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6 de mayo de 2011

DOMINGO 7 / En baja el fervor por Brasil y Argentina

Opinión
Dom, 18 de Julio 2010, 05:36:18

DOMINGO 7 / En baja el fervor por Brasil y Argentina

La conducta observada en los venezolanos pudo haber sido también disparada por otro acelerador de reacciones en cadenas, que ha obligado a ser más consciente sobre ecuaciones ganar-ganar en la percepción colectiva de las relaciones bilaterales con Brasil y Argentina, y el saldo deficitario que también se contabilizaría desde la perspectiva de los locales.

Por Josué Domingo Fernández A.


El Mundial Sudáfrica 2010 dejó en Venezuela, como saldo inmediato, un registro de simpatías deportivas inusuales, tal vez  como nunca, más cerca de Alemania y de Holanda, que de Brasil o Argentina. Varios lo atribuyeron a  efectos acentuados de la globalización, la cual permite traer a los televisores locales las emociones de la Eurocopa por ejemplo, y las particularidades de las confederaciones extranjeras, bastante superiores a las decepciones de la eliminación continuada de la selección vinotinto por el dominio casi hegemónico de las escuadras del Sur.

Parece que muchos en Venezuela decidieron abandonar la cómoda tradición de recostarse a los triunfos en el fútbol de otros vecinos, mientras ese deporte acapara la atención del mundo cada cuatro años, quizás por la dificultad de imaginar al mismo tiempo a la gente de Brasil y Argentina, entre otras,  con el tricolor nacional de aquí cuando se juega la Serie de Béisbol del Caribe, o juntando álbumes de barajitas con nuestras estrellas de las grandes ligas americanas. 

Por un mes, en centros comerciales, en calles y plazas, y edificios residenciales, se escucharon estruendosas celebraciones de los goles de Alemania y Holanda, cuando tanta euforia estuvo reservada por años y años en exclusividad para los equipos de la vecindad, además de las representaciones de España, Italia y Portugal, debido al  gran número de sus colonias en este país.

La conducta observada en los venezolanos pudo haber sido también disparada por otro acelerador de reacciones en cadenas, que ha obligado a ser más consciente sobre ecuaciones ganar-ganar en la percepción colectiva de las relaciones bilaterales con Brasil y Argentina, y el saldo deficitario que también se contabilizaría desde la perspectiva de los locales, en compras privilegiadas de productos y servicios de índole comercial y financieros, a costa de proveedores anteriores fiables, y hasta por valijas juzgadas en el estado de Florida.

En este caso, los gritos fuera de costumbre escuchados durante el  Mundial Sudáfrica 2010 constituirían  válvulas de escapes, entendidas como medios para liberar y aflojar tensiones, por la eventual impotencia ciudadana para cambiar  desequilibrios ostensibles en las relaciones con Argentina y Brasil.

Además de la figura de las válvulas de escapes, en libros especializados equivalentemente se clasifican esos fenómenos en las categorías de abandono de áreas de confort, como se expresó antes, y que, en la actitud más reciente con la excusa del deporte, se  vería en la voluntad de evitar más bien una zona de peligro mayor, al subsistir estancado en la comodidad de apoyar a los grandes del futbol latinoamericano, permanentemente, aún a sabiendas de que existirían otras alternativas con incrementos de satisfacción.

Por esta vez, quedaron señales registradas de la bajada en el fervor por Brasil y Argentina, que hacen recordar la fábula de la famosa rana y el agua hervida,  pero ahora con preponderancia en los saltos positivos hacia oportunidades con pocos ensayos previos, mas en busca de una salida distinta a la costumbre de adorar el fútbol de terrenos extranjeros inmediatos. Como agudeza local, tras la derrota de Brasil por Holanda, salió el chiste de  “A comer cocosette que se acabó la samba”, aludiendo a las conocidas chucherías.

Este intento vivido en 2010 pareciera destinado a evitar el recrudecimiento del peligro de esa pasiva dependencia representada en la espera de que los demás resuelvan por uno. Es decir, que la rana se quedara en el agua cada vez más caliente y muriera sancochada, al acostumbrarse a que le suban lentamente la temperatura con los triunfos de siempre de los equipos que no son los suyos, en vez de perseguir el triunfo propio o, sólo como consolación pasajera, volver al refugio en hábitos históricos con cimientos superiores.
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