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20 de enero de 2012

DOMINGO 7: INSTIGACIONES

Por Josué Domingo Fernández Alvarado


En 2012 se cumplirán 50 años de “El Porteñazo” y 20 del “4 de Febrero”, dos “madrugonazos”  separados por tres décadas, aunque enlazados por  la instigación a la violencia extrema a soldados que, cumpliendo con el servicio militar y supeditados a la obediencia de sus superiores, fueron llevados convertidos en "carne de cañón" a dispararles a otros compatriotas además, como sólo se vería en los paises sanguinarios de mayor atraso en el mundo. A esas tropas se le ordenaría inclusive, muchas veces, el dar sorpresa a desprevenidos todavía durmiendo indefensos. Una brutalidad consumada por  reducidos grupos de  golpistas, muy bien identificados antes y después, que aún no piden perdón ni se arrepienten de sus fechorías, y más bién se autoproclamarían desvergonzadamente como un conjunto de héroes.

Entre los militares sobrevientes de la agresión de 1962 respaldada desde Cuba contra la democracia local cuyas instituciones habían jurado en vano defender, y los civiles que fueron complices conscientes, una gran parte está en el poder en Venezuela quizás como cuota de retribución al  aliento recibido de los mismos cubanos que ya gobernaban allá medio siglo atrás.  Ese agradecimiento ha tenido continuidad en aumento de 1998 a 2012, y admiración inocultable añadida a los desalmados que en 1959 comenzarían el exterminio de cualquier opositor mediante fusilamientos extensivos a algunos aliados, alcanzando según activistas en el extranjero 44.700 vidas acabadas por la tiranía de los Castro, repudiada hasta por Carlos “El Chacal”.

La  ahora histórica dependencia  de la Habana también facilitaría de allí el precedente de aniquilar con realidades cualquier entusiasmo inocente, como el de algunos venezolanos con el recién presidente electo en 1998, al hablarles éste desde la posteriormente "expropiada" sede del Ateneo de Caracas, su primera y última tribuna de amplitud.  En  el libreto cubano, en el Campamento Militar de Columbia, además con  paloma blanca posada en el hombro para mayor dramatismo,  Fidel Castro había expresado: "...Y quiero decirle al pueblo y a las madres de Cuba, que resolveré todos los problemas sin derramar una gota de sangre. Le digo a las madres, que nunca a causa de nosotros tendrán que llorar… ¿Armas para qué?”

Otra copia descarada estaría en el antes y después del 13 de Enero de 1959, cuando Fidel Castro se curaría en salud de algo que ya percibiría como malo y declararía: "Son calumnias contra la revolución decir que somos comunistas, de que estamos infiltrados de comunistas". No obstante, el 1°de diciembre 1961 se echa para atrás y declara: "Puedo decir con plena satisfacción, que soy marxista-leninista y lo seré hasta el último día de mi vida". El “sigüí” criollo –en la acepción más “light” de R. Núñez y F.J. Pérez– se diría  marxista en 2010, pero sin haberse leído la cartilla básica de “El Capital”, a confesión propia.

Para la gente que de verdad ama y ayuda al prójimo sin cobrárselo, que respeta la vida ajena y lo que no es suyo, comprensiva de la diversidad de credos y preferencias, orgullosa de sus logros con esfuerzo propio, que desea elegir y cambiar dirigentes cuando buscan perpetuarse: la mejor opción es acudir a votar el 12 de Febrero, y con la unión de todos continuar hasta dar fin a la sumisión a mercenarios y postulados de intrusos, propiciar el regreso de militares a sus cuarteles por la defensa real de la soberanía, y abrir el juicio debido para que no se repitan amenazas ó se vuelva a disparar contra el pueblo.




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