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18 de abril de 2012

A contrapelo del análisis-propuesta para el Consejo Nacional de la Comunicación Social de Venezuela


Sigue la visión y comprensión del 'asunto comunicacional', de perspectivas para la libertad de expresión y de opinión, y del  rol que asume del CNP, mi colega  y amigo que,  para esta ocasión, se presenta a sí mismo como:
Lic. Andrés Simón Moreno Arreche

Ex miembro del CNP - Propagandista, mercader de creatividad estratégica y mercenario de la comunicación persuasiva.  Firmo como Licenciado, porque tengo una licencia de 3º grado para manejar automotores... Y otra, quizás igual de importante, para manejar la comunicación y manipular a los públicos, expedida por la honorable Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.
1.- Medios, libertad y expresión de la opinión
No me consta, amable lector,  si tú tienes clara y correctamente delimitadas las diferencias y las similitudes entre ‘expresión’, ‘información’ y ‘opinión’, que son tres vocablos relacionados con la ‘comunicación’, que se han popularizado en estos días, y que son ‘un coco’ para reporteros, articulistas y también para el público que tiene acceso a los medios de comunicación... De lo que no me cabe la menor duda es que se trata de tres términos que se confunden en su significado y tal confusión atemoriza, como aquellas ‘tres marías’ a las que nos enfrentábamos en bachillerato: Matemática, química y física.  En este caso, la solución es la misma que nos recomendaban los profesores y nuestros padres: Estudiar para aprender.
Y es que conocer las diferencias es fundamental para definir con exactitud qué queremos significar y a qué se refieren las personas y las instituciones que las utilizan. Vayamos a por el Diccionario de la Lengua Española, en su XXII edición y comencemos por el principio de los aprendizajes: El contraste de los conceptos:
Comunicación. (vocablo femenino que proviene del latín communicatio – önis) Acción y efecto de comunicar o comunicarse. //2. Transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor.// 6. Papel escrito en que se comunica algo oficialmente. //7. Escrito sobre un tema determinado que el autor presenta //9. Pl. Correos, telégrafos, teléfonos, etc. V. medio de... -, vía de...-
No queda duda: La comunicación es un acto deliberado de transmisión de mensajes; de mensajes orales, escritos, gestuales o abstracto-simbólicos que implícitamente ‘expresan’ y ‘significan’ porque el que comunica y el que recibe el mensaje comparten un código en común: el lenguaje. Hagamos la primera pausa: Cuando decimos que un medio es de comunicación y además afirmamos que esa comunicación es social... ¿Qué se pretende significar con ese término? Precisemos, antes, qué es  social para armar el concepto:
Social. (Del lat. sociälis) Adj. Perteneciente o relativa a la sociedad. // 2. Perteneciente o relativo a una compañía o sociedad, o a los socios o compañeros, aliados o confederados. V. asistente -, beneficiario de la seguridad -, caculo -, capital -, ciencias –es -, clase -, domicilio -, gasto -, insecto -, obra -, persona -, presión -, prestación -, razón -, salario -, seguridad –
Por lo definido, se entiende como ‘comunicación social’ aquel conjunto de mensajes transmitidos de manera oral, escrita, gestual o abstracto-simbólica; que pertenecen a la sociedad en virtud de que quienes comunican y reciben mensajes comparten un lenguaje de códigos comunes. La comunicación es social, pero también es variable por la forma en que se utilicen los códigos; por los medios y los soportes a través de los cuales se colocan esos códigos, y varía de acuerdo con el ‘enfoque’ del contenido (de interés público o privado, de servicio comunitario o corporativo, de objetivos publicitarios o propagandísticos, o una mezcla de todos estos enfoques),  y en directa relación al acceso, abierto o restringido, de la sociedad en relación con los medios o soportes sobre los que se transmite: un acceso que puede ser unidireccional, o bidireccional, en relación directa al grado de apertura o exclusión de las audiencias, no sólo del medio; también de la línea de apertura del programa y de su conducción.
Cuando se regula la actividad de los medios masivos de comunicación social, sean estos públicos o privados, con leyes y normas civiles, mercantiles y penales... ¿Se le pone límites a la libertad de expresión?  En principio no, porque las regulaciones tienen como objetivo final delimitar escenarios, acciones y actores para darle fluidez a los procesos y un marco de legalidad a sus resultados. Además, toda actividad humana (y la comunicación social es la más humana de sus actividades) debe tener normas básicas para regirse de alguna manera por un corpus legal; por algún códice de conducta que determine hasta dónde la información es ‘eso’... Información, y a partir de dónde deja de ser ‘eso’ para convertirse en deformación de los hechos.
