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22 de agosto de 2013

DOMINGO 7: Salvavidas Desinflados



El riesgo mortal de encontrarse con un salvavidas desinflado, cuando más se le necesite, estaría bloqueado a la percepción de lo que les queda de cerebro a  quienes alzan sus manos en la Asamblea Nacional, para ahondar la fosa que en su momento también les alcanzará a ellos mismos, a sus propios familiares y amigos.  Mientras tanto, diputadas y diputados sometidos “rodilla en tierra” continuarán creyendo que están decidiendo una derrota aplastante de enemigos artificiales, los cuales fueron sembrados en las cabezas de muchos de ellos,  hasta el convencimiento de que aquellos jamás tendrán el derecho a la resurrección y la revancha.

Bien conocida es la parábola sobre los hitlerianos buscando comunistas, socialdemócratas, sindicalistas, judíos, y la pasividad de la gente en silencio porque el asunto no les concernía, hasta...“cuando vinieron a buscarme,  pero ya no quedaba quien pudiera protestar”, a decir del pastor luterano Martin Niemöller Stiftung, en su sermón ¿Qué hubiera dicho Jesucristo?, pronunciado en la Semana Santa de 1946, en medio del inventario de los estragos del nacionalsocialismo “nazi” en Europa. 


Con la ilusión de seguir pegado al salvavidas que los hace flotar aun después de quince años de uso y abusos de poder en República Bolivariana (“RB”), las advertencias sobre caducidad no son tomadas en cuenta, y sus usuarios vendrían acercándose a un seguro naufragio. Con la excusa de atacar la corrupción que se ha robustecido con su permiso desde 1998, ahora se pretendería habilitar a su Presidente para que dicte leyes anulando a la Asamblea Nacional. La experiencia indica que, una vez habilitado, el jefe del gobierno podría utilizarla para mandar a su exclusivo antojo, arremetiendo contra quien le estorbe a su paso, sin excepciones de color, ni prisión alguna para los grandes corruptos como ahora.


El cálculo de los náufragos se basa en que legislar en contra de ellos mismos como en el caso de la Ley Talanquera, fue la vacuna que los libraría de castigos gubernamentales. Aplaudir agresiones por diferencias al asumir sexualidades, las grabaciones ilícitas, y demás procedimientos arbitrarios, resultarían antídotos para que esbirros oficialistas nunca lleguen a reventar las puertas de los sumisos. Hasta les parecerían decentes y honrados los sobornos para corromper con dinero robado al tesoro nacional, a cualquiera que se venda para sumar el voto adicional obligatorio para completar una nueva trampa jaula.



Lo que abunda en extremo en los buenos salvavidas son los avisos de las innumerables precauciones requeridas para confiar en esa protección. Sin embargo, en “RB” la constante descansaría en la prioridad a la vista gorda para justificar rentables componendas de pocos.  Tanta indolencia contra la tierra natal de casi todos –menos uno– de los encaramados locales del régimen subalterno de la dictadura castro-comunista cubana, quizás lo explique el efecto de un poderoso veneno ideológico que antepone la salvaguarda de los intereses de aquellos y de otros extranjeros parásitos, a los del pueblo de aquí que sufre abandonado a su  interminable penuria, si no se doblega a la invasión ajena a su libre manera de vivir. 




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