Capítulos

25 de febrero de 2017

OCTAVITA DE CARNAVAL, por Josué D. Fernández A. (*)

Este escrito que ahora se halla en sus primeras letras va sobre los lapsos  de doce meses menos una semana, en los que  mucha gente del régimen se muestra sin descaro con cualquier máscara. Para ell@s, es sumamente irritante la confusión de encontrase por ocho días con la competencia de otros disfraces, por forzados decretos presidenciales o de alcaldías. El atenuante de esa rabia es que los enmascarados de carnavales no son profesionales, y la mayoría son niños inofensivos, al menos en Venezuela.


Las comparsas de todo el año, aquí prefieren uniformarse con camisas de un mismo color,  que les son repartidas por montones gracias a saqueos de dineros públicos exagerados además con sobreprecios de fábrica por proveedores en la movida, y  de añadidos infaltables para atravesar alcabalas de funcionarios corruptos. Los combos se encarecen igualmente con ornamentos de gorras, banderas, y cualquier  condimento adicional que cumpla con la condición previa de negocio fácil.

Dominados por una sumisión grupal inducida con base a recompensas baratas para los malhechores, la apuesta de esos seres se mantiene por la promesa de reposición de  rebatiñas de ropas, juguetes o  línea blanca, procedentes de delitos que quedan impunes por confabulaciones judiciales amparadas en la ideología del robo continuado. En estos festines de repetición frecuente, ya nadie demanda las agotadas y costosas bolsas de comidas de antes, o las láminas de zinc de populismos anteriores.

No obstante los incontables rastros de fechorías acumuladas, adentro y fuera del país es común escuchar todavía los coros de fanáticos con la consigna de “Así es que se gobierna”, para expresar la ceguera prolongada que produce la acuñada etiqueta que los distingue con el mote de “Socialismo Siglo XXI”.  En tiempo de interconexiones universales  resulta espinoso entender que por estar lejos de límites inmediatos reales o virtuales, por ignorancia, desinterés o indolencia se muestre tolerancia explícita e implícita de la ruina de  instituciones, patrimonio y  personas en algún rincón de la aldea global.


Parece que las tiranías confesionales enclavadas en Venezuela por casi dos décadas, y en la dictadura de Cuba comunista por seis, corresponden a las de  buenas caretas para disfrazar autoritarismo, militarismo, extremismo, con la persecución y encarcelamiento de  quienes piensen diferente,  y la esclavización final de los pueblos a través de la eliminación de preciadas libertades y el irrespeto de los derechos humanos.

En ese sentido, es incomprensible el silencio cómplice de gran cantidad de  ex presidentes de otras naciones, de organismos regionales y subregionales, para con las víctimas de ambos genocidios en viejo progreso con la reducción de posibilidades de alimentación, salud, educación, y profusión de  violencia callejera. De parte del  estado Vaticano, tampoco ha habido una clara condena y denuncia de la peor celebración pagana posible, y que solo se suspenden por estos lados durante los ocho días de carnaval, cuando los secuaces se van de fiestas.


Comentario de mi buen amigo Héctor Maduro Ghersy (Marzo 1, 2017):

Muy bien Amigo Josué .

Nuevamente luces tu verbo envidiable producto del costo dedicado al estudio intensivo ...Felicidades...
Unos quieren leccionar y seleccionar , otros vivir en libertad absoluta de conciencia y de expresión.
Aspiramos con la Fuerza y el poder de la palabra derribar estos perturbadores de oficio, codiciadores de lo ajeno.
Disfruto vuestra sapiencia y me anima en mi afición hacer el lazo de tu  sandalia, en cada una de tus lecturas.
Seguid sin tregua y sin descanso .
Dentro de la oscuridad de la noche, el adorno de la Luna y el brillo de las estrellas nos permiten ver el dorado amanecer .
Elevemos una plegaria al G.A.D.U. por la libertad del profesor Santiago Guevara García, igualmente nuestro común amigo de la infancia.
Salud para todos en familia, y mis  respetos de  siempre.

