Capítulos

30 de abril de 2017

MENÚ DE DESPEDIDAS, por Josué D. Fernández (*)

Para recoger el cepillo de dientes y largarse -mala intención y degeneración por fuera-, qué parte no habrá entendido “la tiranía” del repudio del pueblo venezolano expresado en forma clara en repetidas votaciones a pesar de ventajismos y fraudes, y actualmente desatado en prolongada protesta pacífica, aunque ya enlutada con la caída de valientes bajo la represión oficial armada. En el extranjero son así mismo incontables las demandas de acreditados personajes e instituciones públicas y privadas, porque se detengan esas acciones totalitarias contra la paz y el progreso de un pueblo indefenso.




Aunque el papa Francisco no vea claro dónde está el mayor pecado, el juicio nacional e internacional acompasado va fraguando en diferentes instancias, y es por lo que resultaría de menor sorpresa que en algún momento y lugar se proceda con un veredicto formal condenatorio y vinculante, por delitos de funcionarios que actualmente se jactan de poderes ilimitados en Venezuela. Dado que la flagrancia sustituye largos procesos, tal vez ya sería inevitable para ellos, si estúpidamente se les hubiera pasado por alto,  la consideración de  un menú de despedidas, que les asegure en sus bolsillos gran parte de las riquezas atesoradas, y la desaparición de pruebas  que pongan al descubierto las fechorías acumuladas en 18 años de impunidad. 

Cuando de despedidas se trata  -la fase irremediable temprano o tarde en cualquier relación-, a partir del gregarismo del ser humano también se empezaron a categorizar muchas de sus modalidades. Registros de amplia difusión consideran las que son “por la puerta grande”, o “por la puerta de atrás”. Localmente se canta la amorosa “despedida a la llanera”, pero  en Francia se acuñó la “sans adieu”, y de Inglaterra importarían la expresión “filer à l’anglaise”, para denominar otra de sus variantes.


Hasta el momento, la oportunidad de la “puerta grande” parece reservada en exclusividad para la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, quien viene detectando grietas hondas en formulismos tornadizos que apuntalan argumentalmente al Régimen, valiéndose de su potestad constitucional para denunciar a entes complementarios del “Poder Ciudadano”. Otra oportunidad en esta categoría, pendiente de resolución definitiva, estaría aguardando una respuesta cabal del Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, a quien su hijo le ha solicitado la exclusión de las percibidas artimañas que afectan a la población.

Las despedidas por  la “puerta de atrás” estarán bastante obstaculizadas, una vez que comience la estampida de gestores y beneficiarios de la corrupción por comisiones ilícitas, sobreprecios de obras, bienes y servicios, tráfico de influencias, desvío de fondos a paraísos fiscales, complicidades con testaferros, solo en lo que respecta al saqueo del tesoro de la nación complotado en madrigueras de civiles, militares, algunos familiares y amigos apasionados por los quesos podridos. La degradación extrema que taponeará completamente el escape ocurrirá cuando deseen salir los de vista gorda ante la maldad de esbirros y paramilitares oficialistas, y estos mismos, miembros del conjunto genocida.

Para el cogollo del deshonor restará la degradación de las despedidas, tildada por los franceses “filer à l’anglaise”  o marcharse a la inglesa en referencia a delincuentes que logran escapar temporalmente,  antes de caer presos por acción de tribunales y gendarmes de la decencia universal. “Sans adieu” aplicaría alternativamente como a los coleados que invadieron una celebración democrática, e intentaron acabarla despóticamente de raíz.


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22 de abril de 2017

POLO SIN MAGNETISMO, por Josué D. Fernández (*)

Desde que se puede tener a la vista una aguja imantada que indica cuál es el Norte, son menos los que se extravían en inmensidades sin señalizaciones como a mar abierto o ante inesperadas turbulencias. Las excepciones a esa regla con base en el poder de una brújula,  se dan entre gente  más terca que aquella aguja magnética que no atiende a sacudones de ningún tipo e invariablemente siempre vuelve a señalar el Norte.

Entendido el Norte como el único rumbo confiable en situaciones de gran desconcierto, sin embargo no siempre es la opción de obstinados que prefieren perderse antes de aceptar la ayuda natural que sabrían llevar a mano con poco esfuerzo. Otra explicación de tal traspiés  se hallaría probablemente en que el magnetismo indispensable para obtener el efecto esperado estaba amañado, envenenado, no era más que pura bulla, pura pérdida.



