Capítulos

26 de agosto de 2011

DOMINGO 7: DESNUDOS… ¡LOS OTROS!


Publicado originalmente en:
enfoques365.net,
Opinión
Dom, 26 de Agosto de 2011

Spencer Tunick se vino a Venezuela en 2006 para comprobar la leyenda, según la cual gran parte de la población vivía desnuda, sin aspaviento alguno cada vez que su gobierno se quitaba las ropas democráticas que le dieron origen, y se envolvía, en pelotas, en elogios a cualquier dictadura genocida veterana, o a las más incipientes, sin distingos de ideologías, pero con mucho pragmatismo y justificaciones militaristas.

De tal manera, como parte de una gira mundial titulada por su autor Nude Adrift, equivalente en español a Desnudo a la Deriva, Spencer Tunick llegó a Caracas, a los treinta y nueve años, procedente de su natal Middletown, Condado de Orange, Nueva York. Los testimonios caraqueños se dividían entre quienes aseguraban que, en efecto, el gobernante andaba sin pudor alguno adhiriendo cuanto régimen de fuerza se hallara en el camino. Otros, por su lado, no veían esos supuestos delitos de impostor, vistiendo uniformes de recluta oficialista, y prisioneros de políticas clientelistas represivas de llegar a pensar diferente en lo adelante.


Entonces, no era gran novedad que para muchos inocentes, creyentes en cuentos de hadas, se evidenciara la historia de El traje nuevo del emperador del danés Hans Christian Andersen, especialmente en su exclamación final de “El Rey está desnudo”; hasta que comenzaron a sospechar que, en verdad, el emperador nunca había cambiado de traje, era así su único vestido de siempre. Pero lo que vendría a constituir una especie de Record Guiness estaría más bien en el volumen de gente que andaba igualmente desnuda, y por lo que no podía o quería advertir a su líder sobre lo inconveniente de desplantes a favor de gobernantes que ganaban repudio mayoritario a nivel mundial. Así, hubo que limitar a una minoría el número de personas que aparecería en la foto de Tunick, al pie de la estatua de Simón Bolívar, cuya figura es la referencia de cuanto proclama el gobierno actual como de su mayor inspiración.


Para sumar más evidencias sobre las inclinaciones naturales del gobierno venezolano, en contracorriente a las tendencias de mayor aceptación universal, solo ha hecho falta dejar pasar el tiempo. En 2009, el líder libio Muammar Gadafi recibió el Collar de la Orden del Libertador y una réplica de la espada de El Libertador Simón Bolívar. La lista de distinguidos con esa magna ofrenda, incluyó igualmente a Robert Mugabe (Zimbabue), y Raúl Castro (Cuba).


En consonancia continuada, en medio de la agonía de la dictadura de Gadafi de hace muy poco, de la Presidencia de Venezuela habría salido una carta en la que se expresaba al dictador "que el altísimo, clemente y misericordioso te bendiga y te guarde, que bendiga y proteja al heroico y dignísimo pueblo de Libia, un fuerte abrazo Muamar, con el más infinito sentimiento de fraternidad, larga vida al pueblo libio, larga vida a ti hermano combatiente, Libia vivirá y vencerá". Congruente con tal posición personalista, inconsulta con los demás poderes públicos, y repudiada por los venezolanos sensatos, sin embargo se ha excluido al país de las mayorías modernas que condenan al sátrapa hasta en las propias embajadas libias donde ya ondea la bandera de los rebeldes identificados con el Consejo Nacional de Transición (CNT).