T. A. F.

  
(*)




 
 
 


19 de febrero de 2017

ATAQUES DE AVISPAS, por Josué D. Fernández (*)

Rara vez los ataques de avispas ocurren adrede. Lo común es que sus enjambres arremetan de manera defensiva, después de una alteración provocada en el discurrir de las jornadas habituales en sus colonias. La reacción consiste en picaduras múltiples e indiscriminadas a  los seres que encuentren próximos a sus nidos, con graves daños en especial para quienes resulten alérgicos a esos aguijones ponzoñosos. 


El temor a los ataques de avispas está bastante generalizado, y demanda apartarse de sus trayectos a la brevedad posible. La conmoción que provocan quedó registrada en grande por la prensa en  julio de 2016, cuando en el estadio “Alberto Spencer” de Guayaquil, a nueve minutos de iniciado un partido de futbol, el campo fue asolado por una fuerte embestida de los insectos. Tras una espera de una hora se decidió finalmente postergar el encuentro, de modo de garantizar la seguridad de los asistentes.


Experiencias de esa naturaleza, en diferentes escalas, se han repetido antes y  después en muchas ciudades por todo el mundo, y de allí que cualquier persona intuye el peligro, desde pequeña, apenas escucha algún zumbido que le va ensordeciendo progresivamente.  El problema ha alcanzado tal difusión, que a muy pocos mentalmente sanos se les ocurre temerariamente ignorar las advertencias de lo nocivo de alborotar los avisperos.

“Jurungar las avispas” se ha extendido como  etiqueta generalizada de conductas que deben ser evitadas, y se aplica igualmente a situaciones entre humanos en las que se juegan daños y ofensas a individuos o grupos de ellos.  En ese sentido, son bastante sospechosos y preocupantes los hechos de hoy en Venezuela, donde se padece un permanente acoso de palabras y acciones con repercusión hacia adentro y afuera,  en una especie de tensión creciente sobre una cuerda institucional que cada día es más delgada.

La lista de conocidas provocaciones a las muchedumbres -en proceso forzado de metamorfosis a enjambre social, colmada la paciencia por el trato equivalente a abusos a  minusválidos sin capacidad de respuesta en el presente o el futuro-, incluye la prisión arbitraria de dirigentes contrarios a la ideología del régimen, obstrucción de la justicia ciudadana, bloqueo de votaciones populares, impunidad crasa a delitos oficialistas, desconocimiento de divisiones constitucionales del poder, y saqueos de riquezas públicas. Internacionalmente abarcaría las descalificaciones de las máximas autoridades de la Iglesia, la Organización de Estados Americanos, Mercosur,  los líderes de naciones contrarias a la supresión interna de libertades, y por ahora se añade el recelo por medidas contra altos funcionarios locales provenientes de los Estados Unidos, y de su presidente Donald Trump.

Es evidente que las avispas opuestas a la tiranía que rige al país se hallarían domesticadas o aturdidas por el ruido encadenado de cantaletas, las cuales escucharían devotamente en los últimos 18 años, en búsqueda infructuosa del medio “pacífico y democrático” para rescatar la libertad perdida. Mientras del otro lado, en febrero de 2004 aparecieron comentarios de la penetración de mercenarios de la dictadura cubana para reprimir a manifestantes a propósito de la agresión sufrida por Elinor Montes en la avenida Libertador. Diez años después, en 2014, el régimen desmintió que estuviera contando con la acción de las fuerzas de elite cubanas, llamadas casualmente “Avispas Negras” porque “varios diarios aseguran que militares cubanos marchan hacia Venezuela para ahogar las protestas en “un baño de sangre”. “Las avispas negras acechan en las pilas de bolsas de basura”, dicen los especialistas.