Pero un exceso de regulación provoca el efecto contrario al originalmente deseado. La penalización de la información a través de la figura difusa de los ‘delitos mediáticos’ no regula las formas socialmente convenidas para la expresión sino que la criminaliza, y con ello cohíbe a los ciudadanos de expresarse con total libertad. 
Así que ya tenemos un concepto definido: Medios de comunicación no son, única y exclusivamente, aquellos vehículos o soportes públicos o privados, (canales, emisoras, periódicos, etc.) a través de los cuales, y de manera masiva y unidireccional, se transmiten expresiones que tienen significados de información y/o de opinión. También son medios de comunicación aquellos instrumentos ‘no masivos’, como las carteleras, la ‘voz al cuello’ (también conocida en Venezuela como ‘radio-bemba’), los grafitis, la música y todas las otras manifestaciones culturales que requieren de un medio o de un soporte (como el escenario, la tela, los instrumentos musicales, etc.) para expresar, a través de un lenguaje de símbolos comunes, cualquier significado.
¿Y quiénes son comunicadores sociales? Existe una profesión universitaria que toma del colectivo esta denominación para identificar a aquellos profesionistas egresados de un tercer nivel (licenciatura) que se desempeñan profesionalmente en las variadas formas de la comunicación social: Desde la comunicación impresa, a la comunicación comunal, la corporativa, y la persuasiva de la publicidad y la propaganda.  Pero comunicadores sociales somos todos los que en sociedad hacemos uso del lenguaje en sus muchas y variadas manifestaciones, para la expresión de hechos que se consideran noticias, y también para expresar ideas y opiniones.
Expresión. (Del Lat.expressio – önis) f. Especificación, declaración de algo para darlo a entender //2. Palabra o locución //7. Ling. Aquello que en un enunciado ligüístico manifiesta los sentimientos del hablante. // Lig. En algunas corrientes de la fraseología, combinación lexicalizada de palabras que no permite variación morfológica. corporal Técnica practicada por el intérprete para expresar circunstancias de su papel por medio de gestos y movimientos, con independencia de la palabra.
Si llevamos el concepto de ‘expresión’ al terreno de la comunicación social, no hay duda que la ‘libertad de expresión’ es, en esencia, la libertad de pensamiento, que es un derecho a manifestar, defender y propagar las opiniones propias, vale decir, de ‘expresarlas’ a viva voz o por los medios que tenga a su alcance, sin más limitaciones a ese derecho que las que establecen los códigos que regulan la inter relación de los individuos en las sociedades.
La expresión presupone la existencia de libertades básicas y fundamentales para el intercambio de información y de opiniones. Estas libertades están condensadas en la Declaración de los Derechos Humanos que asume a la ‘expresión’ como un derecho inherente a la condición humana. La expresión también requiere del libre y democrático acceso de todos, o de grupos con representación colegiada, a los medios... A todos los medios, sean estos masivos o no, y es por ello que la Libertad ‘es’ de expresión, no de medios. Si la libertad fuera ‘de medios’, todos tendríamos el derecho natural y directo para instalar una emisora de radio en nuestra casa, o el derecho a imprimir ‘nuestro’ periódico.
Visto así, los periodistas y los medios, que nadie niega sean esenciales para dinamizar en las sociedades humanas el flujo de noticias y de opiniones, no son más que instrumentos que activan e intensifican la comunicación de las expresiones, que individual o colectivamente manifiestan los públicos; pero son sólo eso: intermediarios. Terceros entre el suceso y los públicos, un público al que abusadoramente definen como ‘sus’ audiencias, como si la sintonía de un medio radioeléctrico o la lectura de un medio impreso estableciera una situación de dependencia vertical y de dominación entre ellos, en su rol de comunicantes intermediarios, y nosotros como originadores y al mismo tiempo destinatarios de los mensajes expresados.
Pero la libertad de expresión es de todos y no exclusivamente de los medios ni solamente de los reporteros. Todos debemos defenderla evitando que la expresión sea secuestrada y hasta distorsionada por los intermediarios, de cualquier bando o tendencia política, que hacen de la transmisión masiva de noticias, sucesos y opiniones, la promoción propagandística de sus ideologías, con el deliberado propósito de subsumir la verdad y condicionar a su favor la opinión de los públicos.
