Capítulos

28 de octubre de 2011

DOMINGO 7: ¿ETERNA ADOLESCENTE?


 Por Josué Domingo Fernández Alvarado


Como fósil de eterna adolescente estaría entre malo y pésimo el destino que le aguardaría a Venezuela, aunque tal fatalidad sería más bien improbable considerando resultados preliminares del Censo 2011, los cuales  ya dejan constancia de que la población comenzaría a envejecer, y en consecuencia a disminuir el número de inocentes en su interior. De otro lado, el gobierno asegura en cada documento oficial que este país cuenta hoy con la enorme edad de 202 años de su independencia, 152º de la Federación y 12º de la Revolución , por si fuera poco el aprendizaje a trancazos que encierran las dos primeras fechas.
Con el expediente que precede, costaría mucho tragarse la hipótesis publicada recientemente, de un ser de cuerpo, mente y espíritu aún en formación como el de los “adolescentes”, que representaría al promedio de los habitantes, permitiendo  atribuirle conductas superficiales, impulsivas, sin medir consecuencias, especialmente a la hora de escoger un líder para dirigir su país. No obstante, tal es el enfoque contenido en la calificada percepción de un experto conocedor de conductas sociales basadas en encuestas, las cuales se caracterizan por sus aciertos en las preguntas que concluyen en adhesiones casi invariables al régimen actual, y luego en propaganda gobiernera de sus verdades estadísticas.
Sin embargo, en este caso habría que reconocer el mérito innegable del encuestador cuando afirma de manera complementaria que, por ahora, en Venezuela “no hay diferencia entre lo que busca una adolescente (y también las mayorcitas) en su pareja y lo que busca la gente en su líder”, agregando que a veces su selección nos parezca inadecuada y en efecto el resultado sea desastroso, pero es obvio que a ella, que en definitiva es la protagonista, le da "nota". 
Tal pronostico no haría ninguna gracia a los verdaderos dolientes de personas en ese mal trance, porque implicaría comportamientos bajo dañinos efectos de una “nota”, cualquiera que fuera, la cual conllevaría además, según recopilaciones sobre inmadurez de adolescente y violencia contra la mujer, a que ellas se enamoraron inocentemente y luego vieron como su mundo de princesa de cuentos se iba viniendo abajo. Peor aún, que las que consiguieron alejarse de ese monstruo no pueden hacer nada en su contra porque no la dejan, porque la persiguen o porque a través de sus hijos no pueden deshacerse de ellos.
En la vida pública criolla, de cara a la escogencia de un nuevo gobierno para el próximo sexenio, se pondría a prueba ese enamoramiento adolescente que se explicaría en un breve período en la existencia de cualquiera, pero afortunadamente nunca eterno como fósil, en condiciones de adecuada salud mental.  El “resultado desastroso” adosado al vaticinio del encuestador, para Venezuela dejó de ser promesa y se expresa en graves deterioros  de la paz ciudadana, en violencia e inseguridad en la calle, en el decrecimiento de los niveles de los servicios públicos, educación, vivienda, alimentación y salud, pérdida del valor del bolívar, así como en el aumento de la corrupción oficialista y del secuestro de los órganos de la justicia, desde finales del siglo pasado y en la década que va del presente.

21 de octubre de 2011

DOMINGO 7: ¡ES BUENO CANUTO!

Por Josué Domingo Fernández Alvarado



Nadie le podría negar al gobierno de los últimos trece años que ha sido el campeón de la inclusión, pero de la  extranjera, por su contrabando de funcionarios cubanos en Venezuela, los cuales vienen a expensas de los de aquí por privilegios que les niega su propia nación. También se extiende esa política de inclusión en la merma de los bienes públicos de los venezolanos, con las cargas desmedidas de contribuciones en maletines a Argentina, a Bolivia, Ecuador, Nicaragua, miembros del Alba,  Bronx de New York, a la alcaldía de Londres, Uruguay en el hospital “Manuel Quintela”, casas en Perú, y pare de contar. Desde afuera, a la revolución bolivariana se le ofrenda con el coro de “son buenos los que dan” tomado de la canción de Miguel Matamoros “Es bueno Canuto”.