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19 de agosto de 2011

DOMINGO 7: CORAZONADAS VINOTINTO

Publicado originalmente en:
enfoques365.net,
Opinión
Dom, 19 de Agosto 2011

Roguemos porque  profundicen sus efectos,  en un pueblo compacto sin rezagos ni fisuras mortales, esas corazonadas vinotinto que están despertando la nacionalidad común a todos los nacidos en este territorio, y a los extranjeros que han acogido como patria  a Venezuela. Sería un oportuno impulso para sacudir al país entero,  el cual yace  aturdido aún tras casi 13 años de malsana siembra de división que no ha perdonado a hermanos de sangre, incluyendo los núcleos familiares de los más pobres, y envolviendo divorcios irreconciliables por ahora en los distintos sectores de la vida civil y militar.
La unidad visible de las mayorías venezolanas podría resultar vital para desanimar aventuras irresponsables y antidemocráticas de quienes desearían imponer yugos con interpretaciones acomodaticias, o amenazas de guapetones basadas en un supuesto ventajismo que estaría dado por el uso ilegítimo de las armas bajo su resguardo. La respuesta que cabría entonces ha sido recogida desde siempre en el trillado cuento del perro cansado de ladrar primero y agotado para morder de tanto aguaje,  termina con el rabo entre las piernas derrotado por la firme voluntad que se contrapone a sus bravuconadas.
Venezuela requeriría, ya, de  un estamento ciudadano proyectando un amplio porvenir, que trascienda episodios electorales. Se trataría de perseguir como objetivo específico la construcción de la nación que necesitamos con urgencia, sumando el esfuerzo y aporte de cada uno, más allá de agrupaciones políticas. La Mesa de la Unidad (MUD) tiene su rol inmediato, que probablemente caducará después de 2012, para pasar a armonizar la toma de  los espacios de poder por los partidos, en plural, como ocurre en cualquier parte del mundo civilizado, sin tutelajes indeseables de minorías militares cuyas armas son, exclusivamente, para la defensa de los preceptos de la Constitución Nacional.  Hay que encontrar, entonces, como seguir más allá de cualquier coyuntura, con articulaciones que comiencen a producir resultados desde ahora mismo.
A partir de renovados voluntariados, multidisciplinarios y multisectoriales,  que seguramente estarían esperando la oportunidad para expresarse, existiría suficiente propulsión para reabrir trochas con una repotenciada PRO-VENEZUELA SIGLO XXI, con la corazonada vinotinto y esparcida por todo el territorio, que reviviera el soplo de cordura vivido en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, el 7 de Julio de 1958. Allí  coincidieron, en precursor empeño unitario de esta época,  la Junta de Gobierno de entonces, autoridades universitarias, representantes de la Iglesia, de las Fuerzas Armadas, empresarios y de los diversos estamentos sociales, por iniciativa de un grupo de venezolanos entre quienes se encontraban Mariano Picón Salas, Alejandro Hernández, Luis Hernández Solís, Carlos Irazábal y Miguel Acosta Saignes, con la idea de buscar oportunidades de desarrollo y de  beneficios sustentables sin distingos.
De allá para acá,  la iniciativa se fue extinguiendo al calor de las clasificaciones para alguna fracción de venezolanos como antiperezjimenista, anticomunista,  antimilitarista, antiadeco, anticopeyano, o sus variantes de antirromulista, anticalderista, anticarlosandresista, antilusinchista. Pero, si no fuera suficiente tal degradación, entonces se escogió entusiastamente por hundirse en  lo peor, con la opción de freir cabezas y demás, que trajo la novedad de convertir en propaganda de estado, de delito de malversación aún impune, la etiqueta a quienes tienen derecho de pensar diferentes como apátridas, vendepatrias, imperialistas, pitiyanquis, derechistas, ultraderechistas, reaccionarios, burgueses, oligarcas, calcados de los insultos gastados de la dictadura comunista cubana; ó de escuálidos, de las excentricidades como burla a los identificados con el voto antichavista.  Sin excepción alguna, ellos podrían sentarse a la misma mesa de la venezolanidad, con la corazonada de ver ganar a la vinotinto, y algo muy superior también, si partieran del acuerdo de  dejar atrás anticuados sobrenombres y clichés, para  cambiarlos por antisectarista, antidemagógico, antipopulista, y sobretodo pro-venezolanista, imponiendo el juego limpio entre adultos responsables, sin sucias niñerías a destiempo que acarrearían la expulsión del terreno, por tiempo indefinido.

12 de agosto de 2011

DOMINGO 7: SECRETOS SECRETOS

 

En la Venezuela actual se imponen a la fuerza diversos niveles o categorías de secretos, opuestos a cualquier decoro nacido de la definición singular de Cosa que cuidadosamente se tiene reservada y oculta”. Una clasificación a la ligera  podría incluir al menos tres categorías, la roja de los secretos exclusivos inherente al color que fue tradicional de los gobierneros;  la  amarilla de los secretos tradicionales; y la verde,  la más conocida,  de los secretos sin plazo de espera para su revelación inmediata, resultando cada una de la distancia en que se encuentra la información guardada, mayor ó menor, del interés prioritario de aferrarse al poder, por los siglos de los siglos.