Lo que se debe promover es la sana existencia de una pluralidad de medios de comunicación social, masivos o no, para la coexistencia en igualdad de oportunidades de muchas opiniones diversas.

2.-  Periodistas vs. Comunicadores
No se trata de un enfrentamiento gremial, pero es una realidad que si bien todo periodista es per se un comunicador, no necesariamente los comunicadores son periodistas. Y en este aparente juego de adjetivos se encuentra un espeso mar de fondo, fangoso y escurridizo, que tanto periodistas como comunicadores no hemos querido cruzar, unos por miedo a hundirnos en él, otros por desidia e indiferencia, los más por comodidad. Son miedos que se desarrollan y subsisten, como Borges decía de las amistades inglesas, “extrañas y prolongadas, de esas que comienzan por excluir la confidencia y terminan por omitir el diálogo.
Y no existe mejor escenario que el actual, en el que se habla de una ‘deslegitimación’ de la Ley del Ejercicio Profesional del Periodista, para dirimir, redefinir, deslindar y hasta coincidir en apreciaciones conceptuales y operativas para ambas actividades, que no sólo permitan la reconfiguración de profesiones afines y complementarias entre sí, sino que también sirva para hacernos crecer dentro de la dinámica de los escenarios presentes.
Pero ¿Qué es un periodista? Vayamos al diccionario y a la Ley del Ejercicio profesional para comenzar por el principio: dirimir, y deslindar ‘qué es’ con lo que ‘no es’. Veamos:
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española lo define así:
Periodista n. m. y f. “Persona que ejerce el periodismo”. Periodismo n. m. 1. “Profesión de los que escriben en periódicos o revistas, o participan en la redacción de programas informativos radiados o televisados. 2. “Estudios o carrera de periodista.”  
De acuerdo con el Artículo 3 de la vigente Ley del Ejercicio Profesional del Periodismo,
Son funciones propias del periodista en el ejercicio de su profesión la búsqueda, la preparación y la redacción de noticias; la edición gráfica, la ilustración fotográfica, la realización de la entrevista periodística, reportajes y demás trabajos periodísticos, así como su coordinación en los medios de comunicación social impresos, radiofónicos y audiovisuales, agencias informativas, secciones u oficinas de prensa o información de empresas o instituciones públicas o privadas.”
Para reafirmar la actividad reporteril del periodista, el Artículo 8 reza, ad litera,
Artículo 8.- El secreto profesional es derecho y responsabilidad del periodista. Ningún periodista está obligado a revelar la fuente informativa de hechos de los que haya tenido conocimiento en el ejercicio de su profesión.”
La comunicación es otra cosa, más amplia, multifacética, que incluye al periodismo pero lo trasciende. De hecho la comunicación asume al periodismo como una de las manifestaciones de la comunicación social, siendo las otras la comunicación publicitaria, la comunicación institucional, la comunicación comunitaria, y la más ‘pervertida’... La ‘oveja negra’ de la comunicación: La comunicación propagandística, que en sus múltiples vertientes (propaganda electoral, propaganda proselitista, y otras muchas más) asume al periodismo como una de sus muchas herramientas.
Quienes hacen del periodismo una profesión, tienen la potestad de regirse por una Ley de Ejercicio, que contempla responsabilidades y derechos que como vemos, están delimitados por la actividad reporteril de la noticia y del suceso. Tal es el caso de la Ley del Ejercicio profesional del Periodista, de la que se deriva, en el Capítulo II, Artículos 11 al 33, la creación y organización del Colegio Nacional del Periodista.
Pero ¿Dónde quedan contemplados, protegidos y respaldados los que hacen Comunicación Publicitaria? El corpus articulado de la Ley del Ejercicio del Periodista nada dice sobre aspectos esenciales de la actividad del publicista, como ¿De quién es la autoría intelectual de un jingle comercial? ¿Del compositor, del creativo, de la Agencia de Publicidad o del Cliente?... ¿De quién es la responsabilidad de una campaña publicitaria engañosa? ¿Del anunciante que mintió al suministrar información, de los creativos de la agencia o de los medios?
Tampoco dice nada esta Ley acerca de los alcances y obligaciones de la comunicación comunitaria, como tampoco de la Comunicación Corporativa y mucho menos sobre la Comunicación propagandística. Quienes ejercen la propaganda como comunicación (desde los que diseñan estrategias hasta los que aplican las tácticas) necesariamente están fuera del marco del Código de Ética del periodista, pues uno de sus instrumentos es la desinformación, la manipulación de los hechos y la tergiversación, pues el que hace propaganda no está en la búsqueda de la verdad, sino de prosélitos o de votos.
