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22 de julio de 2011

DOMINGO 7: LA DERECHA

Por Josué Domingo Fernández Alvarado

En la Venezuela de las simplificaciones extremas,  el gobierno recurre con cierta periodicidad al cambio de sobrenombres para intentar el menosprecio de sus opositores, en consignas que corearían  luego sus fanáticos radicalizados.  Esa ocasión le llegaría cada vez que los máximos dirigentes oficialistas consideraran que ya no levantan ronchas entre adversarios y, por el contrario,  les prestan un motivo de orgullo y  una razón para agrupar actitudes comunes, fortaleciendo así la identidad y el sentido de pertenencia de los otros.
Al parecer, la línea de acción para los seguidores del gobierno derivaría de interpretaciones libres  del lenguaje de la avanzada,  a partir de las muletillas de mayor apoyo en cualquier acalorado discurso del primer mandatario, por supuesto antes del reposo médico. Son muchos los sobrenombres que quedaron atrás, y la renovación de la artillería de los ataques verbales  a “voceros de la derecha” fraguaría ahora en la supuesta defensa de la revolución bolivariana a las conspiraciones de los de adentro con las  derecha española y europea, derecha brasilera, derecha yanqui, etc., al decir del máximo líder.
En concordancia, tres de los más connotados pretendientes a la sucesión, tal cual son el vicepresidente Elías Jaua, y los dirigentes Diosdado Cabello y José Vicente Rangel se unen a igual coro pero con leves diferencias, según algunos ejemplos. El primero denuncia que "Anda la derecha nacional e internacional enloquecida, frotándose las manos y haciendo gozo de la salud del presidente, incluso hablando de la muerte del presidente"; el segundo asegura que “Derecha venezolana no duda entregarle el país al imperio norteamericano”, mientras el tercero apunta hacia una “derecha mediática”, “sectores de derecha que preparan plan para calentar calles con ayuda extranjera”, “diputados derechistas”, y otras variantes menores que constituirían quejas por los insensibles al amor gubernamental de su “izquierda”, de la que ellos sí son inequívocos destinatarios materiales con exclusivísimos privilegios.
Sin embargo,  para las mayorías tenidas por incultas y sin conocimientos similares a los de  aquellos cuatro adoctrinados anteriores, el mejor referente al término de tanta derecha sería su propia mano, la cual aprecian casi tanto o más que las compañías de seguros, que establecen indemnizaciones superiores por pérdida de esa extremidad también llamada diestra, que de la izquierda o zurda, el estandarte preferido por ahora de la gente en el poder. A la derecha, el pueblo  le profesaría respeto por ser la mano de las bendiciones divinas  y de los juramentos en el nombre de Dios, mientras que la izquierda o siniestra, como en el diccionario, sólo encerraría para éstos los significados opuestos  de malintencionado, Infeliz, funesto o aciago.
Por los momentos y en más de una década de  enredos y de “arroz con mango”, buscando inútilmente justificaciones y sentido para enmascarar acciones de compinches en la apropiación del gobierno venezolano,  al régimen sólo le ha quedado un “Socialismo del Siglo XXI” que encerraría vanos intentos de resurrección de las etiquetas del imperialismo, el capitalismo, el comunismo, y el fascismo, de la serie de anacronismos ya vencida en el siglo anterior. 
En los tiempos por venir  habría que apurarse a advertirles a” izquierdistas” ignaros del régimen, sobre los riesgos de incurrir en sacrilegio y blasfemia, con una eventual declaración del colosal “Tian Tan Buddha de Po Lin “como enemigo de la revolución bolivariana y con la prohibición de su estampa además, por aparente referencia a una “Derecha del Siglo XXI  en función de su diestra levantada, y la esvástica en su pecho, que es un símbolo sagrado en el Hinduismo y el Budismo. Para los desinformados, la  gigantesca estatua de bronce de la gráfica, terminada en 1993, más allá de maniqueísmos de derecha ó izquierda, simboliza la armónica relación entre el hombre y la naturaleza, y se encuentra al lado del monasterio de Po Lin en Ngong Ping,  isla de Lantau, Hong Kong, China.

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