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16 de septiembre de 2011

DOMINGO 7: “DECENTES”

Por Josué Domingo Fernández Alvarado


La utilización del término “decente”,  hace tiempo ambiguo  y en desuso, pero expresado con mucha frecuencia  por el canciller Nicolás Maduro para calificar a sus compañeros de partido, o a sus obras, ahora es ofrenda para cuatro funcionarios del gobierno que él representa en el exterior, quienes fueron  incluidos en lista negra de narcotraficantes de la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC),  teniendo en cuenta la presunta colaboración con la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el tráfico de drogas y armas.
El hecho ocurre  en medio de  la conmemoración de los cien años del nacimiento de Mario Moreno “Cantinflas”, desde el 12 de Agosto pasado, con evocaciones de su cinematografía superior al  medio centenar de títulos, entre 1936 y 1981, diecinueve de ellos a color, comenzando en los cincuenta cuando  llegó a convertirse en referencia mundial excepcional en particular para  los países de habla hispana. En el aparte de internet titulado “Mario Moreno Cantinflas, Tributo A Su Vida, Películas Y Obra” se deduciría que en su empeño por promover la decencia “siempre se podía ver cómo pretendía dejar en el corazón del público ejemplos sanos de vida, criticando a aquellos poderosos mezquinos”.
Puede que de esa vigorosa influencia, aún viva,  se desprenderían razones por las cuales, a partir de los cincuenta, en casi toda Venezuela la clase social de la gente decente era la de mayores aspirantes a ingresar a ese estrato de los “buenos y sanos”, mientras que las masas serían apelotonadas de manera despectiva como gente humilde, por aquella misma élite de la época. Los  más “echones” y presuntuosos de contarse entre los decentes -de no estar catalogados de “santurrones”- tenían “queridas” e “hijos naturales” a la vista pública, ejemplo que se reproducía en la generación siguiente de varones. Cualquier exceso ostensible, especialmente de alcohol en sus variadas presentaciones, allí se toleraría como “ocurrencias de hombres” y de alguna otra mujer débil. La complicidad podía llegar hasta a los gatos,  debidamente entrenados para cubrir con tierrita  los fraudes, desfalcos, desvíos de fondo, extraños incendios de pruebas comprometedoras y similares, en empresas gubernamentales o privadas donde estuviesen involucrados los privilegiados. A las cárceles sólo iban los pendejos de extracción diferente, tal le pasa a los presos opositores del régimen actual. 
Como consecuencia de las evidencias acumuladas, el significado positivo de “decente” se perdió y, partiendo de una de sus extensiones amañadas, Cantinflas lo pudo advertir cuando apuntó ¿Jugamos cómo caballeros o cómo lo que somos? ...digo, porque hay que dejar las cosas claras... y que quede en el aita (acta)! porque como quien dice, que una vez dijo y me pareció bien que lo dijiera (dijera)... uno quiere... la verdad!, pero si el otro individuo no quiere... se le sale el indio a uno y ahí sí... como quien dice que me tengan o lo vuelvo camote!  De esas cosas cotidianas en América latina, para 1940 ya había quedado testimonio de "Ahí está el detalle, señor juez, no es lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario".
En la Venezuela del 2011, de regreso a dicotomías simplistas que se daban por superadas, por los repetidos tropiezos con la cruda realidad, y a troche y moche se insiste tercamente en delinear dos bandos excluyentes, irreconciliables según lo repiten los gobernantes, integrado por los “decentes”  del lado oficial a decir del Canciller, y de los otros que, como antes, quizás vendrían a reivindicar a la masa “humilde” tradicional.  Una confesión de los “pesados” -sin medir consecuencias-, que descubre la pérdida del gobierno de la  identificación y sintonía que presumía con tales mayorías “humildes”, a pesar de las invocaciones dirigidas a ellas y remachadas en cada oración en cadena de radio y televisión. 


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