Visto el escenario resulta obligante aceptar que si bien el Colegio Nacional de Periodista (y la Ley que le da soporte) aceptan en su seno a publicistas, relacionistas y a propagandistas, mal puede concebirlos y ampararlos pues las actividades de éstos trascienden y hasta trasgreden la de aquéllos.
Y una última consideración habría de discutirse con amplitud de criterio y noción de globalidad: El hecho de que la formación como egresado de una universidad reconocida por el Colegio, sea no sólo el requisito sine qua non, sino que esa licenciatura actúa como una especie de ‘patente de Corso’, sin la que es posible ingresar al Colegio y ejercer como periodista.

3.- Una Ley innecesaria
Aseguró William Echeverría, cuando fue presidente del Colegio Nacional de Periodistas (CNP), en un interesante artículo publicado en El Universal, con la pluma de Alicia De La Rosa, que...
"no están negados a discutir sobre la actual Ley del Ejercicio del Periodismo, pero en estos momentos no hay condiciones políticas, económicas y jurídicas para hacer un debate equilibrado, tomando en cuenta los alcances que tiene esta ley".
Cuando le escuché no pude evitar hacer mentalmente un ‘flash-back’... Corría el año 1974 y quienes nos formábamos en las aulas universitarias debatíamos con insistencia aquel paso que se estaba dando desde el seno de los reporteros y la A.V.P. (Asociación Venezolana de Periodistas) para colegiar a sus integrantes, una moda que se generalizó entre las tantas actividades profesionales que 'envidiaban' a los médicos, los ingenieros y los abogados, el tener 'una ley' que regulaba sus actividades. Y como añadidura, pretendía colegiar a quienes estaban egresados de una "universidad de reconocido prestigio" y también a quienes nos íbamos a graduar a partir del año 1975, desde que entrara en vigencia la Ley del Ejercicio Profesional del Periodismo", impulsada a sangre y fuego por el excelente periodista y aún mejor profesor Héctor Mujica, a la sazón su primer Presidente.
Decía que existió un debate, al menos en las aulas de la U.C.A.B. de aquellos entonces porque algunos de nosotros orientábamos nuestra carrera hacia otras manifestaciones de la comunicación social, como la Comunicación Audiovisual (Televisión y/o Radio), la Publicidad y las Relaciones Públicas, (Mercadeo, Periodismo Comunitario y otros enfoques no existían como especialidad) y considerábamos que pertenecer a un colegio 'de periodistas', de buscadores de noticias, de reporteros informativos, no representaba aquellos otros quehaceres de la comunicación social. Fuimos muy pocos quienes levantamos nuestra voz de inconformidad y como suele ocurrir en las democracias imperfectas, nuestra oposición fue derrotada y todos a una (como en Fuenteovejuna) aprobaron que nuestra promoción tuviese el pomposo apelativo de "Iª Promoción Colegio Nacional de Periodistas." Mantuve tozudamente mi posición y me gradué 'por secretaría'. No quise pertenecer a esa promoción con nombre oportunista,  y hasta aquí la historia de mi oposición. 
Debo reconocer que graduandos como Gabriel Szepesi, Susana Rotker (+), Norma Rivero (+)  y Armando Mentado me instaron y hasta me llevaron a colegiarme en el 'poderoso' jeep Toyota de Armando, inscripción que hice con 'unos cobres' que me prestó Susana (y que jamás le devolví) y como trámite burocrático, pues de no estar colegiado no podría optar por la prima de profesionalización con mi patrón de entonces... ¡Hasta en eso se inmiscuyó el Colegio Nacional de Periodistas! Estableció desde sus inicios una especie de 'patente-de-corso-comunicacional'. Si no estabas en 'el colegio' no eras profesional, aunque fueras el mejor reportero o el mejor de otras manifestaciones de la comunicación social.  Y sin ese requisito, me quedaba con los 1.750 bolívares de mi sueldo, en vez de disfrutar de los 4.503 bolívares 'de periodista'.
