez, María Corina Machado. De máxima gravedad, por acción y omisión,  las defunciones de  Geraldine Moreno Orozco, Glidis Karelis Chacón Benítez, Doris Elena Lobo, Gisella Rubilar, Mariana Ceballos, Génesis Carmona, María Julieta Heredia, Luzmila Petit de Colina; y la de Adriana Urquiola, de cuya muerte con 5 meses de embarazo, se incrimina a Yonny Bolívar, alias “Capitán Bolívar”, escapado de “RB” con consentimiento de funcionarios.


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