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22 de enero de 2011

DOMINGO 7: “RESURRECCIÓN”

 
Por Josué Domingo Fernández Alvarado


Este 23 de Enero  que ha sido esperado por muchos con peticiones de resurrección de un espíritu que apareció ese día del año 1958 sepultado en 53 años de olvidos , también es cercano a una efemérides que toca a otra “Resurrección”, la última novela escrita por León Tolstoi, Liev Nikoláievich, conde de Tolstoi (Rusia, 1828-1910), de cuya muerte se cumplieron 100 años el pasado Noviembre.

Algunos especialistas han expresado sobre  “Resurrección” (1899), que constituyó un hito en la literatura moderna, cuando su autor se situó en el origen contemporáneo del genero como elemento formador de conciencia. Se ha dicho que Tolstoi contaba lo sucedido a sus héroes desde el mismo punto de vista de millones de desposeídos y, en este caso,  de forma fundamental de las mujeres. Resurrección es la historia de la regeneración moral de un noble hasta entonces falto de escrúpulos. El arrepentimiento y la redención son dos valores éticos que confieren un giro inesperado a la novela.

Tales proposiciones junto a las de otros escritores rusos calarían entre los jóvenes románticos de los primeros años de la soberana democracia venezolana del siglo XX,  dentro de un renacimiento cultural con énfasis en la discusión de las grandes líneas del pensamiento universal, favorecido por la autonomía universitaria, de las cátedras, y del impulso a la educación a todos los niveles. Los más extremistas se rendían a los modelos soviéticos y cubanos, dispuestos a justificar cualquier yugo como  medio de redención de los más necesitados, según los de mejores intenciones entre ellos.

En esa Venezuela de los años sesenta, confiriéndole espíritu libertario al 23 de Enero, ser comunista significó “estar en algo”, y unos cuantos se entregaron a los planes subversivos de exportación de otros países, precisamente como la Unión Soviética y Cuba. Renunciando a los verdaderos intereses de esta patria, estuvieron dispuestos a matar a sus propios congéneres para imponer la ideología comunista con la fuerza de las armas de fuego a falta de algún convincente catecismo, tal cual ocurrió en “El Carupanazo” y “El Porteñazo”. Las residencias estudiantiles universitarias se utilizaban igualmente para albergar a los insurrectos contra la democracia, porque allí no entraba la policía. El juego limpio no se veía por ningún lado.

Tal vez ellos hicieron una lectura sesgada de “Resurrección” de Tolstoi, y quizás también del 23 de Enero originario, porque en el párrafo inicial de la novela quedó escrito “Consideraban que no era aquella mañana de primavera, aquella belleza divina del mundo creado para la felicidad de todos los seres vivientes, belleza que predisponía a la paz, a la unión y al amor, lo que era sagrado e importante; lo importante para ellos era imaginar el mayor número posible de medios para convertirse en amos los unos de los otros”. Un siglo después, los descendientes de los héroes de ayer serían los verdugos de hoy.

NOTA: Tolstoi destinó los beneficios íntegros de esta novela a los objetores de conciencia rusos que hubieron de emigrar a Canadá para eludir la represión zarista, de acuerdo a http://www.nodo50.org/antimilitaristas/spip.php?article2518.

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