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23 de febrero de 2016

DOMINGO 7: PANTALEÓN Y L@S BACHAQUER@S


Desde hace varios años -con la costumbre de guardar cola por todos lados en República Bolivariana (“RB”)-, son cada vez más frecuentes los desordenes y camorras alrededor de PDVAL, Mercal, Abastos Bicentenario, Daka, y ahora también en cualquier venta de alimentos y medicinas incluyendo a las privadas. La violencia de estos hechos crece a diario, a la vez que la escasez o completa  desaparición de productos esenciales para la nutrición, el cuidado personal, o la salud de niños, adultos y ancianos.

La presencia de efectivos armados en funciones preventivas se ha sentido desde el primer momento, aunque a veces estos imponen el uniforme y pertrecho para controlar la muchedumbre que, de domingo a domingo según el terminal del documento de identidad, va a apostarse al frente de establecimientos, con sobrada anticipación al horario de la apertura al público. Los periódicos acaban de recoger el suceso de Abastos Bicentenario en la plaza Venezuela de Caracas, donde  se contaron “Heridos y golpeados al derribar reja para entrar por comida”. Casi al mismo tiempo, en Ciudad Piar, en el estado Bolívar, “un grupo de personas saqueó el centro de acopio de Mercal, sacaron alimentos de la cesta básica, y destruyeron el lugar”.

Josué D. Fernández

Durante algunos meses raramente ocurrieron  incidentes en las aglomeraciones, pero a esta fecha ya se reportaron dos en un mismo día, y se disparan alarmas por supuestos estragos que causarían adicionales estampidas. El riesgo recae en  gente indefensa que pasa horas en prolongadas hileras, de pie bajo sol o lluvia, y hasta con niños en los brazos que no pueden dejar desatendidos en los hogares. La necesidad de aprovechar algo de la oferta restringida de  productos, obliga a esperar por un turno que quizás resulte inútil al final, por agotamiento de inventarios.

La situación se agrava después de las últimas disposiciones del régimen bolivariano para mejorar sus ingresos ante los bajos precios petroleros, a fuerza de  aumento de la gasolina que subirá el transporte, devaluación de la moneda alterando el flujo de mercancías importadas, y proveedores renuentes a dar crédito al país por inmensas deudas acumuladas. Mayores racionamientos se aproximan, y ya es oficial que PDVAL y Mercal han tenido que vender solo dos productos por persona mientras dure el repele.

El “Maduro Paquete Bolivariano 2016”, con 17 años de envejecimiento,  impuso igualmente la elevación del salario mínimo y beneficios complementarios para encarecer la contratación de personal no calificado, con impacto en la  creación de empleos y despidos en pequeñas empresas que no resistirán tales costos. Una manera fácil de hacer dinero para  los desocupados se halla  precisamente en esas filas humanas penetradas por miles de revendedores, bautizados como bachaquer@s, quienes están de plantón y luego salen a especular abiertamente en plazas  y calles.

En la fanfarroneada “alianza de pueblo y ejército” que llena discursos oficialistas, aun falta por glorificar el precedente de eficiencia militar, aparte de muertes ocasionadas en guerras, narrado por el premio nobel Mario Vargas Llosa, en su libro “Pantaleón y las Visitadoras” de 1973. El ejemplo de disciplina, logística y métodos prácticos ensayados en plena selva peruana de Iquitos, podría inspirar un camino pacífico, pero ahora para organizar el abastecimiento crítico de bienes entre una población que crece en pobreza y rabia por su desgracia. Se requieren urgentes  soluciones que superen continuos fracasos, para impedir la repetición del  27 y 28 de febrero de 1989 con “El Caracazo”.








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