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16 de mayo de 2014

DOMINGO 7: Venados Atrapados


Dieciséis años de impunidad para culpables de desafueros en República Bolivariana (“RB”), han hecho las veces de su propio corral sin salida, apretando cada día, tal ocurre a venados y demás presas animales que, una y otra vez, se tragan cebos escondidos tras barreras de un cercado, el cual  se les cierra amenazante de dejarles atrapados por siempre. En el caso  de los humanoides de este cuento, es tan repetida su ingesta de carnadas sin efectos nocivos, que aun juzgarían imposible imaginar algo o alguien bloqueándoles esa salida tenida por garantizada.

Las barreras rodeando a los venados de la especie bolivariana vendrían desde adentro y no desde afuera del rebaño. Son talanqueras ancladas lentas y profundamente en bochornosos sucesos como la glorificación de los pistoleros de puente Llaguno, el asesinato de Danilo Anderson, las infames listas de Gascón y Maisanta, los despidos ilegales de los tecnócratas de PDVSA, los ventajismos y fraudes electorales, la corrupción generalizada sin castigos; y en 2014 las muertes, torturas, persecuciones y cárcel para  participantes en protestas pacíficas promovidas por estudiantes.


La visible gran mentira de “RB” bambolea igualmente sobre las talanqueras del guión único de falsas subversiones, conspiraciones, magnicidios, invasiones del imperio yanqui, ataques de la derecha fascista y golpista, de las que nunca se revelan pruebas, respondiendo a la prescripción  de Fidel y Raúl Castro para consumo exclusivo de inocentes mayores de 18 años, fanáticos, o de los bien retribuidos por adhesiones incondicionales. El método muestra su eficiencia en 56 años de dictadura familiar en Cuba, con aplausos de minorías ignorantes del resto del mundo hasta que la desgracia se les viene encima, restringiendo sus libertades públicas y reprimiendo a transgresores.

El cercado asfixia pausadamente a estos venados –pero como si no fuera con ellos–, aunque peor todavía al remanente de la población al que ya no le alcanzan ingresos para alimentos, medicinas, repuestos –cuando se consiguen sufriendo sol y lluvia en largas colas–, o simplemente para pagar pasajes diarios al trabajo, la escuela, los hospitales o las frecuentes visitas a morgues, funerarias y cementerios.  Las barandas se levantan asimismo con altas cifras en dólares conseguidos prestados en el extranjero, y los cuales deberán ser pagados con adicionales privaciones para el pueblo, a corto plazo.

Los venados parecen no darse cuenta del corral que se han tendido ellos mismos, con la escasez de resultados concretos que signifiquen mejor calidad de vida a la de dieciséis años atrás. Nada sobresaldría por encima del gamelote creciente de palabrerías, discursitos y cadenas para atontar a seguidores, a pesar de los descomunales ingresos petroleros durante un acumulado de años jamás conocido, y por fuera de auditorías confiables. Escapar del propio cerco de talanqueras resultaría ahora improbable, y la represión desatada por el régimen presagia que algunos desearían abrirse paso a tiros, para salvarse de su suerte fatal.



 


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