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4 de febrero de 2017

ANTÍDOTO POR CIERRE DE VÍA, por Josué D. Fernández (*)

Los cuentos de camino fueron cosas serias cuando las vías corrientemente atravesaban espesuras, y faltaba luz para anticipar acechos de día, o peor aún de noche. Esos relatos constituían  ayudas de valor para tomar en cuenta por cualquiera, en especial  antes de emprender algún viaje por tierra. En su momento tuvieron gran prestigio quienes dieron fe de ellos, pero lo irían perdiendo en la medida en que la expansión de la claridad por talas, quemas  o avances tecnológicos, dejaron en cueros a muchos charlatanes.

Poco a poco esas historias se hicieron fabulosas e inclusive sinónimas de engañifas, con aplicaciones generalizadas sobre cualquier tema en discusión, al vencer la prudencia para otorgar cierta credibilidad a la narración en proceso de asimilación. Ejemplos hallados en los últimos dieciocho años en la Venezuela asaltada por el despotismo, por un lado se refieren de menor a mayor gravedad a los baños en el rio Guaire que cruza Caracas, la autonomía alimentaria y la misión Alimentación, los niños de la patria en vez de la calle, la guerra económica, el ataque del imperio norteamericano, CLAP para los pobres y no para las mafias y el proselitismo, la guerra criminal, las OLP, la disminución de violencia en cárceles y calles, la muerte del billete de a 100, las cifras de la misión Vivienda, la atención en los módulos de Barrio Adentro y la dotación de medicinas, la solvencia de PDVSA, las medidas anticorrupción,la independencia de la dictadura cubana, el confesionalismo comunista en vez del oportunismo fulminante…

En este país donde la polarización ya es casi invisible, en el lado ampliamente mayoritario y democrático también abundan los llamados cuentos de camino, de los que todavía están frescas las coreadas apuestas a los plazos del referendo revocatorio, la marcha a Miraflores, el abandono presidencial de sus funciones, el poder de las elecciones como única vía para enfrentar al régimen, la mayoría calificada de la AN, la recuperación de equilibrios en el CNE y en el TSJ, los triunfos en pasadas votaciones para presidente, los resultados favorables del diálogo, la unidad de la MUD, el servicio público como meta, los opositores desinteresados en enchufarse al gobierno…



¿Qué pasa entonces? Qué habría que hacer cuando están bloqueadas las salidas asfaltadas, las fáciles y acondicionadas para circular civilizadamente, son dos preguntas en una,  repetidas a diario por los venezolanos, aturdidos por tantos cuentos de camino. Con adecuada atención, las respuestas podrían desprenderse de los experimentos afinados por trajines que van y vienen en la maltratada frontera de Venezuela y Colombia, como defensa popular a las abusivas disposiciones arbitrarias provenientes de la orilla Este, a veces Norte,   del rio Arauca.

Lejos de Caracas y de Bogotá, los cuentos de trocha se refieren a verdaderas heridas que sufren inocentes mujeres, hombres, niños y ancianos habitantes de la población fronteriza. Cierres por ratos, por meses, hasta más de un año, expulsiones de miles de  personas, corredores humanitarios, paso peatonales por horas, forman parte de la nomenclatura usada allí para denominar las agresiones a derechos humanos asociados a impedimentos del libre tránsito.



Continuar por trochas, por veredas o caminos angostos, las que sirven de atajo aunque con peligros por vencer, surgen allí como alternativa natural para valientes que tienen que seguir adelante, sin miedos a los inconvenientes que seguramente aparecerán en la vía, dando forma a reseñas crudas apartadas de ficciones y ajustadas a realidades. Coger la trocha es la lección aplicada por exploradores arriesgados, cuando desean que sus ojos se adueñen de lo extraordinario como principio para disfrutar paisajes insospechados, fastuosos y admirables, tal cual ocurre al empaparse en la quebrada de Jaspe de la Gran Sabana; y como es conocido igualmente, para recuperar libertades bloqueada a la fuerza en territorios sometidos por tiranías.



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