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13 de junio de 2013

DOMINGO 7: Imperio de la Noticia “S.S. XXI”



Cuando  Venezuela no calzaba el alias de “República Bolivariana” (RB), y ya había desechado en 1961 el de “Estados Unidos” quizás en rechazo a la manía de sobrecargar la  identidad común en los bajos fondos; un comunista culto, bien educado y mejor persona como regla de los de antes -Héctor Mujica-, en 1967 dejó impresa su visión sobre “El Imperio de la Noticia”, del que ahora solo va quedando aquí la condición de mercancía en subasta al mejor postor, bajo la densa sombra del “Socialismo Siglo XXI” (S.S. XXI).

Alerta de activación obligatoria requiere en “RB” la escalada a la propiedad de medios masivos particulares independientes. Una minoría  de estos, pero que supera en bastante la circulación y audiencias de cualquiera de sus contrapartes sostenidas con dinero público. La creciente amenaza a la credibilidad de la noticia exige como nunca el enfrentamiento lupa en mano para leer detrás de ella, quiénes son los propietarios del medio, y cuáles sus afanes crematísticos, de poder social o de dominación del pueblo al que dirían servir por “puro amor”.




Bajo el “Imperio de la Noticia S.S. XXI” luciría necesaria una investigación de la Fiscalía General de la República, para despejar dudas sobre la ocurrencia de delitos en el traspaso de las propiedades de la única televisora de noticias del país, y de la popular “Cadena Capriles”. Mencionan igualmente al Banco Central, Cadivi,  y Seniat como entes que deberían verificar el cumplimiento de normativas legales sobre inversiones en el país, control de cambio, y pagos de impuestos por los vendedores por enriquecimiento en tales operaciones multimillonarias según su estimado valor real.


La operación de medios con alguna libertad en “RB” es prácticamente una excepción, pues esa condición de independencia editorial resultaría imposible de sostener sin gruesas pautas del gobierno que van a medios adulantes. Son pocos los ingresos generados por anunciantes privados que aún sobreviven a expropiaciones, o a una producción de bienes o servicios congelada por restricciones en la entrega de divisas para reponer inventarios de materia prima o equipos básicos. Adicionalmente, cualquier publicidad en medios libres se interpretaría enseguida como contribución a la “desestabilización”, merecedora de severas represalias oficiales. Por último, a quienes sí les llueven ganancias en el desabastecido mercado local -sin razones para anunciar-, son los exportadores extranjeros que dejan comisiones a intermediarios pero sus riquezas se quedan en otro lado.
 



 

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