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12 de febrero de 2017

JUEGOS DE NIÑOS-ADULTOS, por Josué D. Fernández (*)

En muchos adultos prevalece un recoveco cerebral  en el que queda anclada la complacencia de pasar el tiempo jugando a lo niño,  y  de la que no se zafan pasadas la adolescencia, la madurez ni la vejez.  Durante casi  toda sus vidas, los desafíos que lograrían percibir solo tendrían  significado para ellos a través de asociaciones con juegos analógicos o digitales, normales ambos en sus dominios particulares. 

La experiencia les enseñó que los juguetes unipersonales de antes aguardaban con fidelidad que sus dueños les requirieran en acción para entrar de nuevo en movimiento, con baja demanda de exigencias: trompos, yo-yos, cuerdas, entraban en esa colección. Por su lado los electrónicos de ahora, si llegaran a colgarse en modo estático, sería cosa de un “reseteo” para restaurar la diversión. La imagen del entretenimiento del  gato con el ratón resumiría la base de sus actitudes más frecuentes, en cualquier caso.

Los días de esos seres transcurren lejos de preocupaciones, comprobado hasta el cansancio en su mundo exclusivo que las complicaciones se las busca la gente por simple terquedad. En la memoria tienen grabadas igualmente las ocasiones que interactuaron con otros semejantes −para continuar la recreación−, en rutinas con salidas de escape o paradas a la mano para recuperarse del cansancio, por carreras de “atrápame si puedes”, para “librar” si se trataba por ejemplo de “la eres” o  “el escondido”, y similares. Riesgo cero.


Sin embargo, los juegos de niños-adultos consiguen escalar a niveles insólitos por agotamiento de la novedad, que lleva al aburrimiento. De extrema peligrosidad al atravesar el rango de psicópatas. Los misiles de Kim Jong-un en Corea del Norte son ejemplos de amenazas en esa dirección. En linderos cercanos a estas vecindades, los incrédulos del potencial de degeneración al que sucumben y arrastran los descarríos, en forma consensual o no,  tienen una muestra “light”  para revolverse en pantalla gigante en la película preliminar  “50 Sombras de Gray”. La segunda parte se acaba de estrenar con el título de “50 Sombras más Oscuras”, y se anuncia para febrero de 2018 la entrega adicional “50 Sombras Liberadas” para conformar la trilogía de supuestas emociones fuertes contenidas en la novela erótica de la británica E.L. James.


El asunto se complica cuando hay que superar aquellas fantasías sin mayores consecuencias en la intimidad de cada quien, atendiendo a compromisos públicos  de la educación formal, la necesidad de buscar pareja para intentar la extensión de lazos familiares propios, el ejemplo a los hijos, la inducción a menores,  la incorporación al mundo laboral y, lo que resultaría altamente grave y peligroso, el conflicto de acceder a  posiciones de liderazgo en instituciones de impacto social, a pesar de la falta de habilidades y calificaciones adecuadas.

Por lo general, esos individuos quedan al descubierto en pruebas y evaluaciones de comportamiento estimado que se aplican por protección contra males insospechados. Pero,  tal se dice en el juego de dominó, los causantes de grandes daños colectivos “pasan agachados” con absoluta libertad para dominar a pueblos ignorantes de las consecuencias de un voto fanático en sistemas democráticos; o para imponerse a los demás en regímenes de fuerza. Como se padece en la Venezuela de hoy, a sus víctimas se les bloquean militarmente los escapes y áreas de desahogo, y si alguna se hallara en proceso de fragua, entonces se arremeterá con cambios de reglas como recurso de niño malcriado que no quiere perder una, mientras no aparezca el  o la cascabel que le ataje, según le espera a un gato impertinente.


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