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17 de marzo de 2011

DOMINGO 7: EPIDEMIA ZODIACAL

 

Da la impresión de que los venezolanos, en doloroso porcentaje, se encontrarían de regreso preguntándole a su curandero sobre cuál epidemia social, de origen zodiacal, habría sido su último diagnóstico sobre el padecimiento que llevan encima. Haciéndose los locos y distraídos, después de nombrarle al faculto una  secuencia inicial de interrogantes sobre si capricornio, acuario o piscis, sus interlocutores habrían vuelto a la realidad, interrumpidos con la mala noticia de que la enfermedad extendida por casi medio cuerpo es cáncer, con metástasis desbordada además.

No podría ser distinto el terreno suicida que estarían pisando quienes se empeñan en mirar hacia otro lado, como si no fuera con ellos, el estado de descomposición  al que ha llegado el organismo de este país. Venezuela, agonizante aún, se arropa con la ignominia de la entrega gubernamental incondicional al dominio cubano, a la podredumbre de alimentos, las persecuciones y represiones a opositores, con los innumerables delitos de corrupción, con las promesas imposibles, la negación a los reclamos educativos, sanitarios, habitacionales, de los presos injustamente; y todo ello enfrentado con el único pero débil recurso de la denuncia a la opinión pública, a falta de instancias judiciales internas dispuestas a hacer el seguimiento e impartir la justicia correspondiente.

Otra hoja en su lamentable historia reciente ha sido llenada con el expediente de excepción  a un ex-rector de la Universidad Central de Venezuela, el mismo que se creyó juez para calificar de “bobalicona” a la esperanza de la nación representada en sus nuevas generaciones, a mediado de los 80,  y que ahora encuentra un mordaz desmentido en  las acertadas investigación y prosa de la periodista Ibéyise Pacheco, con su libro “Sangre en el Diván”.

Por si era poco, un nuevo síntoma ha sido descubierto en la acusación y encarcelamiento de otro ex-rector de la misma máxima casa de estudios, tanto el primero como éste identificados con el extremismo del actual régimen, y en su caso particular por la supuesta causa de “violencia sexual de niños agravada”.  Tal vez una lamentable coincidencia nada más, que opacaría las mejores intenciones del gobierno actual; pero bastante extraña, desproporcionada y patológica, si se estima en cuántos lugares del globo terráqueo, dos ex-rectores de una misma universidad e igual ideología, terminan señalados en repudiables expedientes de tolerancia cero.

De otro lado están los millones de venezolanos resignados a la fatalidad cotidiana, quienes tienen rezados innumerables novenarios y ruegan en misa de difuntos por la pronta resurrección de Venezuela, cada vez que se sabe  de ajustes de cuentas entre pandillas con víctimas inocentes incluidas, de asesinatos de transeúntes para despojarlos de sus teléfonos móviles y otras pertenencias, de atracos en cola de vehículos,  de alcabalas para la “matraca”, de motorizados  a contraflujo delante de las autoridades del tránsito, de adelantamiento de vehículos por zonas prohibidas, de la inutilidad de los semáforos en luz roja y de las franjas para resguardar el paso de peatones. 

Una cosa tal vez estaría llevando a la otra al perderse el debido respeto entre ciudadanos, lo cual no se repararía ni con todos los policías y reglamentos del mundo como vigilantes, mientras exista el agravante  de la falta de sanciones legales y morales que robustece la impunidad, y las conexiones con funcionarios públicos dispuestos a hacerse la vista gorda por el chantaje de compadrazgos de  la más amplia naturaleza.

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