(*)
     








 
 
 

12 de febrero de 2017

JUEGOS DE NIÑOS-ADULTOS, por Josué D. Fernández (*)

En muchos adultos prevalece un recoveco cerebral  en el que queda anclada la complacencia de pasar el tiempo jugando a lo niño,  y  de la que no se zafan pasadas la adolescencia, la madurez ni la vejez.  Durante casi  toda sus vidas, los desafíos que lograrían percibir solo tendrían  significado para ellos a través de asociaciones con juegos analógicos o digitales, normales ambos en sus dominios particulares. 

La experiencia les enseñó que los juguetes unipersonales de antes aguardaban con fidelidad que sus dueños les requirieran en acción para entrar de nuevo en movimiento, con baja demanda de exigencias: trompos, yo-yos, cuerdas, entraban en esa colección. Por su lado los electrónicos de ahora, si llegaran a colgarse en modo estático, sería cosa de un “reseteo” para restaurar la diversión. La imagen del entretenimiento del  gato con el ratón resumiría la base de sus actitudes más frecuentes, en cualquier caso.

Los días de esos seres transcurren lejos de preocupaciones, comprobado hasta el cansancio en su mundo exclusivo que las complicaciones se las busca la gente por simple terquedad. En la memoria tienen grabadas igualmente las ocasiones que interactuaron con otros semejantes −para continuar la recreación−, en rutinas con salidas de escape o paradas a la mano para recuperarse del cansancio, por carreras de “atrápame si puedes”, para “librar” si se trataba por ejemplo de “la eres” o  “el escondido”, y similares. Riesgo cero.


Sin embargo, los juegos de niños-adultos consiguen escalar a niveles insólitos por agotamiento de la novedad, que lleva al aburrimiento. De extrema peligrosidad al atravesar el rango de psicópatas. Los misiles de Kim Jong-un en Corea del Norte son ejemplos de amenazas en esa dirección. En linderos cercanos a estas vecindades, los incrédulos del potencial de degeneración al que sucumben y arrastran los descarríos, en forma consensual o no,  tienen una muestra “light”  para revolverse en pantalla gigante en la película preliminar  “50 Sombras de Gray”. La segunda parte se acaba de estrenar con el título de “50 Sombras más Oscuras”, y se anuncia para febrero de 2018 la entrega adicional “50 Sombras Liberadas” para conformar la trilogía de supuestas emociones fuertes contenidas en la novela erótica de la británica E.L. James.


El asunto se complica cuando hay que superar aquellas fantasías sin mayores consecuencias en la intimidad de cada quien, atendiendo a compromisos públicos  de la educación formal, la necesidad de buscar pareja para intentar la extensión de lazos familiares propios, el ejemplo a los hijos, la inducción a menores,  la incorporación al mundo laboral y, lo que resultaría altamente grave y peligroso, el conflicto de acceder a  posiciones de liderazgo en instituciones de impacto social, a pesar de la falta de habilidades y calificaciones adecuadas.

Por lo general, esos individuos quedan al descubierto en pruebas y evaluaciones de comportamiento estimado que se aplican por protección contra males insospechados. Pero,  tal se dice en el juego de dominó, los causantes de grandes daños colectivos “pasan agachados” con absoluta libertad para dominar a pueblos ignorantes de las consecuencias de un voto fanático en sistemas democráticos; o para imponerse a los demás en regímenes de fuerza. Como se padece en la Venezuela de hoy, a sus víctimas se les bloquean militarmente los escapes y áreas de desahogo, y si alguna se hallara en proceso de fragua, entonces se arremeterá con cambios de reglas como recurso de niño malcriado que no quiere perder una, mientras no aparezca el  o la cascabel que le ataje, según le espera a un gato impertinente.


