Capítulos

25 de junio de 2016

Presentación de "Evanescencia de la Imagen Corporativa"

P. Jesús María Aguirre, S.J. (“El Buscón, Caracas, Junio 23, 2016):
“En medio de la sequía intelectual y académica de este periodo resulta una grata sorpresa la aparición de esta obra EVANESCENCIA DE LA IMAGEN CORPORATIVA: Estrategias comunicativas de hoy, fruto del tesón de dos de los especialistas más reconocidos del campo, porque condensa su larga experiencia como profesionales exitosos”.

Texto completo en:


Hacer click en la imagen siguiente:


M.Decarli, M. Vallejo, M. Ventura, H. Tineo, E. Gutiérrez, C.
de Armas.
Presentando su obra, Josué D. Fernández.


Gregorio Salazar(izq) e Ivón Andara, a los lados de
Carlos Alarico Gómez, autor en tándem del libro.
Magaly Rico, Eloisa Delgado
y Marisol Decarli.
Eva Gutiérrez, J. Fernández y R. Guijarro.



22 de junio de 2016

De la WEB 1.0 a la 9.0, por Josué D. Fernández


Probablemente son pocos quienes han sentido curiosidad por escudriñar la relación entre esos  “.0” que se han venido añadiendo al término “WEB”, y la dependencia de cada ser a ciertos implantes dominantes en las manos de muchos, en forma de sinnúmero de  aparatos portátiles inteligentes, destinados a la “comunicación” electrónica,  pero igualmente a la virtual incomunicación interpersonal.

El tema tampoco sería indispensable ni motivo de urgencia de mayorías, sumergidas como están a menudo y profundo, con aparentes propósitos evasivos, en distanciamientos tales que les transportarían a otros planetas. Entre jueguitos electrónicos, chat de escaso valor agregado, permutas de instantáneas, frivolidades en red, y exposición a delitos cibernéticos, quizás estarían padeciendo un síndrome que exige atención profesional.


Así mismo, faltaría educación específica para que prevalezca el lado positivo de la evolución a la WEB 9.0, y más allá hasta el infinito, a la que se ha llegado desde el aprovechamiento individual del ciberespacio, a la reciprocidad mediante blogs y páginas web, y más recientemente a la inteligencia colectiva que lleva a compartir recomendaciones de calidad en cualquier tema, incluyendo comandos de voz, entre otras mejoras apreciables.  Las alarmas recaen incesantemente en las generaciones jóvenes, como las más propensas a sucumbir en el espectro negativo. De los adultos mayores, resulta lastimoso el verlos atrapados a destiempo, en entramados de trivialidades, antes que ocuparse de dar ejemplo admirable a hijos o nietos.


Las personas que sufrirían algún trauma son reconocidas fácilmente cuando yacen abducidas por esos aparatos portátiles, que se apodera primero de sus manos, luego de la vista, oídos y el resto de sus sentidos, hasta hacerlas ausentes a pesar de incontables pares de ojos, allí mismo al lado, que las observan desconcertados. Los trances se presentan por igual en reuniones serias, conferencias, en comida familiares o de negocios, o a punto de consumar amores. Imperdonables como excusas de aburrimiento o desinterés,  convertidas en ofensas a interlocutores inmediatos.

El padecimiento tendría gravedad superior cuando ocurre en forma de ataques frecuentes, porque entonces adquirirá carácter crónico, con terribles efectos residuales. Hay que expresar que estamos viviendo la abstracción vuelta atentado contra el vínculo interpersonal, permutada irónicamente por la sensación de poseer en la mano al mundo, inalcanzable en lo real.  La tecnología que nos invade evidencia la pequeña molécula del universo que integramos, pero preferimos aferrarnos a la fantasía de supuesta trascendencia a semejante condición microscópica.


Lo bueno es que, en términos de captar versiones propias de acontecimientos de conmoción general, las viejas alcabalas para asimilar los hechos que no fueran inmediatos, se sustituyen por autosuficiencias para descartar credibilidades y sospechas prefabricadas. El juicio individual se ha convertido en decisivo de cuales son debilidades o fortalezas de las instituciones, personas, ideas, productos y servicios sometidos al escrutinio masivo. Recientemente hemos presentado el libro “Evanescencia de la Imagen Corporativa” en el que se describe un sistema para dar en el blanco efectivo de la nueva opinión pública atomizada, con  alegatos pertinentes para reforzar situaciones preventivas de mantenimiento en la memoria colectiva, preferiblemente,  o de responder puntualmente a crisis contingentes.




14 de junio de 2016

Acto Final, por Josué D. Fernández


Embellecer lo feo para hacerle potable a los ojos de desprevenidos, es un recurso utilizado a menudo como sostén de  ilusiones, que contentan a desahuciados o indefensos, incapacitados para digerir realidades crudas.  Afear lo bello como reverso, la mayoría calificaría como una empresa imposible, con semejante disparate por finalidad.

