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25 de julio de 2014

DOMINGO 7: Ruines, ruinas


La Tierra cuenta con lugares de excepción que serían constancias de grandes desarrollos de civilizaciones anteriores,  los cuales quedarían truncados por erupciones volcánicas, terremotos, deslaves, inundaciones, y su enterramiento por sedimentación de suelos hasta emerger de nuevo  por empeños expedicionarios, bien remunerados. Más recientemente, también se podrían contar ruinas de  guerras expansionistas en sitios abusados por invasores, pisoteando derechos humanos. 

En el siglo XXI, sin embargo, se consolida una insólita categoría de depredadores que menosprecia la hermandad y legado común con sus presas. Constituyen los casos de dictaduras al estilo cubano y afines, afincadas en un comodín  para espoliar riquezas, luego de acallar críticas  y la información libre, así como esclavizar y empobrecer por la fuerza a naciones enteras. Resultan de frentes parasitarios  sobre  pelotones ruines,  propagadores de ruinas hechas chatarras, solo  apetecidas después por especuladores que pagarían barato rescate, muy por debajo de precios de gangas.

La visible soga al cuello de República Bolivariana (“RB”) a causa de malversación, despilfarro y corrupción por quince años, daría pistas sobre la parte que salió perdiendo, quizás hasta la poca dignidad que le quedara, en la aceptación de unas 400 obligaciones atribuidas por ahora al descomunal fiado chino. En dólares en efectivo, seiscientos mil barriles DIARIOS de petróleo, a corto plazo creciendo al millón, desaparecerán como ingresos frescos para el porvenir, y hasta no se sabe cuándo. Que se haya declarado, se trataría de saldar 40 mil millones de dólares recibidos hasta ahora, que incluirían en retribución hasta un satélite con siglas de “RB” para afianzar el imperio chino en el espacio. 

En la caza de otras ruinas en liquidación, el régimen cubano también se añadió a la ronda de negocios chinos esparcida y afianzada en Latinoamérica  este mes de julio de 2014. El  beneplácito en los dominios de la dictadura de Fidel y Raul Castro, sin importar cuotas de cesión de soberanía como respaldo de cada compromiso contraído, estuvo referido a la constatación del olvido de viejas ofensas a los chinos, provocadas desde allí. En 1978, en Cuba se llamó la “traición de China” a las reformas económicas de Deng Xiaoping. En Angola y el Congo, los cubanos atacaron con metralla a las tropas de Holden Roberto y Mobutu Sese Seko, aliados de China. 

Del lado de “RB” hay desesperación oficial por la fuerte frustración popular debido al desabastecimiento de alimentos y medicinas, aumento general de precios de bienes y servicios, y desbordamiento de la inseguridad por crecimiento de acciones delictivas, y represión  de las protestas. Como si de un mal menor se tratara, del pan chino de hoy que además golpeará con  hambre el mañana, se han omitido sus daños en el empleo de obreros criollos de la construcción a cargo mayoritariamente de asiáticos, así como su abrumadora presencia en el tendido de vías ferroviarias, o en la entrega del mercado local a la  producción importada de igual origen que agranda sus fortunas, mientras aumentan los pobres de aquí.





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