También hubo una especie de 'cacería de brujas' en los años iniciales de 'el colegio'. Duchos y probados reporteros, de esos de verdad verdad,  incansables buscadores de noticias, con sindéresis profesional e impecable estilo y redacción, tuvieron que pasar penurias y hasta exámenes, para probar lo que comprobadamente habían demostrado durante años y años, bien desde la A.V.P. bien desde el ejercicio libre y liberador del reporterismo impreso o radial. Daba vergüenza ajena ver cómo aquellos veteranos de la información, la mayoría mejores periodistas que los que nos graduábamos en esos años, corrían de aquí para allá, buscando cartas de trabajo y constancias de desempeño profesional. La profesionalización, que tanto defiende el actual presidente de 'el colegio' se convirtió entonces, y ahora también, en el más aberrante instrumento del apartheid profesional en la historia de Venezuela. Conocí casos desgarradores, como el de aquel reportero de la Oficina Central de Información (tiempos de CAP I) a quien Alberto Federico Ravel, a la sazón, Director de la OCI, le negó la prima de profesionalización porque el pobre hombre no encontró quién le avalara sus 35 años previos como reportero radial, y tan sólo podía respaldar los pocos años que tenía en la OCI. El amigo (de quien me reservo nombre, pero que todos conocíamos como 'Camarita', el 'Camarita' original, no el otro) murió sin colegiarse y en su lecho de moribundo me confesó que sus mejores años los pasó como reportero radial y miembro activo de la A.V.P. pero que moría 'como periodista'. Otro caso de vergüenza para el colegio' es el de mi amiga Norma Rivero, periodista y reportera de las mejores y colegiada de convicción, quien murió recientemente sin la ayuda ni el soporte financiero de 'el colegio', al que aportó religiosamente sus cuotas, tanto de afiliación como de Monte Pío (desconozco si tiene ese nombre). Al final de sus días fuimos sus compañeros de graduación quienes le respondimos solidariamente. Unos más que otros, pero todos con el corazón en la mano y el alma en vilo por su desaparición física. Como se suele decir por estas tierras zulianas, 'me dio inquina' el colegio. Me provocó 'un arqueo' moral que aún perdura. Y pensar que la noble y buena de Norma murió 'colegiada' me da náuseas.
Pasaron los años y con ellos una pátina de desvergüenza e indolencia cubrió, no sólo las penosas y en muchos casos ruinosas sedes de 'el colegio' en el país, sino también al 'ejercicio profesional' del que tanto se jactan sus integrantes. Más allá de los negociados que realizaron las distintas juntas directivas de 'el colegio', (que jamás se han investigado a fondo hasta hallar y castigar civilmente a los depredadores que causaron terribles daños patrimoniales a sus afiliados) aún obviando su innecesaria presencia en el mundo de la libertad de expresión, hay algo que define y caracteriza a la inmensa mayoría de los comunicadores sociales afiliados en 'el colegio', que ejercen de periodistas (nunca como reporteros...Les da pena el término) a través de los distintos medios de comunicación, tanto privados como públicos: Un pobre manejo del lenguaje.
Basta con leer cualquier periódico (tanto los de circulación nacional como los de cobertura y alcance local) para comprobar el pobrísimo desempeño redaccional de la mayoría de estos profesionales colegiados (Yo los denomino profesionistas de ocasión). Alguna vez conté 1.058 errores en uno de esos periódicos y llamé a mi compañera de estudios universitarios y mejor amiga, Taisa Medina, pero no pude ubicarla. Le envié por MRW los errores, gazapos y 'buotades' redaccionales, debidamente marcados y subrayados en el ejemplar de ese día, pero no sólo no me respondió como lector asiduo que soy de ese diario (no era necesario) sino que tampoco hicieron algo para mejorar la redacción. Días después batieron su propia marca... Nada de qué alegrarse.
Casos similares podría referir aquí de al menos 25 diarios, pero esta nota se convertiría en una interminable letanía que cansaría injustamente al lector, quien estoy seguro ya ha sido 'víctima' y conoce de cerca la pésima redacción de 'los colegiados' que escriben en el diario que usualmente leen . Es que se ha desatado hace años una verdadera 'pandemia de mala praxis redaccional', tanto en los medios impresos como en los audiovisuales, y uno se pregunta ¿Qué ha hecho 'el colegio' antes o ahora, ante esta situación que afecta directamente a la expresión de las ideas? ¿Dónde están las acciones preventivas  - y las correctivas -  que arreglen esto? ¿Cuál es el artículo de la pomposa 'ley del ejercicio del periodismo' que obliga al periodista a expresarse correctamente? Y de haberla implícitamente, ¿Por qué no se aplica?
