Capítulos

1 de abril de 2017

“Venexit”, por Josué D. Fernández (*)

Demasiadas separaciones trascendentales están tornándose normales, ocasionando desilusión a quienes invocan como fórmula infalible el lema de la “Unión hace la fuerza”, deducido de una antigua fábula de Esopo, citada alrededor del 450 AC, y más tarde, en 1668, en reposición de “El Viejo y sus hijos” a cargo del francés Jean de la Fontaine. Igualmente obsoleto quedaría ahora su derivado de “Úneteles si no puedes contra ellos”, con una lectura revisada que concluiría en “¡Si no puedes con ellos, mejor sepárate!”


Capítulos recientes de esta trama, con mayor o menor intensidad, solo en Europa ya envuelven apuros importantes de la Unión Europea con el  “Brexit” de  Inglaterra, Escocia, Gibraltar,  el “Frexit” en Francia, y en España con sensibles amenazas en Cataluña, y  en el País Vasco en inferior grado. Por estos lados, el tema no es desconocido completamente, recogiendo antecedentes históricos en la Gran Colombia, en la frustración de los habitantes de la República Independiente del Zulia, o en la cabeza del novelista Francisco Suniaga, autor de “Esta Gente”,  en la que ilustró un reclamo a destiempo de la independencia de la provincia de Isla de Margarita.

Pero existe otra modalidad encubierta,  que luce invertida a la de la separación territorial y es la de agregación de espacios bajo tretas, para luego tomarlos en asalto pirata contra toda ley.  En  la cartilla del dominio añadido que allí se pone en práctica, le sigue la  implantación  de patrones ajenos al pensamiento de los habitantes que llegaron de primero. Luego, con la ayuda de mercenarios de afuera y cómplices internos, se somete a los pobladores, se les quita el botín, y se les deja en el pelero por desgastes de la corrupción que les enlaza, los derroches de privilegiados, la abolición de las libertades, la mala administración y la tiranía descarnada.

El panorama anterior se puede constatar hoy donde hasta hace unos 18 años existía el país llamado Venezuela, en el cual se coló una toxina venida de la Cuba comunista que fue empujando deformaciones de cuanto encontró al paso. Su nombre revolucionó a una tal República Bolivariana, donde el escudo  y la bandera adquirieron símbolos caprichosos, se dio sepultura oficial a la memoria de arraigados personajes históricos,  se convino la degradación de la salud y la alimentación de los necesitados, la entrega de la autonomía de componentes militares, y la colocación de la fuente de ingreso petrolero y de los órganos de justicia en exclusividad para secuaces, provocando sequía anímica y éxodo sin precedentes, por tantos estragos dictatoriales.


Tanta revolución constituyó una  marcada separación con lo que antes existió, y dejó divididas a familias y amigos en bandos contrarios, poniendo de manifiesto la disgregación, que concluyó en decreto de basura del patrimonio anterior, quizás en el ideal del muro de Berlín forzado en repartos de la segunda guerra mundial. Lo cierto es que el objetivo  final se mide por el saldo de exclusión, a la espera del despertar  del grueso de  la población esclavizada  y la reversión del daño causado por la componenda que supera los tres lustros.

Mientras la fuerza militar reprime salidas pacíficas, como instancia salvadora va quedando el resguardo en bóvedas de seguridad de lo que persiste de la tradición noble, alegre, confiada y gregaria de ese conglomerado que siempre se reconoció por el gentilicio venezolano simplemente,  sin ostentación de apéndices de patria ni de socialismos de arengas populistas.  En lugares secretos podrían resguardarse esos ingredientes vitales para sustentar el “Venexit”, cuando las minorías disgregadoras queden reducidas al mínimo confín, y se recupere el esfuerzo colectivo a favor de una hermandad grandiosa.


















https://www.facebook.com/jd783

(*) 
 



 
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario