Capítulos

30 de abril de 2011

DOMINGO 7: 1º DE MAYO REMEDO “GRINGO”

Por Josué Domingo Fernández Alvarado

Este “Día internacional de los trabajadores” declarado originalmente por la Segunda Internacional Obrera en 1889, se dio en Venezuela en cruel sintonía con la acumulación por meses, durante los últimos años, de una dramática conflictividad laboral contra el patrono que encarna el gobierno actual que, con oportunista camuflaje de su verdadera naturaleza militar, se proclamó así mismo socialista/comunista.  Hechos que han conllevado vergüenza “WikiLeaks” de muchos de los dirigentes y regímenes del mundo aún identificados postrimeramente con la tendencia que fue orgullo de la izquierda universal; aunque también para el beneplácito de quienes siguen cobrando muy caro sus tarifas de apadrinamiento antes de su total extinción dentro del mas rancio anacronismo, sin importarles el descrédito de ese “arroz con mango” venezolano.

Los más idealistas y soñadores creyentes de los verdaderos hitos socialistas/comunistas, jamás hubieran imaginado que en un país que se declararía fiel a sus postulados, a principios del siglo XXI se podría ver una persecución contra trabajadores como se expresó en los casos del personal de enfermería de los hospitales públicos dependientes de ese gobierno que ultraja la memoria bolivariana; de los docentes de las universidades autónomas cuyos presupuestos son desmejorados como norma central de la instauración de su peculiar socialismo; con las reivindicaciones que esperan por homologación y cancelación en las empresas nacionalizadas dentro del “arroz con mango criollo”; las negaciones a renovar contrataciones colectivas más las represalias a través de reducción del situado constitucional hacia gobernaciones, alcaldías y entes legislativos, y sus respectivos empleados y obreros,  perdidos éstos por rechazo en votaciones libres, tolerablemente computados por los organismos electorales también controlados desde la jefatura gubernamental.

En el tipo de régimen que se vive en Venezuela, los seguidores militarmente del “Presidente Comandante en Jefe” han tenido como línea política rechazar cualquier cosa que venga del “Imperio Yanqui”, con excepción de los dichos o acciones de sus propagandistas de mayor pantalla Sean Penn y Danny Glover, o de su ideólogo por magna adopción de Avram Noam Chomsky; o de su corresponsal de mucho menor renombre Eva Golinger. En ese ideario del “socialismo XXI venezolano del por ahora” no se tiene mayor noción de los nombres de Oscar Neebe, George Engel, Michael Schwab, Albert Parsons, Louis Lingg, Samuel Fielden, August Spies y Adolph Fischer, a los últimos siete a quienes el establishment gringo, a raíz de los sucesos del primero de mayo de 1886, condenó a la horca por sus luchas sindicales a favor de la jornada laboral de ocho horas. Neebe fue perdonado después de siete años en prisión, y Lingg se suicidó antes de su ejecución.

Tal vez por las incoherencias que desnudan la  predominante orientación represiva y militar venezolanas, hechas padecer igualmente en los castigos de distintas maneras a trabajadores y obreros, el gobierno consintió además, con ignorancia supina, que los reclamos llegaran a extremos de bocas cosidas, de extracciones de sangre y hasta de crucifixiones como medio para ser escuchados por ese régimen autocalificado de socialista/comunista. De tal manera, el oficialismo se puso más cerca y a favor de su equivalente yanqui cuando los hechos de 1886, y llegó al primero de mayo internacional de 2011 con cierto remedo a esos “gringos” del siglo XIX. Pero aquí, con muchos menos dólares por  bolívares devaluados, grandes pasivos laborales bolivarianos continuarán además en los siempre insuficientes salarios mínimos o en las atrasadas escalas de sueldos de la administración pública ya caducas al nacer, aunque revisados ellos hace pocos días con cálculo electorero. Así se convierten en más desprecio por los trabajadores mientras también persista el empeño de imprimir billetes con valor real disminuido cada hora que pasa, volviendo sal y agua lo devengado para aquellos que tienen la suerte de contar con un empleo fijo, y a los que la dicha siempre se  les acaba del todo antes de las siguientes hallacas.
 