La 'mala praxis comunicacional' también se observa en el periodismo audiovisual. Los 'colegiados' no saben interrogar a sus entrevistados, porque las más de las veces sus preguntas son un galimatías confuso de sus propias opiniones. Me refiero a esas muchachas y muchachos que les asignan una fuente de noticias y un micrófono en la mano, y ni siquiera investigan a la misma fuente, pues tan sólo se dedican a 'ametrallar' de preguntas incoherentes y más que tácitas al entrevistado. Y uno que está siendo testigo de 'eso' no le queda otra opción que amoscar un gesto de repudio, para volver a decir mentalmente, por enésima vez... "Dios mío ¿Y qué le enseñaron a ese muchacho/a en la universidad?"
Si un ingeniero o un arquitecto no conoce ni domina las reglas matemáticas elementales, no podrá calcular bien, se le derrumbará la construcción, y de acuerdo con la Ley que regula su profesión, tienen responsabilidad civil y penal que está vigente durante muchos años después de levantado el inmueble. Si a un médico, por desconocimiento o por mala praxis, se le muere un paciente, también deberá responder con su patrimonio y con su libertad personal, juicio de por medio. ¿Y qué sucede cuando un periodista 'colegiado' redacta mal o tergiversa una noticia? Hasta ahora, nada. ¿Y si es una noticia económica que por su 'mala praxis' produce un efecto económico desastroso para el país? Nada, amigo lector, no pasa nada. 'El colegiado' o el medio se limitarán a publicar una fe de errata, o en algunos casos, un 'derecho de réplica'. ¿Y las consecuencias que generó la desinformación por mal uso del lenguaje, quién las paga?
Pero en el C.N.P. no se preocupan por eso. Para ellos, lo importante es lo suyo: que la colegiación continúe como una jugosa patente de corso exclusiva para sus colegiados. Nadie más puede, aunque deba, ejercer el reporterismo ni la búsqueda de la información oportuna y veraz. Nadie, sólo ellos, aunque eso signifique que tanto el lenguaje como el desempeño sean cada vez más pobres. Mientras la desinformación por 'mala praxis' redaccional cunde y prolifera por todos los medios de comunicación, con la mirada cómplice y celestina de los dueños...¡y del mismísimo gobierno, que también actúa como patrón, en el C.N.P. se niegan a aceptar esta realidad, tampoco a discutir la modificación in profundis de 'su' Ley de Ejercicio Profesional.... Mucho menos (¡Jamás de los jamases!) a convocar un referéndum entre la sociedad para medir si ésta aprueba el desempeño profesional de sus miembros o si considera inútil o productivo para ella (la sociedad civil) la existencia de 'el colegio' en los actuales términos, en las presentes circunstancias y con la actual Ley de ejercicio. La posición politiquera y alejada de la realidad del C.N.P. está perfectamente definida por su actual presidente, quien le declaró a El Universal:

"Este no es el momento de una reforma (se refirió Echeverría a la Ley del Ejercicio Profesional del Periodista) porque existe en Venezuela una porción del país que quiere imponerle a otra su proyecto político, conformando un cerco legal que vulnera los derechos de los ciudadanos, no tenemos un Parlamento equilibrado; sin embargo, no nos escondemos para dar el debate", Echeverría insistió en que la ley actual debe mantener como principio fundamental la profesionalización. "Ese es un principio irrevocable, que no acepta cambios, porque es estrictamente necesario para ejercer la profesión obtener el título de licenciado en Periodismo. Yo no creo que ningún periodista de ninguna tendencia esté en desacuerdo con la profesionalización".
Si, señor Echeverría, yo también estoy de acuerdo con la 'profesionalización', no sólo del reporterismo sino de la comunicación social en todas sus vertientes e implicaciones, pero esa condición profesional debe revisarse internamente y con estricto juicio, antes que nada, entre los miembros de 'el colegio' que usted preside. La profesionalización de la comunicación comienza por el principio: Por el buen y sano uso del lenguaje. La profesionalización del reporterismo comienza por el principio: Por saber preguntar y saber escuchar. Antes de modificar la actual Ley, habría que provocar una consulta en la sociedad que les lee, les ve y les escucha para preguntarle sobre la pertinencia y el beneficio social de 'el colegio' ¿Se atreve la actual junta directiva de 'el colegio' a someterse al escrutinio público de sus lectores, radioescuchas y tele espectadores, a través de un referéndum?
La expresión de ideas, juicios y pareceres individuales; la búsqueda de la verdad y la comunicación del hecho noticioso que se manifiesta públicamente a viva voz o a través de los medios, debe tener como único límite las normas del Derecho Civil pero, ni se colegia, ni se restringe a una élite universitaria, porque ello atenta contra un initius excelsus de la libertad de expresión, consagrada como un derecho humano.

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