Sin embargo, los espectadores de las ilusiones mencionadas de primero casi siempre se niegan a dar por terminada la función que resplandecía por el brillo de reflectores, en medio de la bruma de hielo seco alrededor de la escena. Sin querer dejar el asiento,  esperan que la magia no acabe.
Confundiendo drama y comedia en el último cuadro de “Tosca”,  la apuesta va porque Cavaradosi se levantará del suelo después del “simulacro” de fusilamiento. ¡No pasa nada! La resignación traerá como consuelo el ensalzar la interpretación del verdugo Escarpia. De gente que se encuentran en cualquier calle, a veces también se oye como opinión sobre un tirano, pero “No me negarán que fue un extraordinario orador”… “Inteligente aunque para la manipulación”…. Como si las cualidades pudieran trastocarse por verrugas, sin reparar en las consecuencias de los desatinos.



Afear hasta la aridez cuanto se atraviese, también ha ocurrido antes, y tal vez una de las referencia más antiguas, repetidas millones de veces, es la atribuida a  la leyenda negra de Atila, quien gobernaría el mayor imperio europeo de su tiempo, desde el 434 hasta su muerte en 453. Conocido en Occidente como El azote de Dios. De él se afirma que se jactaba de que, por donde pisaba su caballo, no crecía la hierba.

Más cerca, en  América latina, el enclave cubano-venezolano del siglo XXI ha propagado devastación suficiente, de acción bastante prolongada, para reclamar una legítima descendencia de Atila.  Bajo el símbolo de la explotación y el soborno ideológico de los débiles y desfavorecidos,  y el usufructo de una riqueza providencial ajena, han estirado el yugo colectivo afianzado asimismo en armas de guerra de su absoluto dominio y control.
La amenaza de convertir ese modelo en tendencia regional parece apaciguarse con los frenos puestos en Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador, y la moderación en Chile, con lo cual hay ahora una sensación de cansancio de manipulaciones populistas. Perú ha detenido otra vez al “fujimorismo”, y el futuro promete pasar aplanadora a personalismos y caudillismos, cuyos maquillajes se estarían derritiendo después de agotadas sus funciones por abusos de paciencias perpetuados.

Attila and his Hordes Overrun Italy and the Arts (detail) DELACROIX, Eugčne
(b. 1798, Charenton-Saint-Maurice, d. 1863, Paris)





9 de junio de 2016

ETIQUETAS, por Josué D. Fernández

Francisco de Goya, 1812-1819
 Es bastante seguro el destino de acabar engomada con  alguna etiqueta,  cualquier idea, persona o cosa ─o las tres en una─ que busque generar ventas comerciales o posicionamiento propagandístico,  además de ganar  aceptación  en sus segmentos, grande, mediano o pequeño, general o especializado. Más allá del “precio justo”, condición inevitable de las mercancías y decisión unilateral de sus distribuidores, regularmente; también le aguardará  la calificación  boca a boca que le asignará su público, y a larga determinará el éxito o fracaso de la oferta hecha.

Un conocido ejemplo de  mezcla de  idea, persona y cosa en una sola etiqueta se encuentra en la frase ’Ta barato dame dos,  que se repetía en tiempos de la primera Venezuela saudita a mediados de los setenta y hasta el viernes negro, casi una década después. Hay que expresar, colateralmente,  que al día de hoy ya existe una segunda Venezuela saudita, entre 1998 y 2008, cuando el precio del petróleo pasó de 9 a 130 dólares el barril; pero los cronistas bolivarianos aún no la añaden a sus efemérides quizás por el carácter excluyente de la misma, reservada a la élite represiva en el poder, y sus cómplices internos o foráneos, mientras la mayoría sobrevive en escasez extrema. Candidatos seguros a la etiqueta de “irrecuperables”, del clásico de “Por estas Calles”.
Recreando otras modalidades de etiquetas, en la historia de la edad media se lee sobre los sambenitos, para referirse al descrédito que queda de una acción, y se relaciona con la fama o la buena reputación perdidas. En este caso la frase implica un daño moral que permanecerá durante mucho tiempo. En República Bolivariana (“RB”), imitando a la inquisición, el sambenitar es política oficial para desmerecer de los principios democráticos, las libertades y los derechos humanos, haciendo coro de cuanto opresor se halle  sobre la Tierra, desafinadamente con sus tutores comunistas cubanos.

