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16 de abril de 2011

DOMINGO 7: “YO TENÍA UNA LUZ…”

Por Josué Domingo Fernández Alvarado





 


La luz, ese elemento que hace que cobren vida todos los seres y objetos invisibles en la oscuridad, se tiene bien ganada el ser la referente preferida del alumbramiento de los recién nacidos, pero también de la muerte cuando ella se apaga. De las ilusiones, esperanzas y alegrías cuando más brilla en los rostros, o de las tristezas y calamidades cuando se desvanece. Se percibe que le correspondería a la luz el acompañar la existencia de cuanto ocupa espacio en el planeta que habitamos, y hasta determinarla en la mayoría de los casos conocidos.

Sin embargo, por la negligencia resultante en un apagón de energía eléctrica en el terreno práctico diario, casi como un hecho de homicidio culposo por quienes faltan a la debida responsabilidad de sus cargos para mantener ese servicio sin interrupciones, los enfermos de mayor gravedad en hospitales podrían sufrir la paralización de su  tratamiento en ese mismo momento y sobrevenir su defunción. Igual suerte correrían los atrapados en ascensores con dolencias del corazón, o los desplomados hacia la fosa, o los sujetos de emboscada por el aprovechamiento del hampa de su superioridad acentuada en tales circunstancias.

El juego macabro que  presencia Venezuela actualmente, en materia de recursos reales para atender los servicios públicos y en especial la electricidad, no tiene culpables más allá de las hipótesis de idiotas sustentadas en causas atribuidas a iguanas, fenómenos atmosféricos y, más recientemente, a incendios. Sólo ocurrencias de “vivos” que subestiman la elemental inteligencia de los demás, para encubrir la vulnerabilidad del sistema eléctrico por la falta de los fondos que debieron invertirse oportunamente en el país, pero que fueron a parar en dádivas para prolongar la agonía de la dictadura comunista cubana asociada a este régimen, o para favorecer los negocios de sus comisionistas. También para la promoción de adhesiones de varias naciones a las que se les impondrían las mismas calamidades que ahora se aguantan localmente. Como ironía, a ese plan se le llama de los “Países del Alba”, cuando ellos quedarían completamente sin luz o a punto de perderla con el fracaso evidente de su  nodriza.

Hace una semana, otra vez recrudeció la crisis cuyo nuevo capítulo quedó registrado en la prensa esta vez como “el más severo apagón de los últimos diez años”, por la colega Mariela León. Se documentó  el encabezado con la más reciente anotación al expediente  de fallas eléctricas que, en 2008,  incluyó al menos cuatro apagones de gran magnitud (abril, septiembre, octubre y diciembre) con gran impacto en todo el país.  En 2009 se registraron cuatro perturbaciones de amplio espectro (mayo, agosto y dos en septiembre) y en 2010, se destacaron 3 interrupciones grandes, pese al programa de racionamiento a nivel nacional, a propósito de la crisis eléctrica. El asunto sería que se habrían  ignorado las señales del deterioro acumulado de las actividades de generación (déficit), transmisión y distribución (falta de mantenimiento y obsolescencia de equipos).

Como ya se ha venido leyendo toda la semana pasada, es el pueblo el que deberá hacer el sacrificio de racionar su consumo eléctrico, directa o indirectamente, aunque represente nada más que un 20 por ciento del total. En términos de deuda equivaldría a alguien a quien le están cobrando 100 y solo tiene 20 para pagar, y así desea saldar el asunto. Los racionamientos domésticos sirven para poco, porque la restitución del servicio se emplea inmediatamente para lavar, planchar, y realizar las demás actividades que se suspendieron por falta del recurso. Como fue una decisión iluminada el atraso de media hora en Venezuela, en el 2007,  en el gobierno no se escucha que regresar al huso horario anterior permitiría que todavía hubiera luz natural hasta la 6 y 30 o 7 de la noche, según la época del año, y así reduciríamos el encendido de luces colectivo, con el consecuente ahorro inequívoco.  Como todo no es malo, las esperanzas e ilusiones alumbradas y timadas con el discurso populista de 1998, también estarían pereciendo con la misma progresión de la falta de luz.

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