Sin embargo, a falta de dádivas en montos y calidad como las distribuidas puertas afuera, y para justificar la continuidad del peculiar Socialismo del Siglo XXI más allá de 2012, desde las tribunas gubernamentales hacia dentro del país se entona el complemento del coro “Son malos si no dan”,  con el que se asustaría a aspirantes a alguna de las dos millones de casas de  la relanzada Misión Vivienda, o a cualquier otro plan demagógico de cacería de  inocentes ya en vigencia, o de los todavía en el refrigerador esperando momentos culminantes de la campaña electoral del relevo presidencial. En el  nuevo engaño al electorado, ellos actualizarían su descomunal bazar de promesas y baratijas, copiadas de los espejitos para embaucar a los habitantes originales de estas tierras,  cuando fueron invadidos por extraños.

Así, en tiempos de indignados globales,   en vez de materia de oportunismos, la inclusión debería ser de enfoque nítido y de acciones  concatenadas con toda la sociedad, además del gobierno,  de manera de hacerla sustentable en el tiempo. Sin embargo, en Venezuela se ha quedado el concepto en vagas aspiraciones de idealistas, ó de oportunistas, algunos de los cuales atribuirían  al gobierno elevados índices de una cacareada inclusión de sectores marginales, aunque efectivamente su presencia sólo aumentaría  alrededor de los refugios de damnificados que se exhiben con descaro en los centro urbanos, meses tras meses, sin soluciones; o a las puertas de las morgues recogiendo a sus parientes víctimas de la violencia callejera que azota duramente a ese sector, ó simplemente deambulando como mendigos.

Tomando a los otros por tontos, con el añadido del insulto a la inteligencia básica, hay quienes menosprecian y descalifican cualquier oferta alternativa de líderes de oposición, por una supuesta  insensibilidad que le atribuyen a priori para esos elevados menesteres, ignorando el hecho comprobable  de que la baja opción del magnánimo gobierno actual apenas se palparía en la entrega al pueblo venezolano del sobrante de sus escaramuzas de origen y fines habitualmente inconfesables. Puras apariencias que no generan soluciones concretas a los infortunados del patio pero que sí avivan entusiasmos de despechados buscando perdón, ó de soñadores aún insatisfechos después de la vejez y de la viruela, ó de  encuestadores mercenarios.  Entre ellos, se cuentan personajes bien enterados de que ese  repele se halla consumido igualmente, en buena parte, en comisiones, peculado y otros tipos de corrupción, y que estarían casi intactos los problemas harto conocidos de los déficits alimentarios, educativos, y hospitalarios de los necesitados. Según algunos románticos, el discurso de amor gubernamental sería suficiente para compensar sus burlas continuadas en nombre de  los desposeídos - o sea, vitaminas de pura paja en discursos y cadenas -, en los términos de la incorporación de ese sector a contundentes oportunidades de progreso, y de  reconocimiento y satisfacción de sus necesidades.

El gran riesgo pre-electoral para la oposición - y de plena campaña para el gobierno -, sería entretenerse en debates para dirimir quién tendría mayor capacidad para ofrecer un bazar completo de pócimas y encantos mágicos que seduzcan a cándidos sin distingo de razas, sexo, ingresos o educación. El gobierno saldría ganador fácilmente por su acceso, blindado y sin escrúpulos, al uso ventajista de las finanzas públicas. Si fallara ese cálculo, quienes apuestan a los pobres como sus clientes eternos, debajo de la manga todavía contarían con su capacidad para  prender la mecha de agitaciones callejeras, basados en viejas destrezas para tirar la piedra y esconder la mano, e indolentemente azuzarían la temeridad de cualquiera que le sirva a sus verdaderos propósitos en contra de la libertad, y a favor del yugo social inspirado en el decadente régimen cubano.