En la suprema categoría roja -el color de los grandes privilegios antes de su ostracismo por orden superior-, casi impenetrable, se hallaría la información ocultada deliberadamente, tal es la identidad de los médicos atendiendo la enfermedad presidencial y las fases de la sanación reservada a los también curanderos Fidel y Raúl. Asimismo pararían allí los datos clasificados  como “secretos de estado” sin previsión constitucional al respecto, quizás por temores oficiales de dejar ver deslices del régimen, que así quedarían a salvo del escrutinio de la justicia,  los medios de comunicación y los ciudadanos en general, para continuar muertos, pero de risa, de la obligatoria rendición de cuentas de funcionarios en un sistema democrático.

De tal manera, sólo restaría “el pensar mal  y acertarás” contra los impedimentos para comprobar fehacientemente esas y otras  realidades fundamentales como la producción petrolera del país, los ingresos por la exportación; la ejecución presupuestaria; los convenios y donativos que involucran a cubanos y a otros; el destino de las deudas públicas, presentes y futuras; las compras de armamentos y su justificación; el proceso para otorgamiento de contratos o adquisiciones de adicionales bienes  y servicios de gobiernos a gobiernos, o a particulares nacionales o extranjeros; las cifras definitivas de los votos de los opositores en las consultas electorales, ó cualquier asunto anexo que no se desee ventilar ante los demás por arbitrariedad y simple autoritarismo.

La categoría amarilla, de los secretos que se forzaría su descubrimiento mediante presiones de cualquier índole, abarcaría el profesional, el de auditorías y contralorías selectivas a quienes no tienen el beneplácito oficial, así como el sumarial que sirviera para condenar sin juicio previo a los desertores de la causa. Se utilizaría de igual modo para guardar provisionalmente, hasta mejor ocasión de una inhabilitación o prisión, las declaraciones juradas de patrimonio de ministros, máximas autoridades de los entes legislativo, judicial, electoral y ciudadano, los gobernadores y alcaldes, y los directivos de los distintos organismos del Estado y de las empresas públicas.

Los secretos de la categoría verde agrupan a los de los sectores más vulnerables y distantes de las fuentes de poder. El mayor desamparo fue el de aquellos que revelaron su voluntad contraria al régimen en la convocatoria a referéndum en 2004, y que  aún padecen represalias que se derivan de esa identificación como oponentes según la lista Tascón, y las variantes de la Lista Maisanta, o del paquete de la Batalla de Santa Inés, todas recopiladas en CD y vendidas por buhoneros, condenando además a esas víctimas con la etiqueta de enemigos irreconciliables por sólo ejercer derechos consagrados en la Constitución Nacional vigente.

Hoy, dentro de ese perseguido segmento grueso de la población, se invoca la Ley de la Función Pública Estadística, que garantizaría el Secreto Estadístico, con motivo del Censo 2011. Con cable submarino de fibra óptica, transmisión inmediata a Cuba y su exclusividad ilegal en cédulas nacionales electrónicas, se jura a quien desee creerlo que los testimonios personales y de toda la familia se quedarán en Venezuela, como también se resguardaría el sistema de identidad y de registros públicos, lejos del alcance cubano. Adicionalmente, habría que creer en la promesa de que el resultado del censo determinaría la distribución del situado constitucional en lo adelante, porque no existiría la manipulación por la administración central según el sistema inconstitucional actual.  Para confiar en el régimen podría bastar como muestra la declaración de su más alto representante, cuando el pasado 5 descubrió su juego limpio señalando que “no la pegan porque nosotros también tenemos habilidades para confundir al enemigo".

7 de agosto de 2011

Más información, menos conocimiento

EL NACIONAL -

DOMINGO 07 DE AGOSTO DE 2011 SIETE DÍAS/6Siete Día
Opiniones
No es verdad que Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro
MARIO VARGAS LLOSA

 
Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda sugeneración, descubrió la computadora, Internet, los prodigios de la gran revolución informáticade nuestro tiempo, y no sólo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online
y a navegar mañana y tarde por la red, además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.