23 de abril de 2011

DOMINGO 7: ¡NO JUDAS!



Josué Fernández
 
Judas Iscariote nunca fue acusado de haberle dado muerte a Jesucristo, pero sí de su complicidad en lo que se consideraría el supremo magnicidio pues, como se sabe, la Biblia recoge que al Hijo del Señor entre muchos le mataron. Lo que bien acopia la Sagrada Escritura para los cristianos es que, ese perverso discípulo suyo, se encargó de entregarlo a quienes luego montaron un juicio sumario condenándole a la crucifixión.

Tal vez por el decir de que “si no se es parte de la solución entonces se es parte del problema”, aunque Judas no fuera el asesino, por ese acto de un simple beso en la mejilla como señal para consumar su delación, él es acusado de traicionero, también de hipócrita, y por lo tanto el pueblo le reserva repetidas hogueras a distintas representaciones suyas, cada domingo de resurrección, por los siglos de los siglos. Sería el recordatorio del destino que aguardaría a los que califiquen como “judas”, tanto por sus acciones como por sus omisiones, sin que ellas hagan ninguna diferencia de peso en ese juicio eterno.

Por estos lados, los traicioneros e hipócritas de lesa patria, con besos fingidos a Venezuela, quienes actúan como apóstatas del credo criollo, parecen extranjeros indolentes que, por diversas razones, se sienten ajenos a la búsqueda de las soluciones que el país requiere con urgencia, y más bien agravan la situación al formar parte del problema que padecemos sin distingos de alguna naturaleza. Entre los que manejan el dinero desde el gobierno, o hacen sus leyes o distribuyen la justicia, hay los que practican el estrangulamiento de los demás, porque para nada importan los que están por fuera de su revolución, o se resisten a adherirse a ella como rechazo al chantaje oficial.

Se encuentran igualmente los que decidieron no meterse en líos, hay quienes les dicen “ni-nis” porque el asunto no sería con ellos directamente, y se hacen indiferentes e insensibles al dolor ajeno, al eximirse de prestar alguna contribución para mejorar el destino colectivo. Se abstienen en las consultas electorales, descalifican a unos y otros por igual como mecanismo de su voluntaria excomunión, evitando cobardemente cualquier lucha cívica, y duermen tranquilos hasta que el infortunio desbocado le toca a su puerta por la acción u omisión del gobierno, que están hechas a la medida sólo en beneficio de su parcialidad militante.

Queda por mencionar como categoría importante la de los maromeros políticos, de los colaboracionistas que, desde una perspectiva de cierta jerarquía profesional o social, tienen la encomienda de la justificación “imparcial e independiente” de cuánta anomalía ocurre a su alrededor, o  la explicación de las mismas como “completamente normales”, para desanimar iniciativas que pondrían fin a sus privilegios aparentemente desconectados del gobierno de turno. Siempre estarían listos para cambiar de bando cuando así lo requieran las circunstancias. Los hay además que se atreven a proyectar  el futuro de Venezuela sometido al yugo fatal de su mecenas, hasta el final de los tiempos, con la salvedad de la ocurrencia de inesperados errores estadístico, como les ocurrió a varios con los resultados del referéndum de 2007.   No, Judas, por miles y miles de años los pueblos seguirán recordando tus infamias, y especialmente las que no prescriben, incluyendo el bochorno en toda tu descendencia en sus distintas ramas genealógicas.

https://twitter.com/jodofeal

16 de abril de 2011

DOMINGO 7: “YO TENÍA UNA LUZ…”

Por Josué Domingo Fernández Alvarado





 


La luz, ese elemento que hace que cobren vida todos los seres y objetos invisibles en la oscuridad, se tiene bien ganada el ser la referente preferida del alumbramiento de los recién nacidos, pero también de la muerte cuando ella se apaga. De las ilusiones, esperanzas y alegrías cuando más brilla en los rostros, o de las tristezas y calamidades cuando se desvanece. Se percibe que le correspondería a la luz el acompañar la existencia de cuanto ocupa espacio en el planeta que habitamos, y hasta determinarla en la mayoría de los casos conocidos.