14 de octubre de 2011

DOMINGO 7: “SIN QUERER QUERIENDO”


Por Josué Domingo Fernández Alvarado


El cómico  mexicano Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”, en su personaje de El Chavo del Ocho,  siempre recurría a la muletilla “sin querer queriendo” para justificar sus tenidos como inocentes e  involuntarios desmanes, pero que igualmente producían algún daño a las otras personas y cosas en su vecindad.  Siendo condescendientes, por allí también vendrían los tiros de la Revolución Bolivariana, la cual ha ocupado completamente lo que va del siglo XXI en Venezuela, sumando cifras “rojas-rojitas” en las que las buenas intenciones serían difíciles de encontrar.
Entre los muchos ejemplos recientes que descubren similitudes entre el personaje televisivo y la gestión llamada bolivariana, se hallaría la norma atinente a conserjerías en viviendas multifamiliares, que llevaría a la eliminación de esos puestos de trabajo con vivienda barata incluida, antes de que los condominios las pierdan para siempre. Igual inspiración cargaría  la propuesta legislativa que reduciría las ofertas habitacionales en alquiler, por razones como la anterior,  con el daño directo a quienes quedarían por fuera del mercado de compra-venta. Pocos tomarían en serio los dos millones de casas que caerían del cielo a cambio del continuismo en 2012, de más de lo mismo, como solución válida al problema habitacional.
En el acumulado a la fecha, partiendo de las actividades básicas de la economía, las ocupaciones de fincas agrícolas y ganaderas han traído la desaparición de gran parte de los productos nacionales y la sustitución por importados que sí generan empleo y riqueza en los países de donde provienen, a costillas de Venezuela. Las expropiaciones de empresas terminan en desabastecimientos a la larga, y en la extinción de beneficios contractuales, mejoras salariales e instituciones sindicales, las cuales al ser absorbidas claudican a sus luchas por coerciones oficialistas.
Resulta cuesta arriba el avizorar un buen panorama para las nuevas generaciones, bastante improbable al contabilizar el aumento continuado del costo de la vida, alrededor de una tercera parte cada año que pasa; bajos intereses para los ahorros; y sueldos y salarios que siempre se quedan detrás de esos incrementos. Adicionalmente, de poco serviría andar sin prendas finas o con los bolsillos vacios, porque entonces el hampa asaltaría para arrebatar teléfono portátil, moto o carro, con riesgos de perder la vida además por nervios o crueldad del atracador. Si se saliera de la universidad no se entra fácil al mercado de trabajo bien remunerado, y si la meta es una casa los altos precios lo impiden, mientras ya nadie quiere alquilar ni siquiera una habitación.
A la calladita, y sin querer queriendo, la acción de mayor éxito del gobierno revolucionario bolivariano ha sido la promoción de la misión “Deserción” comenzando por las escuelas oficiales que cada año cuentan con menos alumnos entre otras razones porque son casi invisibles los alicientes para estudiar. Deserción de salir a la calle al ponerse el sol por miedo a asaltos frecuentes. Deserción al matrimonio y a tener una familia por falta de espacios adecuados para alojarla. Deserción del empleo fijo al comprobar lo inútil de su búsqueda en el país.  Deserción a la buena alimentación por lo costoso del acceso a la misma. Deserción al deseo de prolongar la vida frente una grave enfermedad por carencias de medicinas y hospitales. Como nunca en la vida e historia de los venezolanos, deserción de todo quien pueda a sus amigos, la familia y los lugares que lo vieron crecer, en busca de mejores condiciones en cualquier otro país que pueda recibirles.

7 de octubre de 2011

DOMINGO 7: AHORA ¡SÍ VA!