Un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector y, casi casi, un lector.
Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro y, sobre todo si aquello que
leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión, surgía en su mente algo así como un
recóndito rechazo a continuar con aquel empeño intelectual.
Así lo cuenta: "Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como
si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto.
La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo".

Preocupado, tomó una decisión radical. A finales de 2007, él y su esposa abandonaron sus ultramodernas instalaciones de Boston y se
fueron a vivir en una cabaña de las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil e Internet llegaba tarde, mal y nunca. Allí, a lo
largo de dos años, escribió el polémico libro que lo ha hecho famoso.
Se titula en inglés
The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains, y en español: Superficiales: ¿qué está haciendo Internetcon nuestras mentes? (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tirón, y he quedado fascinado, asustado y entristecido.

 Carr no es un renegado de la informática, no se ha vuelto un ludita contemporáneo que quisiera acabar con todas las computadoras. En
su libro reconoce el extraordinario aporte que servicios como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la información y a la
comunicación, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los
beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigación científica y al desarrollo económico de las naciones.
Pero todo esto tiene un precio y, en última instancia, significará una trasformación tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de
operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generalizó la
lectura de libros, hasta entonces confinada en una minoría insignificante de clérigos, intelectuales y aristócratas. El libro de Carr es una
reivindicación de las teorías del ahora olvidado Marshall McLuhan, a quien nadie hizo mucho caso cuando, hace más de medio siglo,
aseguró que los medios no son nunca meros vehículos de un contenido, que ejercen una solapada influencia sobre éste y que, a largo
plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar. McLuhan se refería sobre todo a la televisión, pero la argumentación del libro de
Carr y los abundantes experimentos y testimonios que cita en su apoyo indican que semejante tesis alcanza una extraordinaria actualidad
relacionada con el mundo de Internet.
Los defensores recalcitrantes del software alegan que se trata de una herramienta y que está al servicio de quien la usa, y, desde luego,
hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efectúen en el campo de acción en el que los
beneficios de aquella tecnología son indiscutibles: ¿quién podría negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos,
haciendo un pequeño clic con el ratón, un internauta recabe una información que hace pocos años le exigía semanas o meses deconsultas en bibliotecas y a especialistas? Pero también hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance una computadora, se entumece y debilita como los
músculos que dejan de usarse.
No es verdad que Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, denuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y depensar, y renuncia poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir
que la "inteligencia artificial" que está a su servicio soborna y sensualiza nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de
manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas y, por fin, sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda
ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado "la mejor y más grande biblioteca del mundo? ¿Y para qué
aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas? No
es extraño, por eso, que algunos fanáticos de la web, como el profesor Joe O’Shea, filósofo de la Universidad de Florida, afirme:
"Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la información que
quiera con mayor rapidez a través de la web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos". Lo
atroz de esta frase no es la afirmación final, sino que el filósofo de marras crea que uno lee libros sólo para "informarse". Es uno de los
estragos que puede causar la adicción frenética a la pantallita. De ahí, la patética confesión de la doctora Katherine Hayles, profesora de
Literatura de la Universidad de Duke: "Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros".
Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer
La guerra y la paz o El Quijote. Acostumbrados a picotear informaciónen sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta lafacultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la red, con susinfinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de
atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura.
Pero no creo que sea sólo la literatura a la que Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización
pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust,
Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google
puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos?
La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades y
logros, y lo imposible retrocede velozmente. ¿Debemos alegrarnos? Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos
parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos de
Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a las
computadoras la solución de todos los problemas cognitivos reduce "la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras
estables de conocimientos". En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro computador, más tontos seremos.
Tal vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo
carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos
científicos que describe en su libro. Pero éste me da la impresión de ser riguroso y sensato, un llamado de atención que para qué
engañarnos no será escuchado. Lo que significa, si él tiene razón, que la robotización de una humanidad organizada en función de la
"inteligencia artificial" es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acción terrorista, nos
regrese a las cavernas. Habría que empezar de nuevo, entonces, y a ver si la segunda vez lo hacemos mejor.
© El País