Así ocurrió por 1998 en el entonces pujante país llamado Venezuela, el cual sobrevivía con todas sus instituciones funcionando aunque fuera a media máquina, y sus records todavía frescos de destitución constitucional por juicio político de un presidente democrático, y años después del encumbramiento electoral de un militar golpista. Obviamente que ya era perceptible que la mayoría se estaba guiando con una brújula inservible.

El asunto de la desorientación iría empeorando, a partir de la tolerancia ofrecida a cierto "polo patriótico" que apelaba al latiguillo de "de lado y lado", para justificar sucesivos abusos. Con el mayor descaro ventajista, el sistema de gobierno claramente se inició con inclinación hacia el control totalitario, y con la experticia de cómplices traídos a media noche del enclave castro-comunista-cubano.


Aun en tales circunstancias preliminares, recrudecidas con alteraciones judiciales a fuerza de coacción y corrupción de los demás poderes públicos, nunca faltaron otros colaboracionistas de una supuesta oposición empeñada en desalentar cualquier protesta de calle. La mejor fórmula sería la de esperar de brazos cruzados las ocasiones para votar, con fe inútil en el milagro del reconocimiento de derrotas oficialistas, que para estos solo significaban un pequeño reto a su imaginación sobre cómo burlarlas a corto plazo.

Finalmente el tiempo del "de lado y lado" parece hallarse en cuenta regresiva, acelerada  con represión sin precedentes y violencia contra el pueblo que ha salido a reclamar sus derechos en plazas y avenidas, derribando los muros de contención que le detenían en sus distintas iniciativas de luchas. Nadie aguarda ni solicita ahora restauraciones imposibles de proyectos agotados. La brújula se empeña en marcar el Norte hacia horizontes donde prive el magnetismo auténtico, resistente a populismos y demagogia. ¡Que así sea!



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15 de abril de 2017

Llama de Pascua, por Josué D. Fernández (*)

En la vigilia de este sábado de gloria de  2017, según la  tradición de la Iglesia Católica, un brote de fuego habría tenido origen fuera de los templos como instancia  previa del encendido del cirio pascual. En Venezuela, no obstante, esa llama también desvelaría los oscuros propósitos de dominación extrema del pueblo, a  fuerza de engaños, violencia militar y paramilitar desbordada, con sello de régimen dictatorial comunista de inoculación castro-cubana.


La represión fue y es la orden oficial contra voces pacíficas en las calles, que reclaman la  restitución de la independencia de los poderes públicos y especialmente de los tribunales, así como el rescate del poder cívico del voto democrático. Conjunto petitorio inaceptable para fichados golpistas y terroristas de oficio al mando, cuyas realizaciones se miden en muertos, heridos, presos políticos,  torturados, y detonaciones de balas, gases tóxicos y perdigones, otras asfixias y censuras. El tesoro nacional privilegia fondos inagotables para mantener al día un exclusivo pertrecho que garantice la frustración de desplazamientos hacia sitios de concentración donde se eleven proclamas de libertad.

A pesar de las dificultades para las coberturas regulares de la prensa, algunos registros serios preliminares mencionan 6 asesinados y 470 arrestos, de acuerdo con El Nacional de Caracas. Los medios no oficialistas son víctimas de duro acorralamiento con la negación del acceso a sus insumos que vienen de afuera, el atropello a los reporteros, la persecución  y la cárcel, destruyendo sus instrumentos de trabajo, a la vez que se clausuran canales locales e internacionales, y se impide la presencia de periodistas extranjeros de sumisión por comprobar.

Aun con tantas medidas opresivas, se ha logrado fotografiar células paramilitares de desalmados reclutados por la dictadura, tomando provisiones de armamentos y municiones en destacamentos de las fuerzas armadas nacionales, quizás para atenuar la vileza en el poder y hacer aparecer cualquier daño como resultante de una guerra de pueblo contra pueblo. Estos mercenarios se cuelan de igual forma entre los manifestantes legítimos para delatarles, e incluso culparles de destrozos suyos que enseguida atribuirán a los grupos ciudadanos en las protestas.