Por Josué Domingo Fernández Alvarado

Es difícil encontrar registro confiable sobre el momento en que la expresión “¡Sí va!” se hizo cotidiana en Venezuela. De pronto, desde las clases sociales más numerosas comenzó a escucharse en el saludo de motorizados, entre obreros,  en colegios populares, y también, aunque menos, en ambientes más pequeños de clase media y profesional. En 2007 hubo un intento de “apropiación” del “Sí va” para la campaña a favor de la reforma constitucional impulsada por el gobierno, pero no pasó de ser el título de un blog oficialista, abandonado después de la derrota  electoral.
Sin embargo el “¡Sí va!” popular y original, como dicho afirmativo, ahora sí estaría encerrando  renovados valores como los que siempre habrían caracterizado a la mayoría de los venezolanos, y sobre los cuales, quizás, se podría reconstruir el país tarde o temprano, impulsados todos por esa disposición a llegar a acuerdos, a sumar apoyos a las causas que se asomen como justas, aunque haya tropiezos salvables con los que van en contracorriente.
Resultaría indispensable superar al gobierno y a sus colaboracionistas en su “fortaleza” de partir el país en mitades, la de buenos que viviría sumisa y postrada ante sus designios, y la de los malos que sólo exigen diálogos, libertad de presos, cese de inhabilitaciones políticas, disminución palpable de índices de inseguridad, atención hospitalaria continuada, una economía que garantice predecibles costos de la vida sin  alta inflación, alimentación al alcance, viviendas con pocos riesgos de derrumbes,  servicios de agua y luz para Caracas y el interior por igual, respeto a las universidades autónomas, a la educación y la libre expresión, y un “parao” sin más cuentos al endeudamiento así como a los regalos petroleros en dólares y especie a otros países, acabando igualmente con la corrupción, y castigando a los muy conocidos corruptos.
La enfermedad del Presidente y las luchas internas que ha suscitado en su propio partido, mantienen intacto su afán por imponer  un país partido en dos toletes, coincidiendo cualquiera de los que se cree su fiel sucesor en la oferta de desconocer  las organizaciones políticas democráticas ya existentes como punto de partida, para sabotear la unificación y consolidación que vuelva sustentable al país.
Ellos desearían gobernar en el caos al igual que algunas células de  rezagados de la oposición radical  que  se agitan de manera espasmódica, porque igualmente preferirían que los partidos  no tomen iniciativas ni se dejen ver, para presumir entonces, como los primeros, de la  representación de  liderazgos emergentes, ó de libérrimos de conciencia. Sin embargo, ese empeño de unos y otros apenas es reflejado por contados seguidores bastante dispersos,  sin mandos comprobados,  y apenas visibles en llamadas telefónicas ó mensajitos de texto a algunos programas de radio y televisión, incluidos los de VTV, radioemisoras y periódicos del gobierno, convirtiéndose en conjunto en los propios saboteadores de las oportunidades reales e inmediatas de las salidas democráticas.
La tarjeta única de la oposición puso fin a las excusas para sumar a regañadientes forzados apoyos a los partidos. Quienes deseen prolongar la conocida patraña del socialismo del siglo XXI en Venezuela, lo podrán hacer sobradamente con todas las opciones que seguramente abarrotaran al tarjetón electrónico en apoyo al régimen. Quienes confíen en un mejor país, ajeno a cualquier color obligatorio, también tendrán su tarjeta única para así manifestarlo. Quienes apoyen a algún partido en la oposición, del mismo modo serán capaces de añadir sus adhesiones para revivir o enterrar el sistema de agrupaciones políticas que garantizaría los relevos en  los sistemas acreditados. El poder de militancias partidistas conocidas, permitiría cuantificar además el número de venezolanos dispuestos, en serio, a la defensa de la democracia, cada vez que se halle en peligro de extinción, tal cual han renacido esta vez con el logro de su tarjeta única y todas sus opciones unitarias para un mismo candidato de oposición. ¡Sí va!