Sin embargo, por la negligencia resultante en un apagón de energía eléctrica en el terreno práctico diario, casi como un hecho de homicidio culposo por quienes faltan a la debida responsabilidad de sus cargos para mantener ese servicio sin interrupciones, los enfermos de mayor gravedad en hospitales podrían sufrir la paralización de su  tratamiento en ese mismo momento y sobrevenir su defunción. Igual suerte correrían los atrapados en ascensores con dolencias del corazón, o los desplomados hacia la fosa, o los sujetos de emboscada por el aprovechamiento del hampa de su superioridad acentuada en tales circunstancias.

El juego macabro que  presencia Venezuela actualmente, en materia de recursos reales para atender los servicios públicos y en especial la electricidad, no tiene culpables más allá de las hipótesis de idiotas sustentadas en causas atribuidas a iguanas, fenómenos atmosféricos y, más recientemente, a incendios. Sólo ocurrencias de “vivos” que subestiman la elemental inteligencia de los demás, para encubrir la vulnerabilidad del sistema eléctrico por la falta de los fondos que debieron invertirse oportunamente en el país, pero que fueron a parar en dádivas para prolongar la agonía de la dictadura comunista cubana asociada a este régimen, o para favorecer los negocios de sus comisionistas. También para la promoción de adhesiones de varias naciones a las que se les impondrían las mismas calamidades que ahora se aguantan localmente. Como ironía, a ese plan se le llama de los “Países del Alba”, cuando ellos quedarían completamente sin luz o a punto de perderla con el fracaso evidente de su  nodriza.

Hace una semana, otra vez recrudeció la crisis cuyo nuevo capítulo quedó registrado en la prensa esta vez como “el más severo apagón de los últimos diez años”, por la colega Mariela León. Se documentó  el encabezado con la más reciente anotación al expediente  de fallas eléctricas que, en 2008,  incluyó al menos cuatro apagones de gran magnitud (abril, septiembre, octubre y diciembre) con gran impacto en todo el país.  En 2009 se registraron cuatro perturbaciones de amplio espectro (mayo, agosto y dos en septiembre) y en 2010, se destacaron 3 interrupciones grandes, pese al programa de racionamiento a nivel nacional, a propósito de la crisis eléctrica. El asunto sería que se habrían  ignorado las señales del deterioro acumulado de las actividades de generación (déficit), transmisión y distribución (falta de mantenimiento y obsolescencia de equipos).

Como ya se ha venido leyendo toda la semana pasada, es el pueblo el que deberá hacer el sacrificio de racionar su consumo eléctrico, directa o indirectamente, aunque represente nada más que un 20 por ciento del total. En términos de deuda equivaldría a alguien a quien le están cobrando 100 y solo tiene 20 para pagar, y así desea saldar el asunto. Los racionamientos domésticos sirven para poco, porque la restitución del servicio se emplea inmediatamente para lavar, planchar, y realizar las demás actividades que se suspendieron por falta del recurso. Como fue una decisión iluminada el atraso de media hora en Venezuela, en el 2007,  en el gobierno no se escucha que regresar al huso horario anterior permitiría que todavía hubiera luz natural hasta la 6 y 30 o 7 de la noche, según la época del año, y así reduciríamos el encendido de luces colectivo, con el consecuente ahorro inequívoco.  Como todo no es malo, las esperanzas e ilusiones alumbradas y timadas con el discurso populista de 1998, también estarían pereciendo con la misma progresión de la falta de luz.