Lo cierto es que el país entero ha sido herido con inocultable saña en sus reservas de mayor nobleza,  poniéndole a llorar por sus hijos muertos, acompañando a familiares y amigos desconsolados por esas pérdidas que sólo son ignoradas por la tiranía.  Un amargo capítulo adicional a sus graves estragos, y a los que habría que sumar el abandono del pueblo por falta de alimentos y medicinas, y por la acción de delincuentes fuera de control.

Con sentido bíblico revisado, ahora estaría presente además una  zarza de esperanzas, la cual comienza a arder con el vigor de los espíritus de una mayoría que despierta del aturdimiento propinado por populistas durante los últimos 18 años. Como nunca antes, se siente voluntad colectiva para mantener la zarza ardiendo, sin grandes temores, mientras no ocurra el cambio indispensable que haría posible retomar la paz y el progreso de la República.


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5 de abril de 2017

“Amargo de Veneçiuela”

http://www.el-nacional.com/noticias/literatura/amargo-veneciuela_89022



La tarea urgente de Venezuela es la de encontrar a alguien que repita la dedicación del médico alemán Johann Gottlieb Benjamin Siegert, quien hace 195 años dio con la fórmula del amargo de Angostura 



Dr. Johann Gottlieb Benjamín Siegert

Por JOSUÉ D. FERNÁNDEZ
05 DE ABRIL DE 2017 02:16 AM

En función de sus efectos, este amargo con parentesco nominativo con el de Angostura se distanciaría bastante del que remedió una epidemia de cólera en 1822, en momentos de violento ataque a la población de Santo Tomás de Nueva Guayana en la ribera del Orinoco, también bautizada como Ciudad Bolívar posteriormente. Muy al contrario, el de “Veneçiuela” se aproximaría en generación de trastornos, aunque más graves aún, al producido por la raíz venenosa de nombre vulgar “yuca amarga”, causante de decenas de muertes e intoxicaciones, reportadas desde 2016 en un tercio de estados venezolanos.

El nombre de Veneçiuela en referencia, por otra parte, lejos de la atribución al país que mencionaría Américo Vespucio a Lorenzo de Medici como “Pequeña Venecia”,  de manera antagónica se ha querido discutir en serio y en guasa que este más bien tendría procedencia anterior en voz de la etnia Añú o Paraujana, la cual significaría “Agua Grande”, y con la que se conocería la entrada al lago San Bartolomé, antecesor nominal del lago de Maracaibo.

El inicio del destino de amargura por aquellos territorios occidentales, extendido a una nación entera, se localizaría millones de años atrás, con la desaparición de los dinosaurios, cuyos huesos fueron a reposar en vastos cementerios sedimentados en enormes fosas. Lo que luego sería una fortuna mundial derivada de sus propiedades como fuente de energía petrolera, alta demanda  y precios, allí se convertiría en tesoro de pocos que esquilmaban la riqueza a la población entera, dejaría a todos en mayor pobreza y debilitados para reclamar justicia a través de engaños y represión.

La desgracia proseguiría en principio, al filtrarse los  aceites minerales del subsuelo  y pasar  a contaminar los reservorios de agua para el consumo de sus pobladores. Entonces la tragedia se manifestó en abandono de la tierra y los cultivos, la ganadería y los campos, porque sus habitantes se trasladaban a las ciudades para sobrevivir en situación de marginalidad. Esa miseria la aprovecharon militares y charlatanes para esclavizarles, con tratamientos populistas de distintos colores, en diferentes momentos de su historia.

Semejante devastación del “Amargo de Veneçiuela” alcanzaría lamentables extremos al suscitarse la interminable escasez de alimentos y medicinas, en la antesala del 2020, cuando parte de la población se dedica a comer residuos de basuras saqueados a los camiones recolectores y se entrega a la muerte por la propagación de virus y bacterias de difícil combate. La “yuca amarga”, empleada asimismo para apaciguar el hambre, únicamente complementaría estragos irremediables por las altas dosis de cianuro en su composición.

