Capítulos

28 de noviembre de 2010

DOMINGO 7: EL IRRESPETO RECURRENTE


Desde hace más de diez años en nuestro país, los buenos modales y costumbres estarían cayendo en mayor desuso, y esa sana tradición habría quedado ahora cubierta de tan gruesa capa de polvo como la de los tratados de urbanidad antiguos, que ya casi nadie lee, y menos practica, en las instituciones públicas encargadas de modelarla como ejemplo de moral ciudadana.

Algunos titulares que han dejado constancia del desvío oficial venezolano se indican en “Malestar en España por irrespetos en alocución en la Cumbre”, “RCN defendió a periodista irrespetada”, “Generales retirados atribuyen al desespero el irrespeto”, “CNP rechaza irrespetos”, “Colombianos unidos contra el irrespeto y la falsedad”, “Irrespeto a Bolívar”, y otros cientos de igual tenor, de mayor o menor importancia, pero con el elemento común del menosprecio a propios y extraños que clamen por el respeto a la Constitución Nacional, los derechos humanos, o se abstengan de loar al gobierno de la Venezuela actual,

El deterioro se ha hecho recurrente y demasiado visible como para considerarlo simple casualidad. Ante tal riesgo sobre esa significativa fracción de nuestro acervo del pasado, resulta urgente la aplicación de medidas por parte del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, como la pronta incorporación a sus proyectos de los museos de “La decencia venezolana que sometió a la barbarie criolla”.

A los venezolanos más jóvenes, así como a las generaciones por venir, les hace falta contrastar la decadencia actual del trato oficial con otras formas superiores que están siendo desechadas arbitrariamente, y sustituidas por algo peor. Ellos tienen el derecho de aprender de nuevo sobre las extraordinarias cualidades que modelaron al venezolano común durante muchos años del siglo XX, con la popularización de la enseñanza lejos del adoctrinamiento político, y orientada por los valores contemporáneos de la humanidad.

Venezuela nunca fue un territorio convertido en patio de bolas hasta sus límites, donde el calor de un boche clavado o de un arrime que terminara casado con el mingo, según la intemperancia del jugador, solieran dar pie a palabrotas que, por lo general, carecían de trascendencia porque se trataba de una mayoría de hombres quienes participaban de ese juego, generalmente aliñado con bebidas alcohólicas que facilitaban los excesos verbales además.

Por mucho tiempo, entre nosotros, cada cosa estuvo en su lugar: los patios de bolas, en los sitios para practicar la especialidad; la escuela dedicada a la enseñanza; las instituciones de gobierno encargadas de ofrecer soluciones a la población mediante una sana administración de impuestos y demás bienes públicos, y los otros poderes eran garantes del fiel cumplimiento de la Constitución Nacional y del marco legal complementario.
https://twitter.com/jodofeal

3 comentarios:

  1. Mi estimado Josué:
    No creo que el irrespecto sea un problema nuevo en Venezuela, ni que en la era pre-Chávez éramos una ejemplo de institucionalidad. Tienes razón al apuntar que hoy vemos un deterioro brutal de la convivencia, deterioro promovido desde la punta de la pirámide del poder.Pero no podemos idealizar el pasado.
    Un abrazo,
    Isaac

    ResponderEliminar
  2. A los venezolanos más jóvenes, así como a las generaciones por venir, les hace falta contrastar la decadencia actual del trato oficial con otras formas superiores que están siendo desechadas arbitrariamente, y sustituidas por algo peor. Ellos tienen el derecho de aprender de nuevo sobre las extraordinarias cualidades que modelaron al venezolano común durante muchos años del siglo XX, con la popularización de la enseñanza lejos del adoctrinamiento político, y orientada por los valores contemporáneos de la humanidad.

    ResponderEliminar