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7 de octubre de 2011

DOMINGO 7: AHORA ¡SÍ VA!

Por Josué Domingo Fernández Alvarado

Es difícil encontrar registro confiable sobre el momento en que la expresión “¡Sí va!” se hizo cotidiana en Venezuela. De pronto, desde las clases sociales más numerosas comenzó a escucharse en el saludo de motorizados, entre obreros,  en colegios populares, y también, aunque menos, en ambientes más pequeños de clase media y profesional. En 2007 hubo un intento de “apropiación” del “Sí va” para la campaña a favor de la reforma constitucional impulsada por el gobierno, pero no pasó de ser el título de un blog oficialista, abandonado después de la derrota  electoral.
Sin embargo el “¡Sí va!” popular y original, como dicho afirmativo, ahora sí estaría encerrando  renovados valores como los que siempre habrían caracterizado a la mayoría de los venezolanos, y sobre los cuales, quizás, se podría reconstruir el país tarde o temprano, impulsados todos por esa disposición a llegar a acuerdos, a sumar apoyos a las causas que se asomen como justas, aunque haya tropiezos salvables con los que van en contracorriente.
Resultaría indispensable superar al gobierno y a sus colaboracionistas en su “fortaleza” de partir el país en mitades, la de buenos que viviría sumisa y postrada ante sus designios, y la de los malos que sólo exigen diálogos, libertad de presos, cese de inhabilitaciones políticas, disminución palpable de índices de inseguridad, atención hospitalaria continuada, una economía que garantice predecibles costos de la vida sin  alta inflación, alimentación al alcance, viviendas con pocos riesgos de derrumbes,  servicios de agua y luz para Caracas y el interior por igual, respeto a las universidades autónomas, a la educación y la libre expresión, y un “parao” sin más cuentos al endeudamiento así como a los regalos petroleros en dólares y especie a otros países, acabando igualmente con la corrupción, y castigando a los muy conocidos corruptos.
La enfermedad del Presidente y las luchas internas que ha suscitado en su propio partido, mantienen intacto su afán por imponer  un país partido en dos toletes, coincidiendo cualquiera de los que se cree su fiel sucesor en la oferta de desconocer  las organizaciones políticas democráticas ya existentes como punto de partida, para sabotear la unificación y consolidación que vuelva sustentable al país.
Ellos desearían gobernar en el caos al igual que algunas células de  rezagados de la oposición radical  que  se agitan de manera espasmódica, porque igualmente preferirían que los partidos  no tomen iniciativas ni se dejen ver, para presumir entonces, como los primeros, de la  representación de  liderazgos emergentes, ó de libérrimos de conciencia. Sin embargo, ese empeño de unos y otros apenas es reflejado por contados seguidores bastante dispersos,  sin mandos comprobados,  y apenas visibles en llamadas telefónicas ó mensajitos de texto a algunos programas de radio y televisión, incluidos los de VTV, radioemisoras y periódicos del gobierno, convirtiéndose en conjunto en los propios saboteadores de las oportunidades reales e inmediatas de las salidas democráticas.
La tarjeta única de la oposición puso fin a las excusas para sumar a regañadientes forzados apoyos a los partidos. Quienes deseen prolongar la conocida patraña del socialismo del siglo XXI en Venezuela, lo podrán hacer sobradamente con todas las opciones que seguramente abarrotaran al tarjetón electrónico en apoyo al régimen. Quienes confíen en un mejor país, ajeno a cualquier color obligatorio, también tendrán su tarjeta única para así manifestarlo. Quienes apoyen a algún partido en la oposición, del mismo modo serán capaces de añadir sus adhesiones para revivir o enterrar el sistema de agrupaciones políticas que garantizaría los relevos en  los sistemas acreditados. El poder de militancias partidistas conocidas, permitiría cuantificar además el número de venezolanos dispuestos, en serio, a la defensa de la democracia, cada vez que se halle en peligro de extinción, tal cual han renacido esta vez con el logro de su tarjeta única y todas sus opciones unitarias para un mismo candidato de oposición. ¡Sí va!


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