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26 de junio de 2014

DOMINGO 7: "Puentes Rotos"


Como vuelven las lluvias, la verdadera angustia de la población le impide reparar en condenados al foso de desconfianza e impopularidad, desplomados a nivel de “´puentes rotos” imposibles de pasar. Davis, Giordani, Navarro, Álvarez –creciendo el montón–, ya tendrían salvavidas de última hora. Sí hay mucha rabia, no obstante,  por el señuelo de puente levantado con complicidades nacionales e internacionales, para bloquear la justicia contra represores causantes de 42 fallecidos, millares de presos, y persecuciones a granel. Pero,  el terror actual cunde por estructuras empapadas sobre ríos, lagos,  y embalses  que estarían en peligro por nuevos desbordamientos, inundaciones, crecidas, deslaves y derrumbes, debido al abandono típico o “endógeno” en República Bolivariana (“RB).

Hace ocho años golpearía la urgencia de atender primero a los de adentro, en vez de esparcir corrupción en regalos de media riqueza petrolera a Fidel y Raúl Castro, a la intromisión en el extranjero con maletas repletas de dólares para doblegar voluntades, o simplemente en costosos ventajismos para aniquilar a la oposición. Ocurrió con la caída del viaducto N° 1 de la autopista Caracas-La Guaira, el cual de marzo 2006 a junio 2007, fue reemplazado por una “trocha” que produjo graves congestionamientos de tránsito, serios retrasos para conectar con el principal aeropuerto, y atracos a ocupantes de vehículos obligados a avanzar a mínima velocidad al atravesarla.


A pesar de esa emergencia, igual se demoró la conclusión de la obra durante 15 meses y el pesar por sus consecuencias, sin descartar la ocasión de liquidar comisiones y sobreprecios con imperturbabilidad bolivariana -excedida hoy, más madura, criminalizando movilizaciones estudiantiles, ignorando medidas humanitarias para presos enfermos, juicios imparciales para disidentes, y monopolizando instituciones de estado con funcionarios de legitimidad vencida-. Según se temía, siguieron eventos similares en Caño Negro”, Zulia; Cúpira, Boca de Uchire, Rio Chico, Miranda; y caño El Arzobispo en Barinas, en 2011, 2012 y 2013. En 2014, los puentes y viaductos de todo el territorio nacional seguirían afectados “entre 80 y 90%, mientras que la vialidad entre 60 y 70%, producto de la falta de mantenimiento y previsión”.

Los puentes rotos, en el sentido de interrumpir una continuidad prevista, refieren así mismo a cadenas despedazadas por pérdida de eslabones, tal es el caso de la desarticulada gerencia pública de “RB”, la cual hace bastante que lleva directamente al barranco.  La iguana come-cable ilustró el problema del suministro eléctrico; el racionamiento de agua, el déficit de inversiones en embalses y reparación periódica de canales de distribución; la escasez de alimentos, medicinas y repuestos, el agotamiento de divisas y créditos para importaciones; el hundimiento de la industria del petróleo, la incapacidad para reponer yacimientos y refinerías.

El fatal desenlace de la secuencia de “puentes rotos” todavía no se ve completo, porque viene pausadamente. El relevo indispensable se ha descabezado con la sumisión al régimen como única credencial para la sucesión técnica y administrativa que garantizaría el desenvolvimiento de la nación, a partir de sus provisiones eléctricas, hidráulicas, sanitarias, alimentarias, o petroleras. Los profesionales escapados de “RB” han ido a aumentar riquezas y bienestar de diferentes regiones, mientras aquí quedaría aún, de brazos cruzados, cierto lastre restando bríos al reclamo generacional por mejor destino. De tanta siembra de puentes rotos, y excedente antillano anulado a lo comunista, una buena cosecha pareciera improbable.






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