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28 de septiembre de 2012

DOMINGO 7: ¡SALVAR A LA ZORRA! (Fábula para inocentes mayores de 18, PARTE II)




En una de Esopo, acreditado autor de fábulas en las que "humaniza" conversaciones de animales para destacar vicios y virtudes, se deduce que, al esperar gatos y oírlos maullar según lo sabido, el asunto va tan bien como cuando se aguardan leones y se perciben sus rugidos. El problema sin remedio estaría en la falta de previsiones porque se crea que las fieras salvajes se pueden comportar como gatos, y se acabe destrozado por sus colmillos.

En “el león, el asno y la zorra”, el trío sale a cazar en igualdad de condiciones, pero el segundo resulta devorado por el primero y a la primera, al fallar simples cálculos inocentes sobre el tiránico “Rey de la Selva”. Se impondría  el carácter carnicero, y la superioridad para arrasar con cuanto apareciera en los alrededores. La zorra, por astuta, aprendería aquella lección y salvaría su pellejo, pero a cambio de servidumbre y sumisión.


Noticia vieja sería la constante amenaza de especies aparentemente domésticas, que de repente padecerían de bárbaras transmutaciones. Producirían temores a los más débiles como ocurrió a la zorra de la fábula, admiración a los que quisieran imitarles pero les faltaría coraje y recursos para dominar a otros; y conformismo entre quienes aceptarían la calamidad con la resignación del destino desdichado. También rondarían los que creerían tener el secreto para domesticar al león, aunque sin premio alguno para su empeño como el asno que pronto terminó en comida de la fiera. Por último habría un grupo en guardia, preparándose tenazmente para acabar abusos y ventajismos, y darle un parado al despotismo.

La opción cívica es la que suma más voluntades en la Venezuela de hoy, con grandes fortalezas guardadas para las votaciones del 7-O como arma de exterminio de dañinos mutantes, los cuales fingirían de domésticos felinos cuando llegaron hace unos 14 años.  No valdrán ventajismos de ninguna naturaleza para ganarle al voto juicioso que recuperará la paz perdida y las libertades plenas, y hasta redimirá las equivocaciones admitidas de muchos quienes se voltearon al avanzado proceso de conquistas civiles al alcance de todos, a cambio de una riesgosa aventura ya fichada con peligrosos antecedentes.

Como lamentablemente suicida quedará registrado que, por defecto individual o colectivo, fueran las presas pretendiendo engatusar al león, al ofrecérseles otra vez desprevenidas como el asno de la fabula, que perdió la vida por imaginarse imposibles. La enseñanza de la historia real apunta para volver a contar a cualquier inocente aún siendo mayor de edad y con derecho a votar, a la dificultad de cambiar la actitud básica de los individuos, y la fútil expectativa por transformaciones mágicas, cuando los  expedientes públicos advierten lo contrario. El próximo domingo deberá imponerse el fin de una pesadilla, con el despertar de un pueblo enrumbado hacia un futuro prometedor.

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