  (*)
  



4 de febrero de 2017

ANTÍDOTO POR CIERRE DE VÍA, por Josué D. Fernández (*)

Los cuentos de camino fueron cosas serias cuando las vías corrientemente atravesaban espesuras, y faltaba luz para anticipar acechos de día, o peor aún de noche. Esos relatos constituían  ayudas de valor para tomar en cuenta por cualquiera, en especial  antes de emprender algún viaje por tierra. En su momento tuvieron gran prestigio quienes dieron fe de ellos, pero lo irían perdiendo en la medida en que la expansión de la claridad por talas, quemas  o avances tecnológicos, dejaron en cueros a muchos charlatanes.

Poco a poco esas historias se hicieron fabulosas e inclusive sinónimas de engañifas, con aplicaciones generalizadas sobre cualquier tema en discusión, al vencer la prudencia para otorgar cierta credibilidad a la narración en proceso de asimilación. Ejemplos hallados en los últimos dieciocho años en la Venezuela asaltada por el despotismo, por un lado se refieren de menor a mayor gravedad a los baños en el rio Guaire que cruza Caracas, la autonomía alimentaria y la misión Alimentación, los niños de la patria en vez de la calle, la guerra económica, el ataque del imperio norteamericano, CLAP para los pobres y no para las mafias y el proselitismo, la guerra criminal, las OLP, la disminución de violencia en cárceles y calles, la muerte del billete de a 100, las cifras de la misión Vivienda, la atención en los módulos de Barrio Adentro y la dotación de medicinas, la solvencia de PDVSA, las medidas anticorrupción,la independencia de la dictadura cubana, el confesionalismo comunista en vez del oportunismo fulminante…

En este país donde la polarización ya es casi invisible, en el lado ampliamente mayoritario y democrático también abundan los llamados cuentos de camino, de los que todavía están frescas las coreadas apuestas a los plazos del referendo revocatorio, la marcha a Miraflores, el abandono presidencial de sus funciones, el poder de las elecciones como única vía para enfrentar al régimen, la mayoría calificada de la AN, la recuperación de equilibrios en el CNE y en el TSJ, los triunfos en pasadas votaciones para presidente, los resultados favorables del diálogo, la unidad de la MUD, el servicio público como meta, los opositores desinteresados en enchufarse al gobierno…



¿Qué pasa entonces? Qué habría que hacer cuando están bloqueadas las salidas asfaltadas, las fáciles y acondicionadas para circular civilizadamente, son dos preguntas en una,  repetidas a diario por los venezolanos, aturdidos por tantos cuentos de camino. Con adecuada atención, las respuestas podrían desprenderse de los experimentos afinados por trajines que van y vienen en la maltratada frontera de Venezuela y Colombia, como defensa popular a las abusivas disposiciones arbitrarias provenientes de la orilla Este, a veces Norte,   del rio Arauca.

Lejos de Caracas y de Bogotá, los cuentos de trocha se refieren a verdaderas heridas que sufren inocentes mujeres, hombres, niños y ancianos habitantes de la población fronteriza. Cierres por ratos, por meses, hasta más de un año, expulsiones de miles de  personas, corredores humanitarios, paso peatonales por horas, forman parte de la nomenclatura usada allí para denominar las agresiones a derechos humanos asociados a impedimentos del libre tránsito.



Continuar por trochas, por veredas o caminos angostos, las que sirven de atajo aunque con peligros por vencer, surgen allí como alternativa natural para valientes que tienen que seguir adelante, sin miedos a los inconvenientes que seguramente aparecerán en la vía, dando forma a reseñas crudas apartadas de ficciones y ajustadas a realidades. Coger la trocha es la lección aplicada por exploradores arriesgados, cuando desean que sus ojos se adueñen de lo extraordinario como principio para disfrutar paisajes insospechados, fastuosos y admirables, tal cual ocurre al empaparse en la quebrada de Jaspe de la Gran Sabana; y como es conocido igualmente, para recuperar libertades bloqueada a la fuerza en territorios sometidos por tiranías.



(*)