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9 de abril de 2011

DOMINGO 7: 11 DE ABRIL

Por Josué Domingo Fernández Alvarado

Estamos por comenzar el décimo año del 11 de Abril de 2002, la fecha que concretó el ingreso de Venezuela al tal vez peor período de su historia debido al menoscabo continuado de las libertades ciudadanas, al deterioro de la salud, la educación y consecuentemente de  las ciencias y las artes, la caída de la producción de los principales renglones de la economía nacional, el aumento del desempleo, la inflación y la devaluación de la moneda, el recrudecimiento de la inseguridad y la violencia callejera, todos como derivados fatales del aciago número y día trece que definió además los tiempos que siguieron de impunidad campante para la corrupción y de cualquier tipo de abuso de poder. Por muy pocos, cada vez muchos menos, aún es considerado el trece de la suerte”.

Ha quedado ya como tarea pendiente el determinar en el marco de un serio debate nacional lo que pasó entonces en Caracas, quizás para los historiadores de aquí a medio siglo cuando esté enfriada la pasión en las generaciones por venir; o antes, de darse un cambio sustancial en la dirección del país y se puedan validar localmente las pruebas, documentos y testimonios existentes de  las alteraciones de los procesos judiciales, según reposan en distintas instancias de organismos internacionales, a la espera de los verdaderos juicios que nunca prescribirán.

Sin embargo, para la conmemoración de 2010, el Gobierno Bolivariano, en nuevo intento por hacer valer la verdad oficial “por ahora”, le rindió homenaje a los héroes y heroínas de ese 11 de abril de 2002, desde Puente Llaguno, parroquia Altagracia, municipio Libertador del Distrito Capital. En el acto se  contó con la participación especial del primer mandatario Hugo Chávez -a través de un contacto vía satélite del programa “Aló, Presidente” 355. Allí se recordó a Richard Peñalver, Henry Atencio, Nicolás Rivera y Rafael Cabrices, entre otros, conocidos también como los “Héroes de Puente Llaguno”.

Por otro lado, como parte de esa misma historia oficial “por ahora”,  los comisarios Henry Vivas, Lázaro Forero e Iván Simonovis, al igual que otros ocho funcionarios de la Policía Metropolitana, continuarán presos y condenados a 30 años de cárcel por esos sucesos del 11 de abril de 2002, en Puente Llaguno, donde en el cumplimiento de su deber resguardaban una marcha ciudadana que se dirigía pacíficamente a manifestar frente al palacio presidencial de Miraflores.

Para el grueso de la población que también presenció lo acontecido, y no sufre el dolor de muertos, heridos o presos entre sus allegados, tan solo va quedando la memoria de leyendas sobre “el pueblo que restituyó a su Presidente”; “el golpe de estado originado en Fedecámaras”, o ”la renuncia solicitada y aceptada” en la versión del alto mando militar y del general Lucas Rincón; “el vacío de poder”, el breve mandato de Pedro Carmona Estanga; “el llanto presidencial y la solicitud de clemencia para su traslado a Cuba”; así como la hazaña del  ahora encarcelado general Raúl Isaías Baduel en “la recomposición del hilo constitucional” que se habría roto, pero cuya obra no alcanzó el agradecimiento del gobierno restaurado ni siquiera por una década. Mientras más  distancia se toma de tales acontecimientos, el cuento de “Todo 11 tiene su 13” pareciera indicar que “A cada cochino le llegará su sábado”.
 

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