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19 de junio de 2014

DOMINGO 7: Tracalerías


Con  certificación indiscutible, el verbo “tracalear” y la acción y efecto de la “tracalería” tienen en común su condición de uso en Venezuela solamente, sin extensión a ningún otro país, según referencia de la versión en línea del Diccionario de la lengua española (DRAE) edición actual —la 22. ª—. Allí estaría una de las explicaciones, si se anotara el abuso corriente de aquellas acciones,  del porqué  este territorio metamorfoseó hasta degenerar en República Bolivariana (“RB”), como probable etapa culminante antes de terminar hecha polvo final.

Imperturbabilidad de por medio, común a los mandantes de “RB”,  seguramente entre ellos se disculparán excesos, apelando al caso extremo de la inocente serpiente del Paraíso Terrenal, la cual encabezó el primer embauque y conspiración registrados en la historia de la humanidad.  Sin embargo, entonces no existían los tribunales internacionales de justicia de La Haya, para juzgar aquel daño, que provocó la expulsión de Adán y Eva de la tierra de los privilegios,  y su desgracia y la de todas sus generaciones, por los siglos de los siglos.



Como años pasan de la existencia de  “RB”, así se abulta el expediente de tracalerías comprobadas de funcionarios de cualquier nivel de la administración pública. Para reventar frenos y resistencias, tracalear ha sido una constante desde su preámbulo en un alzamiento militar con un centenar de muertos; luego su nacimiento montado en una asamblea constituyente sin previsiones constitucionales para la época; apelaciones fraudulentas a causas sobrevenidas; persecución de firmantes de listas obtenidas de forma ilegal; modificaciones ventajistas del padrón electoral; complicidades incitadas en arbitrajes y auditorías electorales, así como en tribunales de justicia. Mientras tanto, la economía y el bienestar social  se comprimieron con el peso de una corrupción hipertrofiada, y solo quedó  la muerte, cárcel y represión continuada de estudiantes o de cualquier disidente.

De otro lado van los misterios de “RB”, entre los cuales revestirían mayor gravedad el silencio oficial dado, en su momento, al delicado estado de salud del presidente, para empujarle a la reelección y a encontrar allí su propia muerte; la fecha y lugar dudosos de esa defunción; y el acta de nacimiento que corroboraría nacionalidad y legalidad de quien le sucedería. Con tantos antecedentes opacos, la situación viene empeorando en 2014 con la  necesidad de desviar la atención de los ciudadanos sobre el descomunal precio de alimentos y medicinas, la escasez de esos bienes, y el colapso de servicios básicos como agua y electricidad. La tracalería de estos días apuntaría a señalar culpables de un complot para asesinar a quien ejerce de presidente, justamente entre notables opositores.

La tracalería como exclusivo patrimonio nacional de “RB” tendría una vieja referencia, que también encajaría en el empeño de ir hacia atrás del régimen bolivariano. Alexis Márquez Rodríguez, en diciembre de 2012, se la atribuía a “Doña Bárbara”, quien la utilizaría “para administrar su fama de bruja…”, de acuerdo a la novela de Rómulo Gallegos de 1929. Igualmente, el Diccionario de venezolanismos, de M. J. Tejera et/al, definiría “trácala” como “Estafa, engaño, trampa”, y aparecería en obras de Lisandro Alvarado, R. D. Silva Uzcátegui, Arturo Úslar Pietri y otros. Aunque en 2012 el profesor Márquez halló usos parecidos en México, Puerto Rico, y Ecuador, según el DRAE de hoy, la tracalería sería más bien exclusividad de “RB”.


 


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