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4 de septiembre de 2010

DOMINGO 7: BOLIVARIANISMO 3 D DOMINGO 7 / Sin ley ni esperanzas



Por Josué Domingo Fernández A.
fernandez.josue@gmail.com
http://www.enfoques365.net/C2S426-josue-fernandez.html



Finalmente, a falta de definiciones locales contundentes, llegó el precepto del influyente Fidel Castro sobre la exactitud de significados de Socialismo y Comunismo. A mediados de agosto pasado, habría quedado más clara la machacada declaración oficial venezolana del avance de la gestión gubernamental actual hacia el Socialismo del Siglo XXI, que equivaldría entonces al Comunismo, pero de una nueva data, aunque el modelo cubano ya no le sirva ni a ellos mismos, según se supo a mediados de la semana que termina, en declaraciones atribuidas al mismo gran jefe en situación de retiro.

No obstante, como tal analogía se venía negando y ocultando desde las fuentes oficiales para agradar a los cándidos, ahora se podría enmendar argumentando que, en realidad, lo que siempre estuvo planteado fue el “Bolivarianismo 3D”, o de tercera dimensión, al alimón con la repotenciada tecnología que irrumpe en cines, televisores, y gráficas, en todo el mundo, como gran avance innovador, superando así la etiqueta del siglo XXI que ya perdió su primera década, con poca gloria además.

Al “Bolivarianismo” de la primera dimensión le correspondería además la época de la epopeya original del emancipador de cinco naciones suramericanas hasta su muerte y sepultura en Santa Marta, Colombia; la segunda dimensión abarcaría la del fervor despertado por el traslado de sus restos a Caracas en 1842, y al Panteón Nacional el 28 de Noviembre de 1876, cuando se sellaron en un sarcófago de madera con revestimientos de plata y oro, realizado en estilo neogótico por el artista francés Emile Jacquin.

La tercera dimensión, la de ahora, que ha tenido momento culminante con una pasmosa apertura de su viejo sarcófago, y el de sus hermanas, para comprobar filiaciones, genes, y hasta causas de la muerte, lo cual no era tema de ninguna discusión sensata, y, ya fue dicho por otros, como sacado del guión de la serie estadounidense “Cold Case”.

Sin embargo, el argumento ya dicho de “Bolivarianismo 3D acrecentaría el riesgo de que, a finales de este siglo XXI, algunas generaciones de venezolanos teman acordarse de lo que representó en la práctica esa referencia que se gastaría en vano para rebautizar despachos oficiales de cualquier materia y rango, indiscriminadas avanzadas populistas, como aditamento de la denominación del país, y también para apuntalar al partido oficialista original, porque así se derivaría de los dogmas más profundos que les sustentaban, sin contar las pandillas que se harían impunes tras el nombre de “Círculos Bolivarianos”.

Todo lo anterior, seriamente asentado, después de un trance vivido por un grupo de militares fundadores del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), especie de logia secreta la cual se inició con un juramento, por supuesto citado bolivariano, bajo la sombra del Samán de Güere, donde se cree que acampó el mismo libertador Simón Bolívar y sus tropas, en la región central. El estreno público de la logia fue grabado en el fallido golpe de estado militar contra la democracia venezolana el 4 de febrero de 1992, y el posterior apoyo a la siguiente asonada del 27 de noviembre. En el primer suceso la cifra oficial de muertos fue de 14 personas. La cifra extraoficial de 50 y más de 100 heridos. En el segundo hecho se dice que cayeron 141 civiles y 29 militares.

Por contraste, en tiempos paralelos, con sentido incomparable de adoración al también llamado “Padre de la Patria”, el autor del trabajo mostrado arriba, Pedro Antonio Ratia Flores, nacido en Calabozo, Guárico, conjeturalmente en 1922, ya hacía invocaciones de esa protección paternal y nutría su creencia de “A mí me protege Bolívar, y nadie por eso me hace daño”, como sale en el calendario 2004 de PDVSA, en escrito de Enrique Hernández-D’Jesús.

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Opinión

Dom, 12 de Septiembre 2010, 07:25:05

DOMINGO 7 / Sin ley ni esperanzas

Hasta ahora, el mayor énfasis puesto en los postes de luz de cualquier calle -lo que más se ve-, es en la presentación de candidatos por nombres, por fotos, por procedencia, y por cierto, en referencia a películas de vaqueros como la titulada arriba./ JOSUÉ DOMINGO FERNÁNDEZ A.



Por Josué Domingo Fernández A.

La ocasión de las votaciones para sortear miembros de la Asamblea Nacional del período 2011-2016, ha sido tibia en conjunto para fraguar compromisos sólidos contra lo que más afecta a los venezolanos como es la dificultad de despertar a diario sin intranquilidades, en fraternidad con los otros, en primer lugar; y donde el derrotero de futuro se pudiera al menos divisar en el progreso de las generaciones que nos abrazan hacia arriba y abajo. Sería mucho pedir, con la protección imperativa de la justicia, con accesos dignos a la educación, la alimentación, salud y vivienda, sin demagógicas “cédulas del buen vivir” devenidas en apurado anuncio electorero oficial.

Hasta ahora, el mayor énfasis puesto en los postes de luz de cualquier calle -lo que más se ve-, es en la presentación de candidatos por nombres, por fotos, por procedencia, y por cierto, en referencia a películas de vaqueros como la titulada arriba, se recuerda que en sus escenas se colocaban carteles con la cara de alguien porque la ley los buscaba por sus fechorías, y pocos gustaban de esa mala propaganda. Pero más que actores de afiches, aquí urgen servidores públicos capaces de revertir ese título cinematográfico destacado en la gráfica.

Las reediciones temáticas del llamado a votar se aprecian con mayor profusión en las fotos del Presidente de la República, quien así se estaría lanzando tácitamente como candidato a la Asamblea Nacional, de forma ilegal; otras, para reconocer a los que ahora sí son de la izquierda veraz pero expulsada del PSUV que desvió el rumbo; de los militares buenos y que añorarían a Pérez Jiménez sin llegar a decirlo; y los de la “MUD”, que son blanco de ataques de los ya mencionados, y de los propios que no están en sus planchas por lista ni como candidatos individuales, porque no tenían con qué o por escasez de primarias. Varios independientes van por su cuenta.

Con innegable descontento por la prioridad dada a la lucha de cuotas, por encima de la consecución de metas comunes, que en cierto modo conecta sin distingos a protagonistas del drama político –viejos y nuevos-, pero como colaboracionistas en algún grado contra el mayor interés de la población ya expresado en el primer párrafo; aún así, el domingo 26 de septiembre acompañaremos a votar a quienes desean reafirmar la vía democrática y apuntalar la pluralidad representativa de las distintas tendencias inscritas en la contienda, con la convicción de que los venezolanos no seremos menos para retomar un puesto relevante entre las grandes naciones de progreso.

Es la ocasión de votar contra todo autoritarismo, para defendernos de atajos amanecidos, de donde vengan, porque, incluso en el imperio aborrecido oficialmente, también paraíso de “pitiyanquis”, que en su época sirvió de escenario a las ya aludidas películas de vaqueros, con esfuerzo sostenido impusieron la ley y siguen esparciendo esperanzas entre los suyos y ajenos, en contraste con la supresión de libertades de quienes se dicen sus adversarios en edenes comunistas reales o aspiracionales.

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