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11 de noviembre de 2011

DOMINGO 7: “TOMA TU TOMATE”




La expresión “Toma tu Tomate” ha sido utilizada con frecuencia para referirse a agresiones indiscriminadas del oficialismo contra adversarios,  particularmente en  “Aporrea”, aunque son muchos los casos que incluyen de manera desagradecida a “originarios” contribuyentes de palabra y obra con el encumbramiento del régimen, desde antes de 1998 . En esa tradición de no hay peor cuña  que la del mismo palo, en el referido portal electrónico todavía queda constancia de tales ingratitudes. La falta de respaldo entre gente que tendría raíces comunes parecería costumbre si se agrega la declaración de “Fidel Castro mató más gente que yo” emitida por Ilich Ramírez  Sánchez “El Chacal”,  y así “echarle paja” nada más y nada menos que al tenido como nuevo padre de la patria bolivariana de Venezuela.
Sin embargo, los primeros “tomateados” de las mareas rojas fueron aquellos ofendidos por el histórico discurso de Jorge Olavarría el 5 de Julio de 1999, cuando les pasó el sonrojo; luego cayeron los grandes aguantadores mediáticos del contrabando antidemocrático, los embaucados en cargos públicos y de elección que terminaron por entregar  enfrentando acosos judiciales como amarga recompensa,  y finalmente los ya abandonados a su suerte en las cárceles tras cometer el delito de retirar su adhesión  incondicional al gobierno.  Todos sufrieron además el sorpresivo momento en que fueron por ellos, aun siendo inocentes de cualquier cosa menos de haberse confiado, quizás a ciegas a pesar de la edad, en un proyecto prometedor entonces de la destrucción de la institucionalidad con su reemplazo por improvisación y revancha  a ultranza.
Con todo, aún irían por más candidatos a “tomatazos”  para la persecución directa reservada a abiertos detractores que no representaría  mayor novedad, pero también contra los propios revolucionarios que se creían poseedores de salvoconductos, pero que caducaron con  la política de no discriminación a este respecto.  Ellos estarían ilusionados con un hipotético  plan “B” con ocurrencia más allá de la eventual reelección del Presidente hasta el 2018, según el guión también preferido y denunciado hasta el cansancio por el gobierno -  éstos con la esperanza  de pasarse por víctimas y los otros de una eventual salvación por la campana -  de la invasión del imperio a través de su marines, ó  más recientemente de medidas de organismos regionales o mundiales como la OEA o la ONU.  La única amenaza contra la probabilidad del mencionado plan es que sólo asustaría a quienes carezcan de prontuarios  golpistas o de delitos de menoscabo de los derechos humanos, o de desconocimiento de instancias legales de las sociedades democráticas, cualquiera de ellas ya contabilizadas como méritos de los que están en el poder en la Venezuela actual.
La profundización de la revolución, la imposición de medidas que terminen de derrumbar los pocos vestigios en pie de las instituciones democráticas conocidas,  es la oferta  electoral real del continuismo, superando abiertamente las promesas de casas, artefactos eléctricos, nuevas misiones, hospitales, ferrocarriles,  y demás bisutería para hacer caer por inocente. El acento en  la cárcel y la exclusión de los que se opongan a las medidas absolutistas y dictatoriales por venir, calcadas de  la Cuba decadente, sería el futuro venezolano previsible,  después del 2012,  si no llegara a ocurrir ningún cambio pacífico.
Los avisos han sido dados ya a seguidores y opositores. Nadie debería estar engañado de lo que le esperará tras su decisión en menos de un año, el 7 de Octubre, si fuera en dirección contraria al necesario voto de la inclusión verdadera; deteniendo el éxodo de familiares y amigos que  quieren  salir corriendo  sin importarles riesgos; regresar a sus hogares ó a hospitales a los presos políticos del régimen; volver a confiar en la justicia ordinaria, en los organismos electorales; impedir la ideologización de los jóvenes  con cartillas agotadas con la miseria del pueblo cubano; disfrutar sin necesidad de vestirse de rojo de buenas viviendas, hospitales, carreteras, escuelas, y servicios públicos nada más con cerrar el grifo de los montos desmedidos a otros países;  favorecer el empleo  con el apoyo multiplicador de las oportunidades de la empresa privada, y lo mejor de todo, volver a hablar de un país sin divisiones malsanas en dos toletes, para ganancia de unos pocos en el gobierno.

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