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11 de abril de 2013

DOMINGO 7: “Transformers”



La adaptabilidad a nuevas situaciones que haría falta afrontar, el recurso del cambio para continuar cuando las recetas ya no curarían, sería el recado más visible de los versátiles personajes “transformers” a las últimas generaciones. Sin embargo, la necesidad de cambiar siempre ha resultado imperativa en todos los tiempos, y si dejara de formar parte de la vida cotidiana tal vez habría sido porque fue consumida por el paso de los años,  restando solamente la profundización de la vejez y la muerte.

La población venezolana se encuentra hoy en una encrucijada en la que no resultaría de beneficio alguno quedarse inmóvil; a unos y otros este mismo lunes 15 de abril su propia vida le exigirá adecuarse a las mejores condiciones que posibiliten el mañana soñado para hijos y nietos, dejando atrás diferencias que retrasan el rumbo del país, por falta de unión de esfuerzos para ir tras el progreso mundialmente reconocido.


Unas letras sobre consecuencias de detener el paso -mientras haya vida por delante- las escribió el poeta y político chileno Pablo Neruda, Neftalí Ricardo Eliecer Reyes Basoalto, Premio Nobel de Literatura 1971, y autor del título “Confieso que he vivido”, entre otros. Pero, el levantamiento del descanso de sus restos mortales iniciado casi cuarenta años atrás en su casa museo de Isla Negra, le regresó esta semana a la noticia por la búsqueda de “una raya más para el tigre” de la dictadura militar del Augusto Pinochet, por querella de mayo de 2011 del partido comunista de Chile, para esclarecer si murió a causa de un cáncer o asesinado con una inyección letal.

No obstante, más allá de credos  o manejos políticos, para muchos resultará estimulante su confesión de haber vivido, y  a la que invitaba con estrofas como las que siguen: “Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos. Quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce”.

“Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos. Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante”.

“Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar. Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad”.

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