5 de agosto de 2011

DOMINGO 7: ROJO EN EL BLANCO

Por Josué Domingo Fernández Alvarado

Es definitivo, por ahora, el color rojo del régimen venezolano jugará banco en lo sucesivo, convertido además en blanco de repudio y vergüenza, dentro de las últimas acciones superfluas de gobierno destacadas en el discurso oficial. Desde el propio líder de la revolución, hasta los más connotados miembros de su tren ejecutivo, acordes con tan vital eje estratégico para ellos, ya comenzaron a vestir atuendos de tintes diferentes, mientras toma nueva dirección la persecución de los viernes a quienes no se identificaran con el encarnado bolivariano. Ahora se iría contra los saboteadores que, de manera despistada, insisten en sacarle más millas a sus viejas ropas de anteriores marchas y reuniones triunfalistas en plazas públicas,  así como no dejan de entonar el proscrito estribillo de “Patria, Socialismo o Muerte”.
A los escuálidos, a la ultraderecha, a los apátridas, a los pitiyanquis,  a los vendepatria, a todos los venezolanos que piensan diferente a los camaradas  obligados a abandonar su rojo tradicional,  ya se les ha exprimido hasta el hueso en 13 años de exclusión continuada, por lo que allí quedaría tan poco que roer que ya cabe alguna debilidad de carácter permitiendo tratamientos médicos a tres de los muchos presos políticos,  como la excepción que confirmaría las  reglas de hostigamiento a más de la mitad del país. De ese sector de la población, aunque no será detectado por las encuestas imparciales,  seguramente no saldrá ni-ni un voto para el Gobierno, en respuesta a la condena de dejarlo por fuera de cualquier oportunidad de origen oficial, con la mayor premeditación y alevosía.
Por lo tanto, el eje estratégico solemnemente anunciado en verdad tendría por foco a los que aún aparentan incondicionalidad, porque en el gobierno le temerían al precedente de la foto de una alta magistrada de confianza votando contra ellos en el 2007. Allí quedó constancia, real o trucada, del  peligro de extinción de los apoyos por tiempo  indefinido.  Hay otros resentimientos sin saldar como  el de la dádiva a regañadientes de la reelección continua para todos los cargos de elección popular, vengada luego por su autor con la imposición de la ley anti-talanquera, que convirtió en delito el derecho de los ciudadanos a pensar libremente, con énfasis en los militantes y socios del PSUV electos a la Asamblea Nacional, contra quienes caerían primero las sanciones si apoyaran otra alternativa política. A esas humillaciones a los propios,  faltarían por sumar todavía las pretendidas condiciones de sumisión a un restaurado Polo Patriótico, para  2012.
Bajando a niveles menores en ministerios y oficinas públicas, de donde esperarían más votos los ahora renunciantes al rojo-rojito, allí se aguardaría en la bajadita por la reparación de los sufrimientos plasmados en persecuciones institucionales derivadas de  la clasificación expresa o tácita de quienes están a favor o en contra de olvidar conquistas sindicales anteriores; ó se niegan a contribuir para el partido con una porción de salario ó para otros programas proselitistas promovidos por sus jefes, añadidas al encono y penalidades contra los ausentes al pasar listas en marchas y concentraciones de las pasadas de moda mareas rojas. Allí, la esperanza fundada antes de ser gobierno, se transformó con duras realidades en profundo dolor en las costillas.
En el estamento militar, los procedimientos aplicados a la población civil devienen en estratagemas para ascensos y demás prebendas, pero con grados superlativos de crueldad para los desertores como en el caso emblemático del general en jefe Raúl Isaías Baduel. Ya no iría quedando porción del país sin padecer algún método de opresión gubernamental, albergando además serios deseos de romper con ese yugo para volver a ser libre. Tal vez sea insuficiente el cambio o alternancia de tonalidad de las camisas, y el echarle tierra al “Patria, Socialismo o Muerte” como medio de arrepentimiento tardío para ahuyentar espantos y vestir de ovejita, persiguiendo una resurrección esquiva al final del camino desperdiciado, que consumió la gran oportunidad de construir un país unido, multicolor  y promisor, desde el inicio del siglo XXI, y que ya quedó y dejó atrás a quienes no aprovecharon su tiempo.