Capítulos

29 de enero de 2011

DOMINGO 7: “INVENCIBLE”

 
Por Josué Domingo Fernández Alvarado
Con pocas excepciones nadie desea ser menos,  el objetivo fundamental es el de  emular al más popular, al más bravucón de la competencia, al líder astuto de los golpes altos y bajos; pero las mayorías sólo reconocen esas virtudes como reales al original, rechazando las copias, y lamentan las aburridas imitaciones que no despiertan gran interés, esas sin méritos propios para eventuales reemplazos del actor principal, de darse la ocasión de una renovada tanda de la  decadente secuencia. Los aplausos son para las reposiciones de capítulos y alargamientos superficiales del cuento, porque preservan el fervor conocido y alegran a la audiencia.

Al público que les sigue, algo le notan faltante a quienes aspiran a esa sustitución tras más de una década de ensayos y apenas remedarían el tono altanero, aunque completamente vacío en estos casos, por falta del blindaje que les conferiría impunidad, así como bríos perdurables para profundizar abusos en cada nuevo paso. En todo ese tiempo, afectados por cierto aturdimiento, la apuesta predominante del auditorio sería al simple reemplazo de actores, en vez del cambio a fondo del espectáculo. Los espectadores sólo pasarían el canal preferido para ver igual novela pero con  la cara de otro intérprete del mismo rol principal.

Entrevistadores de la prensa, la radio y la televisión, con papeles secundarios en la trama, serían colaboracionistas con la perpetuidad del fenómeno que ellos también reciclan, cada vez que provocan a los contendores espontáneos con huecas reacciones altisonantes a las improvisaciones del primer actor, dejando en evidencia esas pobres imitaciones al registrar frustración porque las acciones propuestas no conducirían a la lona al protagonista, y al fin del encuentro por fulminante “knock-out”.  Como evento frívolo y banal también quedan las convocatorias a manifestaciones de rechazo a manejos públicos porque sólo importaría el número de asistentes para determinar éxitos o fracasos.  Como conclusión, según proclamarían a diestra y siniestra, no habría salido, ni saldría, qué va, quien pudiera derrotar a la especie de “El Invencible Iron Man”. Nadie sería como él.

 La agudeza de tales entrevistadores llegaría hasta exigir la precisión por segundo de cualquier eventualidad pensada como respuesta a un ataque real o imaginario del protagonista, en sus afanes por mantener las prebendas que les deja su manido espectáculo. Por supuesto, el mismísimo sujeto toma nota y decide su estrategia por sorpresa, sin anticipos posibles, omitiendo las pistas claves del desenlace para que se mantenga la euforia del público.

En ese sentido, para Mahatma Gandhi resultó diferente hacer resistencia en la India al dominio británico, sin tener que detallar por anticipado cual sería su siguiente paso en el enfrentamiento con aquel imperio. Tampoco pretendía emular a sus agentes  en el verbo ni la acción, él se dedicaría simplemente a resistir, pero con digna firmeza “asimétrica”, rechazando la lucha armada y predicando la no violencia. Hay quienes interpretan que Gandhi no trató de ganarles a los personajes sino de dar lucha a fondo contra la trama que padecían los hindúes.

Este 30 de Enero se cumple otro año del asesinato de Mahatma Gandhi, y en su memoria se recuerdan algunas frases celebres que se le atribuyen:

 «Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego».
«La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia».
«La verdad es el objetivo, el amor el medio para llegar a ella».
 «No hay camino hacia la paz, la paz es el camino».
 «La vida y la muerte no son sino caras de una misma moneda».
  «Hay suficiente agua para la vida humana pero no para la codicia humana».

22 de enero de 2011

DOMINGO 7: “RESURRECCIÓN”

 
Por Josué Domingo Fernández Alvarado


Este 23 de Enero  que ha sido esperado por muchos con peticiones de resurrección de un espíritu que apareció ese día del año 1958 sepultado en 53 años de olvidos , también es cercano a una efemérides que toca a otra “Resurrección”, la última novela escrita por León Tolstoi, Liev Nikoláievich, conde de Tolstoi (Rusia, 1828-1910), de cuya muerte se cumplieron 100 años el pasado Noviembre.

Algunos especialistas han expresado sobre  “Resurrección” (1899), que constituyó un hito en la literatura moderna, cuando su autor se situó en el origen contemporáneo del genero como elemento formador de conciencia. Se ha dicho que Tolstoi contaba lo sucedido a sus héroes desde el mismo punto de vista de millones de desposeídos y, en este caso,  de forma fundamental de las mujeres. Resurrección es la historia de la regeneración moral de un noble hasta entonces falto de escrúpulos. El arrepentimiento y la redención son dos valores éticos que confieren un giro inesperado a la novela.

Tales proposiciones junto a las de otros escritores rusos calarían entre los jóvenes románticos de los primeros años de la soberana democracia venezolana del siglo XX,  dentro de un renacimiento cultural con énfasis en la discusión de las grandes líneas del pensamiento universal, favorecido por la autonomía universitaria, de las cátedras, y del impulso a la educación a todos los niveles. Los más extremistas se rendían a los modelos soviéticos y cubanos, dispuestos a justificar cualquier yugo como  medio de redención de los más necesitados, según los de mejores intenciones entre ellos.

En esa Venezuela de los años sesenta, confiriéndole espíritu libertario al 23 de Enero, ser comunista significó “estar en algo”, y unos cuantos se entregaron a los planes subversivos de exportación de otros países, precisamente como la Unión Soviética y Cuba. Renunciando a los verdaderos intereses de esta patria, estuvieron dispuestos a matar a sus propios congéneres para imponer la ideología comunista con la fuerza de las armas de fuego a falta de algún convincente catecismo, tal cual ocurrió en “El Carupanazo” y “El Porteñazo”. Las residencias estudiantiles universitarias se utilizaban igualmente para albergar a los insurrectos contra la democracia, porque allí no entraba la policía. El juego limpio no se veía por ningún lado.

Tal vez ellos hicieron una lectura sesgada de “Resurrección” de Tolstoi, y quizás también del 23 de Enero originario, porque en el párrafo inicial de la novela quedó escrito “Consideraban que no era aquella mañana de primavera, aquella belleza divina del mundo creado para la felicidad de todos los seres vivientes, belleza que predisponía a la paz, a la unión y al amor, lo que era sagrado e importante; lo importante para ellos era imaginar el mayor número posible de medios para convertirse en amos los unos de los otros”. Un siglo después, los descendientes de los héroes de ayer serían los verdugos de hoy.

NOTA: Tolstoi destinó los beneficios íntegros de esta novela a los objetores de conciencia rusos que hubieron de emigrar a Canadá para eludir la represión zarista, de acuerdo a http://www.nodo50.org/antimilitaristas/spip.php?article2518.