La tarea urgente de este país de ahora es la de encontrar a alguien que repita la dedicación del médico alemán Johann Gottlieb Benjamin Siegert, quien hace 195 años dio con la fórmula del amargo de Angostura para detener los avances del cólera. Tal vez ya no sea cuestión de medicamentos convencionales, sino la de sanar mentes terriblemente envenenadas mediante buenos ejemplos en los que prevalezcan la honradez y las nobles intenciones para doblar 180° hacia  destinos de paz, convivencia y progreso jamás vistos por aquí.
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Sobre el autor:
https://twitter.com/jodofeal

ILUSTRACIONES ADICIONALES:

Versión artística a propósito de la primera locomotora y tren que corrió para apoyar en tendido de rieles entre Puerto Cabello y El Palito en 1865.  Aunque en el acto de inauguración se tomaron Excelentes fotografías, no existía el proceso de impresión para las revistas, usando para ello las litografías. Museo del Transporte, Caracas, Venezuela.
“Bueyes arando” Pedro Zerpa (1868-1948), venezolano. Zerpa fue un pintor que se caracterizó por sus pinturas de paisajes y por los retratos de personalidades notables.


1 de abril de 2017

“Venexit”, por Josué D. Fernández (*)

Demasiadas separaciones trascendentales están tornándose normales, ocasionando desilusión a quienes invocan como fórmula infalible el lema de la “Unión hace la fuerza”, deducido de una antigua fábula de Esopo, citada alrededor del 450 AC, y más tarde, en 1668, en reposición de “El Viejo y sus hijos” a cargo del francés Jean de la Fontaine. Igualmente obsoleto quedaría ahora su derivado de “Úneteles si no puedes contra ellos”, con una lectura revisada que concluiría en “¡Si no puedes con ellos, mejor sepárate!”


Capítulos recientes de esta trama, con mayor o menor intensidad, solo en Europa ya envuelven apuros importantes de la Unión Europea con el  “Brexit” de  Inglaterra, Escocia, Gibraltar,  el “Frexit” en Francia, y en España con sensibles amenazas en Cataluña, y  en el País Vasco en inferior grado. Por estos lados, el tema no es desconocido completamente, recogiendo antecedentes históricos en la Gran Colombia, en la frustración de los habitantes de la República Independiente del Zulia, o en la cabeza del novelista Francisco Suniaga, autor de “Esta Gente”,  en la que ilustró un reclamo a destiempo de la independencia de la provincia de Isla de Margarita.

Pero existe otra modalidad encubierta,  que luce invertida a la de la separación territorial y es la de agregación de espacios bajo tretas, para luego tomarlos en asalto pirata contra toda ley.  En  la cartilla del dominio añadido que allí se pone en práctica, le sigue la  implantación  de patrones ajenos al pensamiento de los habitantes que llegaron de primero. Luego, con la ayuda de mercenarios de afuera y cómplices internos, se somete a los pobladores, se les quita el botín, y se les deja en el pelero por desgastes de la corrupción que les enlaza, los derroches de privilegiados, la abolición de las libertades, la mala administración y la tiranía descarnada.

El panorama anterior se puede constatar hoy donde hasta hace unos 18 años existía el país llamado Venezuela, en el cual se coló una toxina venida de la Cuba comunista que fue empujando deformaciones de cuanto encontró al paso. Su nombre revolucionó a una tal República Bolivariana, donde el escudo  y la bandera adquirieron símbolos caprichosos, se dio sepultura oficial a la memoria de arraigados personajes históricos,  se convino la degradación de la salud y la alimentación de los necesitados, la entrega de la autonomía de componentes militares, y la colocación de la fuente de ingreso petrolero y de los órganos de justicia en exclusividad para secuaces, provocando sequía anímica y éxodo sin precedentes, por tantos estragos dictatoriales.


Tanta revolución constituyó una  marcada separación con lo que antes existió, y dejó divididas a familias y amigos en bandos contrarios, poniendo de manifiesto la disgregación, que concluyó en decreto de basura del patrimonio anterior, quizás en el ideal del muro de Berlín forzado en repartos de la segunda guerra mundial. Lo cierto es que el objetivo  final se mide por el saldo de exclusión, a la espera del despertar  del grueso de  la población esclavizada  y la reversión del daño causado por la componenda que supera los tres lustros.

Mientras la fuerza militar reprime salidas pacíficas, como instancia salvadora va quedando el resguardo en bóvedas de seguridad de lo que persiste de la tradición noble, alegre, confiada y gregaria de ese conglomerado que siempre se reconoció por el gentilicio venezolano simplemente,  sin ostentación de apéndices de patria ni de socialismos de arengas populistas.  En lugares secretos podrían resguardarse esos ingredientes vitales para sustentar el “Venexit”, cuando las minorías disgregadoras queden reducidas al mínimo confín, y se recupere el esfuerzo colectivo a favor de una hermandad grandiosa.


















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