El ciberespacio que ha revolucionado de verdad-verdad la percepción del mundo, también ha acuñado sus particulares etiquetas en los hashtags, precedidos del signo numeral (#), o almohadilla. En el fondo, el propósito guarda parentesco con los sambenitos medievales, porque persiguen que, tanto el sistema como el usuario,  identifiquen de forma rápida las acumulaciones de desventajas atribuidas a un determinado sujeto. A veces se utilizan para reforzar tendencias noticiosas momentáneas o hechos notables, en el interés de vastas audiencias.

De tal manera,  los prestigios bien ganados se potencian virtualmente hasta que pasan de moda, pero los descréditos se vuelven imperecederos con el auxilio de cualquier buscador de información digital, que las reciclan segundo a asegundo, hasta el infinito. Es como los corruptos de ahora, los déspotas y los abusadores de toda calaña son prisioneros permanentes de sus fechorías, y sometidos a condenas que nunca prescribirán,  como tampoco para las generaciones que les sigan, o de los emparentados de facto, o ideológicos, que no se hayan deslindado de tales desvergüenzas.

Quienes con mayor o menor éxito fueron considerados “árbitros” de la opinión pública hasta hace poco, cada vez tienen menos gente sobre las cuales influir de manera significativa, pues en el mejor de los casos ese dictamen apenas complementará la data que se pueda recabar por medios individuales propios, y al instante. Zafarse de los sambenitos siglo XXI costará mucha perseverancia con la verdad, y acciones concretas de creíble rectificación, frente a un jurado omnipresente,  visión HD y 4D super-panorámica,  y juicios  inapelables vacunados contra veredictos acomodaticios,  chantajes y tribunales venales.






1 de junio de 2016

MALAS IMÀGENES, por Josué D. Fernández A. (*)


Con un pequeño esfuerzo tal vez vendrá al recuerdo la táctica del escándalo, a menudo fingido, para llevar público a cualquier espectáculo de interés masivo. A los cuentos de separaciones de parejas, hijos ocultos, descendencias monárquicas, o al contrario orígenes  o pasados oscuros,  o cosas peores, con frecuencia se recurría hasta hace poco, como componentes morbosos para aumentar las expectativas sobre espectáculos de cualquier clase.

No obstante algo cambia en estos tiempos, cuando los filtros de las multitudes se vienen haciendo resistentes a cálculos malintencionados o no, amparados en ingenuidades o credulidades de muchos. Para la prehistoria de manipulaciones de entretenimientos, en la mayor era de avances tecnológicos de medios y efectos, ha quedado el 30 de octubre de 1938, fecha en que Orson Welles presentó en el Teatro Mercury, bajo el sello de la CBS, la adaptación a un guion de radio del clásico “La guerra de los mundos”, novela de ciencia ficción de H.G. Wells, convertida en película después.

Entonces -de acuerdo con reportes de ahora-, quienes sintonizaron la emisión y no escucharon la introducción pensaron que se trataba de un acontecimiento apenas en su comienzo. El pánico se apoderó de calles de Nueva York y Nueva Jersey. Los hechos se relataron en forma de noticiario, describiendo la caída de meteoritos, y la presencia de naves del planeta Marte que derrotarían a las fuerzas norteamericanas, usando una especie de «rayo de calor» y gases venenosos.

La buena imagen convencional y la confianza en alguien, o en sus acciones,  se encuentra cubierta de evanescencia y ha dejado de darse como anticipo indiscriminado en situaciones vinculadas a contenidos de prensa, radio, televisión, cine, y además en las redes sociales, aunque allí vayan ilustradas con testimonios casi irrefutables. La asimilación de la información globalizada ha impuesto en los individuos un proceso de cautela y de alargada lentitud, para escudriñar la verdad antes de la formación de juicios firmes sobre sucesos bajo su consideración.

Por causas distintas pero efectos parecidos, en los últimos días han ganado espacio en Estados Unidos, las noticias referidas a Johnny Depp, y su “Alicia a través del espejo”, la cual “fracasa en taquilla” tras denuncias por violencia doméstica de su esposa Amber Heard. En Europa le tocaría a Pedro Almodovar recibir dardos periodísticos, con descensos en recaudación de su último film “Julieta”, debido a señalamientos en los “Panamà Papers” interpretados como supuesto fraude y evasión de pago de impuestos españoles. Allá, aquí y acullá crecen sospechas de una epidemia mundial de malas imágenes en progreso.

En 2000, los estudios Disney estrenaron “The Kid” conocida en Latinoamérica como “Mi encuentro conmigo”, con Bruce Willis como protagonista en el rol de un “asesor de imagen” que se ve obligado a convivir con él mismo de niño (Spencer Bresling), a la edad de 8 años. La cita tiene importancia en este escrito, porque en un dialogo entre los dos personajes, el menor descubre que el trabajo de él, al llegar a mayor, consistirá en trucar lo negativo de las acciones de  sus clientes. Así de fácil fue el cliché engañoso, por décadas ya extinguidas.