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11 de septiembre de 2014

DOMINGO 7: “La llave de afuera”


La llave puede tener la condición de valioso trofeo,  y como tal es indispensable reunir méritos suficientes antes de merecerla. La primera llave en la vida de cualquiera, que llena de hondo orgullo a quien llega a recibirla, es precisamente “la llave de afuera”, la que permite entrar y salir de casa pasando por alto retrasos de alcabala. No obstante, ese premio es perecedero y podría perderse el derecho a tenerlo, junto con la confianza que se disfrutó, como consecuencia de temerarias irresponsabilidades e insolvencias posteriores.

Según asegurarían de lado y lado, la puerta de las elecciones parlamentarias de 2015 estaría por abrirse en República Bolivariana (“RB”), con los argumentos  de cada bando que basan su fortaleza para atravesarla y llevarse nuevamente el trofeo, unos; o arrebatarlo, otros; en la obligación del pueblo a ofrecer indistintos respaldos ciegos para no perder las migajas que los hacen inocentes esclavos de pensamiento y acción, o  por el contrario a zafarse del yugo. El cálculo incluiría la obligación de olvidar exigencias de antecedentes de decencia y de compromiso rotos a los que prometen conducir a supuestos rebaños rojos o multicolores,  porque solo haría falta la lealtad a cantaletas, y esperar sentado el  milagro que  jamás llega.
 


Por miles, por no decir millones, se cuentan las personas que perdieron temporal o permanentemente  el beneficio de llevar en el bolsillo “la llave de afuera”. Las negativas a rendir cuenta, a hacer lo que les viniera en gana, pondrían fin a ese privilegio; a pesar de dramas de arrepentimientos que resultaban falsos, o es que el vecino lo hace aún peor,  bravuconadas a salirse por la ventana en lo adelante, o de irse y no regresar. El caso se repetiría ahora en “RB”, donde, aunque no se crea, tales excusas infantiles inspiran razonamientos del sector adverso al régimen,  como base principal para reclutar seguidores. En su parcela, sin discusión, el autoritarismo imperante solo utilizaría fuerza y chantaje, para blindar una supuesta mayoría.

Como  “el vecino lo hace aún peor”,  hay un sector que considera urgente e inaplazable el otorgarse a ellos mismos  una carta de buena conducta, y en blanco el nombre de quien se acredita, por la simple razón de que la llave debería dársele al menos malo, y no al que posea competencias superiores para realizar la tarea. Reclamar la renovación de postulantes  en listas invariables por década y media, exigir hojas de servicio para conocer contribuciones públicas concretas, de inmediato levantaría la acusación de “tontos de la anti-política”, con sospechas de promoción de abstencionismos, de divisionismos contrarios a la unidad incondicional, de aliados de los esbirros pero a la vez de desestabilizadores y de subversivos, si trancarán una calle en protesta. Ni hablar de las maldiciones a los que soliciten reemplazos  de conductores de este proceso, o de exploración de otros métodos complementarios, o no, para alcanzar metas de fines comunes, los cuales suscitan la inmediata descalificación a lo dictatorial, con sectarismos descarados, bien lejos de procedimientos democráticos de entendimiento colectivo.

Para superar tanta decadencia, engaños y farsas en 15 años de “RB”, quizás haga falta acreditar nuevos aspirantes recurriendo a una versión criolla de "La llave y la letra",  escultura original de Antòni Tàpies  en la ilustración de arriba, la cual se entrega con  80.000 euros a los ganadores del “Premio Internacional de Cataluña”. Los candidatos ostentan participaciones importantes en el desarrollo de valores culturales, científicos o humanos alrededor del mundo.Desde que el filósofo Karl Popper triunfara en  la primera edición, por la Generalitat han sido distinguidos Jacques-Yves Cousteau, Jacques Delors, Václav Havel, Bill Viola, Haruki Murakami, Claude Lévi-Strauss, Doris Lessing, Luis Inázio Lula da Silva, la niña paquistaní Malala Yousafzai, la exprimera ministra noruega Gro Harlem Brundtland, y el arzobispo sudafricano Desmond Tutu, también Premio Nobel de la Paz en 1984. Con los mejores, en vez de los menos malos, probablemente acabarían los continuados ensayos de fracasos.



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